RÍO TERCERO, CÓRDOBA

La reconstrucción cooperativa después de las explosiones

Roberto Aliciardi, gerente de la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos Limitada de Río Tercero, analiza el rol clave que cumplió el cooperativismo para garantizar los servicios en medio del caos. Por Florencia Sosa
rio-tercero RM
Florencia Sosa 28-08-2022
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En la mañana del 3 de noviembre de 1995, en la ciudad de Río Tercero explotó la planta de Fabricaciones Militares. Fueron tres detonaciones con apenas minutos de diferencia, y dejaron un saldo de siete muertos y 300 personas heridas. Una importante parte de la ciudad resultó destruida; los barrios de Escuela, Las Violetas, Libertador y Cerino quedaron en zona roja con viviendas destrozadas y sin servicios básicos.

Presidía el país Carlos Saul Menem, quien viajó a la ciudad cordobesa donde dio una conferencia de prensa en la que aseguró que se trataba de un accidente, y no de un atentado. Aquella versión oficial nunca coincidió con la de los riotercerenses, que en la reconstrucción de los hechos señalaron que personas no identificadas habían ingresado a la planta la noche anterior a la tragedia. Tanto el director como el subdirector de la fábrica no se encontraban ese día en la planta debido a un viaje a Buenos Aires.

A raíz de las investigaciones, salió a la luz que las explosiones habían sido planificadas por el Ejecutivo con el objetivo de encubrir el contrabando de armas de Argentina a Ecuador y Croacia, realizado entre 1991 y 1995. La investigación duró dos décadas, incluyó varios cambios de jueces, acusados y procesados, y recién en 2013 Menem fue condenado a siete años de prisión, una sentencia que nunca quedó firme porque dio lugar a una seguidilla de apelaciones que se extendieron hasta su muerte, ocurrida en 2021. 

Como consecuencia de las explosiones, la ciudad de Río Tercero quedó convertida en un caos. Para ponerla nuevamente de pie, fue clave el accionar colectivo. Redacción Mayo conversó con el ingeniero Roberto Aliciardi, gerente de la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos Limitada de Río Tercero acerca de cómo el cooperativismo logró garantizar los servicios en medio de la emergencia y coloboró en la reconstrucción de la ciudad.

-¿Qué pensaste cuando escuchaste las explosiones?

-En un primer momento, no sabíamos qué era lo que estaba pasando. Sí, los que vivíamos ahí teníamos en claro que en la localidad se producía armas y que la producción de armas implica tener depósito y en los depósitos hay pólvora, entonces podía suceder. Después, los trabajadores de allí nos dijeron que estaba explotando la planta de cargas.

-¿Qué medidas tomaron desde la Cooperativa al conocer sobre las explosiones?

-En el momento en que se producen las explosiones, la Cooperativa proveía (tenía y tiene) los servicios de energía, agua y gas natural. En la emergencia, lo trabajamos todo con personal propio; no pedimos ayuda, por más que la Provincia ofreció ayudarnos en ese momento. Nosotros tenemos la infraestructura necesaria y conocemos nuestras redes. Meter gente que no era de nuestra ciudad era un riesgo, porque no entienden la idiosincracia local, ni cómo se trabaja ni dónde, y nosotros teníamos la cantidad de personal, herramientas y materiales para enfrentar esa desgracia. Teníamos claro que la prestación del servicio se tenía que restablecer de forma inmediata porque si no esa noche nuestra ciudad iba a ser una ciudad fantasma. Y en toda ciudad fantasma, ¿qué es lo se produce? Depredación, robo, anarquía. Las propiedades eran de nuestros socios, así que nosotros teníamos que protegerlas, porque estábamos protegiendo los bienes de toda la ciudad. Sin agua, sin gas y sin energía, no podía haber vida en la ciudad.

-¿Qué fue lo primero que hicieron?

-Cuando vimos la magnitud de los daños inmediatamente tomamos la decisión de abrir todas las líneas eléctricas que teníamos en ese sector, pudimos aislar una parte de la red de agua y, por el gas, había que ir propiedad por propiedad, porque el gas tiene una llave de paso, entonces esa llave había que cortarla en el ingreso. Las explosiones por rotura de vivienda y por la cantidad de explosivos que cayeron definieron un sector que se llamó “zona roja”, una zona en donde hubo que tomar la prevención de sacar todo el servicio de energía y donde tampoco hubiera gas, porque en alguna vivienda podía haberse dejado la conexión abierta.

-¿Cuánto tiempo estuvieron trabajando para asegurar los servicios?

-Las explosiones ocurrieron a la mañana, entre las 8:30 y 9. A partir de ahí hasta las 23:30 estuvimos trabajando con todo nuestro personal. Fueron unos 10 días, porque nosotros tenemos más o menos unas 200 personas en la cooperativa y pusimos en marcha todo el aparato. Así pudimos hacer los mantenimientos y dejar el servicio en la zona en la que sí se pudiera prestar, para que la gente no se fuera de la ciudad. Lo que hacía la Cooperativa era retener la gente.

-¿Cuál era tu rol?

-Por entonces yo era gerente, pero como antes había sido el gerente operativo, me hice cargo de estar personalmente en la restauración de los servicios. Ese siempre ha sido el lema nuestro: no es que vos das la orden para que se ejecute, hay que estar personalmente arriba de las cosas para saber de qué estás hablando y saber qué se puede hacer y no poner en riesgo a las personas. Personalmente estuve a cargo de todo el operativo y del mantenimiento de los servicios de la cooperativa,  que no lo interrumpimos nunca, excepto en las zonas en las que se definió que era imposible prestarlos. 

-¿Cuál fue tu percepción en ese recorrido casa en casa?

-La percepción para nosotros fue de mantener viva la ciudad, porque ahí nomás empezaron los rumores de que había sido un atentado y todo lo demás. Pero nuestra visión siempre es mantener los servicios, porque es la única forma de que una ciudad exista y nosotros tenemos todos los servicios: energía, agua, cloacas, alumbrado público y gas. El único servicio que no teníamos en ese momento era la televisión, que después lo hemos tenido. Pero asegurando que hubiera energía, las radios podían alertar y decir qué hacer y los negocios podían estar abiertos para refrigerar la comida. Estábamos en un mes muy caluroso. En nuestra ciudad en esa época había 25 grados, y sí o sí necesitas refrigeración para mantener los alimentos. 

-¿Conoces a las familias de las víctimas?

-Nos conocemos porque nuestra ciudad es chica. La abogada de un profesor de la ENET (damnifiicado) trabajaba en el mismo estudio que el abogado de la cooperativa, así que nos conocemos desde siempre. Conocíamos a toda la gente que sufrió. Si vos vieras cómo quedó la parte de la Zona roja de la ciudad… era una locura. Quedó rota. La cantidad de fallecidos afortunadamente no estuvo en relación con la magnitud de los daños ocasionados en las propiedades y en los bienes, tuvimos mucha rotura de postes y caídas de línea. Sin embargo, por caída de postes, cables en el suelo, por todo eso ningún accidente tuvimos. Podía haber sido mucho mayor el desastre.

-¿Cómo impactó esta tragedia en la dinámica de la ciudad?

-Traumatizó mucha gente. Nuestra ciudad era una ciudad muy pujante y fueron muy inteligentes los que vinieron antes. Te digo por qué: ya en la década del 70 tenía cloacas, gas natural, energía. Que tuviéramos en ese momento el 100% de cloacas, cuando Argentina hoy, 50 años después tiene el 33% de cloacas en el país, te dice que era una ciudad inteligente y preparada. Y después se cayó la expansión. Ese es uno de los daños más grandes que hicieron en la ciudad. Mucha gente migró a pueblos vecinos y a otros lugares. Nosotros lo analizamos con las tasas de crecimiento de la energía eléctrica, y vemos que paró su crecimiento. Yo creo que la gente que se fue. Se fue por el sentido de abandono que sentía de las autoridades nacionales y en la Provincia, que no supieron proteger a las personas. Eso es lo que pensamos m, que cambio en la mentalidad de la gente. Quedó un cierto temor en mucha gente. Por supuesto ahora hay toda una nueva generación.

-¿Cuál fue el rol del municipio en esta tragedia?

-El municipio tenía a cargo fundamentalmente coordinar las directivas a través de las radios: qué tenía que hacer la gente, cómo estaban los hospitales. El municipio tenía claro que si había algo de servicios,  se lo tenía que pedir a la cooperativa y la cooperativa iba a resolver esas cuestiones. Los socios de la cooperativa son los socios que viven en el pueblo, así que lo que nosotros estábamos haciendo era solucionarle un problema a los socios. Por eso tenemos bien claro que en una emergencia uno tiene que estar al lado de su gente. Pero al lado en serio, no en broma como lo hicieron las autoridades políticas. 

-Con la muerte de Menem quedó cierta desesperanza, ya que muchos sienten que no se hizo justicia… 

-En ese momento vino el presidente de la Nación, vino el gobernador, pero las funciones operativas de los servicios siempre las retuvo la cooperativa, porque sabemos de qué hablamos y sabemos qué hay que hacer. En Argentina nunca van presos los presidentes corruptos. En este caso, es por corrupción nada más. Los ladrones siguen ocupando puestos importantes en Argentina y eso no tiene que tener perdón porque le roban a la gente humilde.

-En noviembre se cumplen 27 años de la tragedia. ¿Cuál es el reclamo central de hoy?

-El reclamo central que hoy estamos haciendo es una reivindicación a la ciudad, que reconozcan el daño que han hecho y el daño a la gente que tuvo que migrar y que hizo que cambiara nuestra ciudad. Ahora, por diversos motivos, han reclamado a las autoridades políticas que se construya una Universidad, porque las universidades públicas dan un crecimiento importante en cuanto a la cantidad de profesionales.

Memoria viva

Cecilia Nayip, Licenciada en Cine y TV, encargada del Departamento de Comunicación y Prensa de la Cooperativa de Obras y Servicios Públicos Limitada de Río Tercero realizó el documental "El Espacio Vacío".

Fue el trabajo final de su carrera. Indagó sobre las explosiones en la Fábrica Militar y  allí invita a vecinos y vecinas a contar sus testimonios de ese trágico día. 

“Quería poder brindarle algo a mi ciudad que formara parte del Patrimonio Cultural y que reflejara un poco la identidad de todos los que estuvimos en Río Tercero ese día. Y sobre todo, revalorizar los testimonios, la historia en primera persona", dice.

"Las generaciones posteriores a la mía no lo han vivido, pero sí conocerán la historia (a través de distintas formas de comunicación) del día más triste de nuestra ciudad. El Espacio Vacío es una pieza más de este patrimonio”, cuenta Nayip.