REFLEXIONES

Del surfista a Abigail

lunes, 30 de noviembre de 2020 · 09:45

Ilustración: Juan Pablo Dellacha

 

La noticia se convirtió en ensañamiento. El joven, con su tabla de surf en el auto, regresaba a su casa, en la provincia de Buenos Aires, cuando una buena parte de la prensa argentina se convenció de que él era la síntesis de todo lo que estaba mal. La cuarentena en Argentina recién estaba dando sus primeros pasos y el discurso público asomaba como homogéneo. Aquellos que violaban el aislamiento social obligatorio podían ser objeto de todo tipo de escraches públicos, sin que la enorme mayoría de los espectadores se sonrojara ante semejante escarnio.

Acaso la idea era sacrificar a aquel joven surfista en nombre de la salud y de la vida. Mostrar en él un ejemplo de lo que ya no se toleraba en tiempo de miedos y de confinamientos veloces. De predicar con aquellas imágenes que la cuarentena era obligatorio y necesaria.

Un discurso que ahora, ocho meses después, suena alejado, cansador y nos obliga a reflexionar.

Ya lo dijimos al comienzo de este trabajo y lo reiteramos ahora. ¿Quién controla a quienes nos controlan?, es una reflexión periodística a cielo abierto, en la intemperie de lo que aún no ha terminado, en medio de este viaje a lo desconocido que la humanidad emprendió en este 2020, con la idea de llamar la atención. 

No se trata de cuestionar la cuarentena ni de caer en el falso dilema de la vida, la salud, o la economía. Sino de repensar, aún en caliente, en la urgencia de la vida cotidiana, que “nueva normalidad” hemos ido forjando en estos meses. Qué discursos hicieron mella en el amplio abanico social y cuáles han sido sus consecuencias.

El señalamiento, el escrache, la necesidad de buscar culpables, el perverso juego de definir las acciones entre la vida o la muerte, llevó a que el control empoderara a los que detentan el poder. El Presidente y los gobernadores tuvieron como nunca antes un control casi absoluto sobre las libertades más esenciales de las personas. Un control que la ciudadanía les delegó, en su mayor parte, pero que también supuso una tentación y una trampa.

Es difícil en la pisquis de cualquier gobernante poder bajarse a tiempo de semejante poder, uno que la gran mayoría de ellos nunca imaginó poder detentar. 

A través de sus brazos armados, las Policías de cada jurisdicción, los que mandan diseñaron sus estrategias de confinamiento. Una política restrictiva que a poco de comenzar ya dejó al descubierto sus hilachas de absurdo.

Córdoba, San Luis, Formosa, Tucumán y Santiago del Estero han sido algunos de los muy variados ejemplos de esta perversión del poder en tiempos de control absoluto.

¿Cómo deconstruir semejante engranaje levantado de manera veloz y ante un coro que en un primer momento lo reclamo como válido?

En agosto, la falta de sentido común y empatía impidió a una joven abrasada por un cáncer incurable, Solange, poder darle el último beso a su papá, a quien no dejaron ingresar en Córdoba. 

En noviembre, otro papá debió cargar en brazos a su pequeña hija Abigail para cruzar a pie el límite entre Tucumán y Santiago del Estero. 

Como nunca antes, en el país se alzaron las fronteras de la estupidez en nombre de la salud y de la vida. 

En Formosa, donde se apiñan en las afueras mendigando un poco de compasión a un gobernador perpetuo que les niega el ingreso, otro joven, Mauro Rubén Ledesma (23), murió ahogado en su intento desesperado de volver a casa. 

En Tucumán y San Luis, como varias provincias más del país, los gobernadores jugaron a la monarquía.

Córdoba, San Luis, Formosa, Tucumán y Santiago del Estero dejaron al descubierto, en estas miserias que llegaron a los ojos de todo el país, sus dramas institucionales más profundos. Niveles de pobreza de vergüenza, hospitales maquillados a las apuradas, una deserción escolar ocultada y una falta de idea para generar empleo genuino, en un combo que desnuda otras incapacidades. Ninguna de estas noticias nació de un repollo cultivado en la cuarentena. Fueron producto de años de una democracia resquebrajada, corrompida, dañada en el perverso juego del toma y daca del poder. 

 

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