LA COYUNTURA POLÍTICA, CON PERSPECTIVA HISTÓRICA

Conversando sobre grietas, élites, influencers, coaliciones y tortas

Un historiador, Francisco Reyes, y un politólogo, Federico Zapata, aceptaron el reto de analizar la coyuntura previa a la elección de medio término desde una mirada superadora. Entrevista por Marcelo Franco
domingo, 10 de octubre de 2021 · 19:27

Un historiador, Francisco Reyes, y un politólogo, Federico Zapata, aceptaron el reto de analizar la coyuntura previa a la elección de medio término desde una perspectiva histórica y superadora. Entrevista por Marcelo Franco

 

Francisco Reyes es licenciado en Historia por la Universidad del Litoral, donde actualmente ejerce la docencia, doctor en Ciencia Política por la Universidad Nacional de Rosario e investigador del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Federico Zapata es politólogo por la Universidad Católica de Córdoba y doctorando en Estudios Internacionales por la Universidad Torcuato Di Tella, además de dirigir ESCENARIOS, agencia de comunicación y asuntos públicos. En conversación con Redacción Mayo ambos ofrecen sus interpretaciones sobre el proceso político argentino de cara a las próximas elecciones de medio término, pero alejados de ruidos y roscas de coyuntura. 

 

- “La grieta” política persiste como telón de fondo o causa motora, según distintas interpretaciones, del estancamiento económico y sus consecuencias sociales. Ustedes, como investigadores o analistas, ¿consideran válida esa metáfora? ¿Lo que explica el presente de nuestro país es un conflicto de facciones o un conflicto de clases?

Francisco Reyes: Si pensamos en el ciclo histórico que va del 2001 para acá, uno puede ver que, efectivamente, hay una conflictividad de clases y dos modelos económicos que no concuerdan en términos de apropiación o distribución de la renta. Ahora bien, la metáfora de “la grieta” tiene, sobre todo, circulación en el debate público o mediático. En términos más conceptuales, pensando desde las ciencias sociales, se podría hablar de un contexto de polarización política, dos polos que giran en torno al binomio peronismo/antiperonismo -o kirchnerismo/antikirchnerismo-, pero que no agotan el conjunto de tensiones que atraviesa sociopolíticamente la Argentina.

A su vez, se puede pensar “la grieta” desde un antecedente histórico: Joaquín B. González, un intelectual liberal, escribió en 1910 un libro que se llama “El juicio del siglo”, donde analiza, a partir del centenario de la Revolución de Mayo, todo el siglo XIX rioplatense. Allí plantea que había existido, durante todo ese recorrido político, lo que llamó “la ley de la discordia”. Su conclusión fue que resulta muy difícil transitar los conflictos políticos de forma regular mediante las instituciones representativas liberales.

Federico Zapata: En coincidencia con esa perspectiva histórica que plantea Francisco, pero remitiéndonos al siglo XX, agregaría que otro antecedente para esta polarización se puede encontrar en lo que Juan Carlos Portantiero llamó “el empate hegemónico”. En su época, la discusión estaba anclada en un modelo industrial que todavía funcionaba a pleno y habilitaba, en consecuencia, un conflicto distributivo ofensivo. La posibilidad de traer esos conceptos a la actualidad se da en otro contexto, que es básicamente un conflicto distributivo defensivo, es decir, sobre los costos de un modelo que no funciona.

En este marco actual, la metáfora de “la grieta” tiende a reflejar cómo la política se organiza hoy en torno a un conflicto simbólico ante la incapacidad para resolver un conflicto estructural. La grieta, en definitiva, está desnudando cierta impotencia de la élite política nacional para devolverle al país un modelo de desarrollo. Por eso, quizás, de un lado y del otro prefieren hablar de batallas culturales y no ir al fondo de la cuestión, que es la economía.

 

- ¿Eso lleva a pensar a la “corporación” política como una élite profesionalizada que sólo gestiona en beneficio propio?

Federico Zapata: Digamos que el concepto de corporación tiende a usarse en un sentido peyorativo, en función a una élite política que, como bien marca Francisco, de 2001 a esta parte, ha tendido a configurar una serie de patrones diferenciales. Por un lado, es una élite que se ha recostado sobre el territorio: El territorio le ha ganado la batalla a las ideas. Por otro lado, la importancia electoral y mediática del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) hace que esa élite haya perdido dimensión nacional y, ni que hablar, federal. La política se ha vuelto muy táctica, perdiendo la dimensión estratégica.

Las dinámicas de la élite política argentina van en contra de la solución del problema estructural que afronta hoy el país. La resolución de este conflicto de fondo va a requerir, necesariamente, un reseteo de esa élite, por lo menos desde el punto de vista conceptual. Me refiero a un reseteo de sus marcos cognitivos, que le permita dejar atrás esas tres barreras: superar la territorialidad, es decir, volver a construir un puente con las ideas; abandonar el sesgo táctico, para recuperar una visión estratégica; y, sobre todo, volver a pensar el país.

 

- Van surgiendo nombres como los de González o Portantiero, intelectuales o consejeros que soñaron proyectos, acompañaron candidaturas e, incluso, integraron administraciones. Parecería que hoy ese lugar está siendo ocupado por publicistas o influencers… 

Federico Zapata: Eso tiene que ver con fenómenos muy propios de la emergencia de la comunicación digital y la virtual. Son intentos de la política de, más que nutrirse de ideas, nutrirse de algunos marcos de legitimidad, sobre todo en sectores donde empieza a tener serios problemas. Me refiero, básicamente, a los jóvenes. Pensemos que el país lleva 10 años de una situación económica de deterioro, por lo cual estos jóvenes son muy diferentes a los jóvenes del regreso a la democracia o a los jóvenes que transitaron la recuperación de 2003. Los actuales son jóvenes, de la política, sólo han conocido de la política su incapacidad para resolver problemas estructurales, para generar crecimiento económico. Sienten cierto desánimo hacia la política, en primer término, y hacia el país, en segundo término. Esto es algo que la pandemia acentuó. Sin ir más lejos, el enfoque político de la pandemia estuvo muy pensado para los grupos etarios de mayor edad. Los jóvenes quedaron recluidos. Ahí es donde hoy la política tiene un conflicto muy grande. Una forma de intentar reconstruir puentes de diálogo con ese sector es la utilización de estos influencers, que son fenómenos de liderazgo en redes sociales, pero no de ideas. No creo que nadie en la política vaya a buscar ideas ahí, pero sí están buscando cómo reconstruir un puente de diálogo con esas generaciones que están tan desafectadas de la política.

Francisco Reyes: Tiendo a pensar que las redes sociales no son un indicador fehaciente de los humores sociales, o de tendencias más profundas, pero al mismo tiempo son un indicador que tenemos muy a mano. Es muy común, por ejemplo, cuando se presentan en estos días fotos de las candidaturas, que en general se trate de fotos de varones de 40 o 50 años para arriba. ¿Dónde están las mujeres, dónde están los jóvenes? En definitiva, ¿dónde está la paridad? Las fuerzas políticas comienzan a identificar ese déficit y, de alguna manera, intentan cubrirlo.

Volviendo a lo que decíamos de 2001, como un llamado de atención sobre la clase política que rápidamente pudo reconstruirse con nuevas coaliciones y demostrando que los partidos políticos, el Frente para la Victoria intentó hacer de la juventud un estandarte. Los jóvenes, después del descreimiento, después de la crisis de la representación política con la gran crisis del 2001, volvían a participar de la escena política. Eso no deja de ser parte de cierta propaganda política y de cierta necesidad de reconstrucción de las fuerzas políticas en Argentina, incluyendo al PRO, la Unión Cívica Radical, el Partido Socialista y la izquierda. Las mujeres o los jóvenes han empezado a aparecer, ya sea por virtudes propias o porque se considera importante que conste esa presencia.

Ahora bien, estamos muy sobre ese proceso como para ver si se verá reflejado en la composición de las cámaras. Tal vez en 5 años o en 10 años podamos ver un cambio en términos generacionales. Los partidos políticos tomaron nota sobre eso. No sé si necesariamente se va a ver reflejado en el corto plazo.

 

-¿Las coaliciones han llegado como modelo para quedarse, no volveremos a una instancia de partidos o movimientos?

Federico Zapata: Sin duda vivimos en una época de coaliciones. El bipartidismo argentino tuvo su Big Bang en el 2001. Eso generó dos grandes familias “coalicionales”, que son el kirchnerismo y el macrismo. El radicalismo hizo varios experimentos y se terminó plegando a la coalición de Juntos por el Cambios. El peronismo, que logró emerger del 2001 como una cierta estructura partidaria federal, tuvo como su último exponente a Néstor Kirchner. Después de eso, y sobre todo después del 2015, empezó a comportarse parecido a Juntos por el Cambio, en el sentido de que ahora se presenta como una “coalición de peronismos”, donde confluyen distintas líneas. Si esto llegó para quedarse o no, lo desconozco. Sí se puede decir que es una fórmula que, sobre todo del 2008 a esta parte, ha logrado abordar exitosamente procesos electorales, pero que todavía no encuentra una forma satisfactoria de relacionarse con la gestión política. La democracia “coalicional” todavía tiene una deuda con la faceta gubernamental.

Francisco Reyes: Lo que es cierto es que las coaliciones son la forma en que, en Argentina, el sistema de partidos se adaptó a que ya no exista una única fuerza, estructurada, capaz de garantizar un piso electoral en términos de representación política. Y que cada dos años tienden que buscarse algún otro sector. Sin ir más lejos, pensemos en Sergio Massa, quien terminó formando parte del Frente de Todos, algo virtualmente imposible hace dos años. Buena parte de las fuerzas que hoy están en Juntos por el Cambio habían tentado la posibilidad de un frente de centroizquierda cuando Hermes Binner terminó siendo candidato en 2011 por el Frente Amplio Progresista. Aunque los aspectos ideológicos juegan todavía algún papel, es evidente que son otras alquimias las que permiten explicar a las coaliciones y su enorme capacidad de adaptación en los intentos de supervivencia de las fuerzas políticas.

 

- Si el péndulo izquierda/derecha resulta insuficiente, o el menos inadecuado, para la interpretación de este presente, ¿el eje se debería instalar en la política económica? ¿La discusión es entre los dicen “primero hay que crecer” versus los que dicen “distribuir es la solución”?

Federico Zapata: Hay una discusión que tiene cierta raíz histórica en relación con la conformación de coaliciones de crecimiento y coaliciones distributivas. Me parece que, en el caso de Argentina, muy fuertemente a partir de 1975 en adelante, pero sobre todo después de 2008, lo que hay es una situación en la que si no resolvemos cómo transitar hacia un modelo diferente -y que ese modelo permita compatibilizar el problema del crecimiento y la distribución- estamos (y seguiremos estando) metidos en discusiones trabadas. No va a alcanzar que una coalición se pare sobre el crecimiento para ordenar el problema de acumulación, porque no es un problema declamativo. Tampoco va a alcanzar que una coalición se pare sobre el problema distributivo y haga verborragia, porque tampoco le va a alcanzar para ordenar el problema.

Tanto una resolución como la otra, como lo muestra la experiencia de Mauricio Macri, como también lo muestra la experiencia actual de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner, es que no logran reconstituir un patrón de acumulación sostenible en el tiempo, y anclarlo en una caracterización precisa de la época tanto del sistema nacional como internacional. La necesidad de reconstruir un sistema de acumulación necesariamente va a implicar que el país crezca, pero que también encuentre una forma de poner en valor la fuerza de trabajo.

Francisco Reyes: En términos históricos está bastante comprobado que es difícil repartir algo que no existe o, al menos, que no crece. Por supuesto, esa posibilidad tiene que coincidir con gobiernos que consideren, por convicciones reales o por cálculo electoral, que hay que repartir esa torta. La discusión tiene que darse en paralelo -cómo se crece y, mientras tanto, cómo se reparte-, sobre todo cuando la mitad de la población del país que discute está afuera de la economía.

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