INVESTIGACIÓN

Invisibilizada y estigmatizada, así vivió la población juvenil de Córdoba en pandemia

Un equipo de la Facultad de Ciencias Sociales de la UNC analizó el impacto del aislamiento y la vuelta a la presencialidad entre jóvenes de 14 a 22 años. Surgieron dificultades para encontrar espacios de contención, sobrecarga doméstica en las adolescentes. Por Lorena Retegui
lunes, 4 de abril de 2022 · 13:00

Lejos de ser el sector “desinteresado” por la crisis sanitaria, valoraron la vacunación y el contacto cara a cara con docentes.

Ser joven en Argentina es pertenecer a un sector altamente estigmatizado, con una integración precaria e inestable al mercado laboral. La crisis sanitaria por Covid-19 agudizó ese escenario estructural, pero también expuso otras dificultades en torno a accesos y derechos, que hicieron que esa población fuese la más invisibilizada en tiempos de pandemia. Durante el periodo de aislamiento estricto se vieron resentidos sus espacios de participación social y comunitaria, desde donde tejen gran parte de sus vínculos con pares, y afectada su salud psíquico emocional, especialmente entre las adolescentes, producto de la sobrecarga doméstica y los estereotipos de género. A contramano del imaginario social con la figura del joven “vago”, “anti-vacunas” y devoto de las pantallas, el estudio muestra que valorizaron más la presencialidad en el aula que la educación virtual y que completaron su esquema de vacunación en los inicios de la campaña.

Esos datos trazan, en parte, una radiografía de las juventudes de Córdoba. Son resultado de un meticuloso trabajo de investigación de investigadores e investigadoras de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC). A través de una encuesta accedieron a 1.100 jóvenes de 14 y 22 años, en dos tramos: un primer relevamiento en mayo 2020, con el aislamiento obligatorio por la irrupción de Covid-19, y una segunda etapa en los últimos meses del 2021, ya con menos restricciones sanitarias.

El estudio -que coordinó la docente e investigadora Patricia Acevedo- indagó sobre las condiciones de vida de la población juvenil cordobesa, principalmente sobre las situaciones laborales, educativas y familiares y las percepciones y estados de ánimos de los y las jóvenes que residen en la ciudad de Córdoba y Gran Córdoba y pertenecen a diferentes estratos sociales. La primera encuesta, realizada en 2020, fue contestada por 600 jóvenes.

En una segunda instancia, se alcanzó a una población de 500 personas, durante los meses de octubre, noviembre y diciembre de 2021. Si bien esta fase sigue en etapa de análisis e interpretación de datos, sus autores y autoras charlaron con Redacción Mayo y adelantaron algunos resultados y escenarios destacados que ponen en la superficie el rasgo de adultocentrismo que primó en las políticas públicas en estos dos años de pandemia.

 

Interrupciones

Ante la pregunta “¿qué sucedió con tu trabajo una vez iniciada la cuarentena?”, dentro del universo de jóvenes que trabajan, el ?64,2% afirma que no pudo continuar trabajando y que no está percibiendo los mismos ingresos que antes, lo cual muestra un grupo especialmente vulnerable a los efectos de la cuarentena. A su vez, en función del tipo de trabajo, dentro de quienes tenían un trabajo no registrado el porcentaje de “nuevos desempleados” es del 69% mientras que ese número en el trabajo registrado (que incluye monotributistas y asalariados) es del 29,2%. Sólo un 8% manifestó haber podido adecuar su actividad a la modalidad del trabajo “en casa”.

?Estos datos revelan que para la mayoría de los y las jóvenes la situación de aislamiento interrumpió sus trayectorias laborales, probablemente porque muchas de ellas se realizaban de manera informal, inestable o esporádica y sin resguardo de la protección formal de sus derechos. “Las condiciones de inserción que tiene en general los jóvenes están vinculadas con la precariedad e incertidumbre laboral. Esas son condiciones estructurales en nuestro país y Córdoba no es la excepción”, sostiene Luis Arévalo, integrante del Equipo de Investigación de Juventudes, desde donde se llevó adelante el estudio.

Más preocupante es la ausencia de políticas para contenerlos. Al inicio de la pandemia, el gobierno de Córdoba anunció la suspensión de los programas específicos de empleo y capacitación para jóvenes. Pero también se interrumpieron los vínculos con los centros de actividades juveniles de la provincia (CAJ), que no presentaron propuestas virtuales, a pesar de que el 74% de los encuestados manifestó realizar alguna actividad recreativa, deportiva o cultural antes de la pandemia.

Desde el aislamiento obligatorio la dimensión de acceso a la tecnología pasó a condicionar de manera casi absoluta el acceso a otros derechos básicos como la educación, el trabajo y la participación, dice el informe de la UNC. Y los datos dan muestra de ello: más del 40% de jóvenes se ha encontrado con adversidades para sobrellevar el cursado en contextos de virtualidad?. En este sentido, al indagar sobre las posibilidades de buscar ayuda, el 33% mencionó que solicitaron ayuda a amigos, el 26,8% las resolvieron por su cuenta sin pedir ayuda, y un 18,8% pidió colaboración a algún adulto de la casa. Finalmente, un 12,6% de los jóvenes pidió ayuda a alguien vinculado a la institución educativa en la que cursaba, y un 8,8% no pidió ayuda y no pudo resolverlo. Es decir, “llama la atención que las redes de contención y resolución de actividades escolares no provienen mayormente del mundo adulto, sino de los vínculos con sus pares”, sostiene Acevedo.

Según el estudio, los estados de ánimo predominantes son el aburrimiento (61,7%), el cansancio (53,6%) y, por último, la ansiedad (43,3%). Al comparar las emociones por género, podemos ver que las mujeres sobrepasan los datos en relación a los varones. ?Las mujeres jóvenes se reconocen más cansadas y ansiosas que los varones, y esta diferencia se debe principalmente a la división de género y a las tareas domésticas que al interior de las familias reproducen estereotipos (lo femenino y lo masculino): la realización de compras por ejemplo es realizada por el 28% de las jóvenes y por el 18% de los varones, mientras que en la limpieza este valor asciende a un 45% de jóvenes mujeres y un 27,9% de varones. En cambio, en las tareas vinculadas a mantenimiento de patios o jardines los varones aparecen en un 37,3% realizando estas actividades contra un 15,3% de las mujeres. “Estos datos son una constante entre la encuesta del 2020 y la del 2021. Y es una interpretación personal que hago, pero la brecha de género, que es previa a la pandemia, lleva a que a las mujeres nos cueste más transgredir y pasar del espacio privado al público”, sintetiza Acevedo.

 

Datos vs sentido común

El informe introduce una temática que desde el equipo de investigación trabajan desde hace años: los estigmas y las imágenes sobre la juventud que forman parte de los imaginarios sociales. En el espacio público y los medios masivos de comunicación los y las jóvenes son nombrados por otros, aparecen en las voces de docentes que se quejan de que no entregan tareas y hablan de “desinterés”, en las voces de padres y madres que sienten la sobrecarga de acompañarlos en las tareas, o en noticias como víctimas del abuso policial por haber “violado la cuarentena”.

Sin embargo, la gran mayoría reconoció preferir la cursada presencial (sea a nivel secundario, terciario o universitario) para contar con la explicación “cara a cara” de sus docentes. “Esto pone en cuestión seriamente algunos dichos del sentido común en relación a que les jóvenes preferirían la virtualidad, porque es más cómodo, menos exigente, u otras explicaciones ligadas al desinterés por la educación en general y a la presencialidad en particular”, señala el estudio. Es probable que estas respuestas tengan como origen las dificultades para dar continuidad a sus estudios, como se mencionó previamente.

Por otro lado, algunos imaginarios sociales que circularon durante la pandemia asocian a los jóvenes con sectores reacios a la colocación de la vacuna. Sin embargo, los datos obtenidos por el estudio muestran que la población juvenil en su mayoría contaba con un alto esquema de vacunación completada, dado que cerca del 75% tenía dos dosis y un 17% una dosis aplicada. La proporción de jóvenes “antivacuna” es reducida: sólo un 3,7% afirma no querer vacunarse porque no cree o no confía en la vacuna como respuesta a la pandemia. 

El dato es más significativo si se tiene en cuenta que la inmunización sobre todo para los menores de edad (sin factores de riesgo) se implementó recién en el segundo semestre del 2021 y se llevaban adelante en vacunatorios céntricos que implicaban traslado, tiempos de espera, entre otras dificultades. No fue hasta octubre del 2021 que las vacunas llegaron (pero en escasas dosis) a los barrios periféricos.

El informe del impacto durante la cuarentena señala que en pocos casos se instrumentaron políticas específicas para acompañarlos: en el caso del Gobierno Nacional se desarrolló una plataforma virtual orientada a la contención de esa población. En el caso del Gobierno Provincial no se desarrolló ninguna estrategia, a pesar de contar con una Agencia Específica destinada al sector. De ello, surgen las percepciones de los jóvenes que consideran que las medidas políticas hacia este segmento poblacional han sido “pocas” (37,5%) o incluso “nulas” (27,6%), lo que comprende a más del 65% de les encuestados.

En sintonía con esos datos, más de la mitad de la población consultada considera que sus intereses no se tuvieron en cuenta a la hora de diseñar e instrumentar ciertas medidas políticas. Algo más de un cuarto de los jóvenes pudo valorar que en algunos casos sus intereses específicos fueron tenidos en cuenta en las medidas adoptadas.

“Lo que nos parece más interesante y debiera ser tomado desde los ámbitos gubernamentales, pero también desde las organizaciones sociales, porque hay muchas acciones que se pueden hacer desde los territorios, es co-construir esas acciones, pensarlas con los jóvenes, sino repetimos esta fórmula de no consultar a les jóvenes. Por ejemplo, es llamativo que los centros de estudiante estuvieron ausentes, se podría haber convocado no solo desde el Ministerio de Educación, sino desde las escuelas y eso no ocurrió”, sostuvo Susana Andrada, integrante del Equipo de Investigación de Juventudes. “Estamos a tiempo de hacerlo porque ahora hay que construir un camino nuevo”, agregó la investigadora.

Aquí se puede descargar el informe completo que analiza la encuesta realizada en 2020 y complementa con testimonios de jóvenes, tanto de la ciudad de Córdoba como sus alrededores.

 

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