MARGARITA STOLBIZER

"El descreimiento no recae sólo sobre un político o un partido, hay un fracaso en la agenda social"

“Lo que busco es poder formar parte de un gobierno que pueda llegar a decir: ´Hemos mejorado la vida de la gente´”, sostuvo la presidenta de GEN. Preocupación por la precariedad institucional y el empobrecimiento de los sectores medios. Por Marcelo Franco
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24-05-2021
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Fotos Sub Cooperativa de fotógrafos

Nació en Morón, en 1955. Fue diputada nacional durante 16 años, de 1997 a 2005 y de 2009 a 2017. También, candidata a la gobernación de la Provincia de Buenos Aires en tres oportunidades y a la presidencia de la Nación en otra (2015). En conversación con Redacción MAYO, ofrece sus reflexiones y propuestas.

Si Usted tuviera que describir el cuadro de situación política-económica de la Argentina de hoy, ¿en qué asunto o asuntos le parece debería ponerse atención prioritaria?

A veces escucho a funcionarios declarar sobre sus preocupaciones por los grandes temas y me parece que la fotografía de la realidad, o por lo menos la que a mí más me conmueve -que es la de la vida cotidiana, que implica hoy andar por cualquier calle en Buenos Aires o en el Conurbano, con cantidad de negocios cerrados- no se hace presente. Lo que yo veo es el sufrimiento y el empobrecimiento de los sectores medios. Porque, mientras los sectores más vulnerables han sido atendidos por el Estado, hay una franja intermedia -el pequeño comerciante, el abogado al frente de su pequeño estudio, el pintor de obras, el peluquero de la esquina, en definitiva, los que se ganan la vida con su trabajo- que nunca recibieron una ayuda social. En el mejor de los casos, el año pasado recibieron créditos y hoy, como no se ha recuperado la actividad y nada indica que vaya a recuperarse pronto, no los pueden pagar.

El mecanismo de asistencia a las personas en situación más cercana a la pobreza acaba de tener un anuncio por estos días, el de la Tarjeta Alimentar, que, a pesar de ser una expansión de esa asistencia, ha merecido juicios negativos de parte de las mismas organizaciones sociales.

Las ayudas sociales, en general, aún cuando sean buenas y muestren la preocupación del Gobierno de asistir a esos sectores, siempre van a ser insuficientes. Por un lado, el mecanismo debe ser revisado, es claro. Pero, ¿cuál es el sueño que nosotros tenemos, o deberíamos tener, como país? Que la gente no tenga que recibir una tarjeta para alimentarse, que pueda comprar los alimentos por sus propios medios, que pueda comer en su casa y no en los comedores. Eso implicaría acceso a un trabajo digno, que es donde radica hoy la mayor dificultad argentina: que cada familia pueda tener un medio de vida para proporcionarse directamente su sostén alimentario.

 

 

 

 “Nos caracteriza una inestabilidad muy grande en lo político y en lo económico, con un cambio permanente de normas”

 

¿Qué es lo que traba esa generación de trabajo? ¿Cuál es el motivo político o económico? Más allá que las circunstancias de la pandemia puedan haberlo agravado...

La pandemia puso al desnudo una cantidad de problemas que arrastrábamos desde antes. La falta de empleo y la precariedad laboral son prexistentes a la pandemia, pero -claro que- se agudizaron. ¿Cuáles son sus causas? Diría que varias. Argentina viene con muchos años sin crecimiento, con recesión. Es un país que hoy tiene las tasas más bajas de inversión nacional y extranjera en comparación con los demás países de la región. ¿Por qué nos ocurren estos fenómenos? En primer lugar, porque tenemos una institucionalidad bastante precaria. Nos caracteriza, lamentablemente, una inestabilidad muy grande en lo político y en lo económico, con un cambio permanente de normas. Esa realidad no ayuda al momento de alentar la inversión, por eso muchos inversores -extranjeros, pero también locales- terminan eligiendo llevarse la plata afuera. Ese es el gran drama de la Argentina, la cantidad de miles de millones de dólares que tenemos de argentinos en el exterior y, al mismo tiempo, la cantidad de miles de millones de dólares del exterior que prefieren ir a invertir a otros países. No somos capaces de sostener una política de un gobierno al otro, a veces cambiamos las reglas adentro de un mismo gobierno porque asume un nuevo ministro.

Si bien han sido lideradas por personalismos marcados, la presidencia anterior y la presidencia actual se sustentaron en coaliciones que se propusieron ser amplias y, sobre todo, previsibles. ¿Qué está fallando?

Lo que teníamos antes eran organizaciones partidarias fuertes, sólidas. La disputa peronista/radicales era una disputa de partidos fuertes, reconocidos. Te parabas en una esquina y preguntabas: ¿Aquí quienes influyen, peronistas o radicales? De cada 10, 9 te iban a contestar: Aquí, peronistas. Aquí, radicales. Hoy, en esa misma esquina, me ánimo a decir que 9 personas -o las 10- te van a decir que no son ni lo uno ni lo otro. Entonces, ha cambiado mucho esa composición de cómo funciona el sistema político, con un deterioro muy grande de los partidos políticos, sobre todo los tradicionales. Eso no es una cuestión que ocurra solamente en la Argentina, pero en la Argentina se ve muy claramente. Vivimos en una democracia de candidaturas. Una democracia, a mi juicio, demasiado electoral. Yo creo que el problema radica en que las coaliciones se conforman exitosamente para ganar elecciones, pero no para gobernar. Esto está pasando con la coalición que gobierna hoy, y ocurrió con la coalición que gobernó antes.

Ni la coalición que gobierna hoy ni la coalición que gobernaba antes tenían un aceitado mecanismo interno de funcionamiento y de diálogo. No es que antes Macri sí consultaba con todos los partidos de la coalición o que hoy Fernández no lo hace. No funcionan bien, en términos de gobiernos, nuestras coaliciones y lo sostengo más allá que sean buenas para ganar elecciones.

Se avecina una elección de medio término. ¿Va a plebiscitar la gestión del Gobierno actual?

Hoy tenemos un gobierno debilitado y un presidente debilitado. Lo sostengo en relación con lo que eran este gobierno y este presidente un año atrás. Es demasiado pronto. En general, los gobiernos y los presidentes sufren el desgaste después de la elección de medio término.

En cambio, este es un gobierno y un presidente que están tremendamente desgastados antes de llegar a la mitad de su período. El problema no es solamente lo mal que está el gobierno, sino que la mayoría de los argentinos tiene demasiado fresco cómo terminó el gobierno anterior. Entonces, no es que a este le va mal y la gente dice “volvamos al otro que fue mejor”. No, la verdad que la gente tiene muy fresco que el gobierno de Macri fue malo y que se fueron mal y que el gobierno actual, en dos años a cargo, no ha demostrado ser mejor. Eso es lo que expresa hoy la sociedad, y lo digo yo que soy parte de la política.

Hoy, el descreimiento general no recae sobre algún político o algún partido, lo que hay es un fracaso en la agenda social. La gente está viviendo una película y no ve que la política o los políticos estén en la misma película. La sociedad tiene esa percepción, sus representantes políticos y gubernamentales caminan para otro lado.

En algún momento ese descreimiento con la política tenía como eje a la corrupción. Hoy parecería que el descreimiento tiene más que ver con la ineficacia. ¿Ha dejado de ser importante la corrupción?

Aunque la corrupción no ha sido un tema prioritario en la agenda social, para mí es -y seguirá siendo- un tema central. De la corrupción se derivan muchísimos de los problemas que tenemos. Si no hubiera corrupción, quiero ser clara, la gente tendría más trabajo y más beneficios.

La corrupción no sería solamente una asignatura moral, también afectaría con sus consecuencias la vida real de las personas...

La corrupción es un problema que tiene consecuencias económicas y sociales. Las tiene para el Estado, las tiene para las personas. Yo tomo muchas veces como ejemplo el caso Odebrecht. El señor Odebrecht confesó en los Estados Unidos haber pagado coimas varias veces millonarias en varios países de la región. Algunos fueron condenados, uno que otro se suicidó, alguien perdió su cargo... En la Argentina no pasó nada.

Esto afecta seriamente al Estado, a la credibilidad del Estado.

Tal vez el caso más tremendo, más brutal a mi juicio y del que deberíamos aprender, sea la tragedia de Once. Recordemos, por un momento, que hablamos de más de 50 personas muertas. Hubo un fallo de primera instancia, ejemplar, que sostuvo que se trataba del resultado casi inexorable de una maraña mafiosa de empresarios, sindicalistas y funcionarios que, en lugar de poner la plata en el mantenimiento de los trenes, la ponían en sus bolsillos.

Su proyecto político, Generación para un Encuentro Nacional (GEN), ¿se propone injerencia en el debate público a partir de la intervención parlamentaria o es un proyecto de poder, con ánimo transformador?

Hay de las dos cosas. A mí no me es indiferente cómo se gobierne y quiénes sean los que gobiernan (ni cuál es el proyecto de quien gobierna o el proyecto de la oposición). Yo puedo no ganar y no llegar a la presidencia, pero no me es indiferente. Por lo tanto, un partido político debe tener como primera mirada incidir sobre la realidad. Se incide de distintas maneras: con la opinión, golpeando una puerta, formando gente. La otra es formar parte de un Gobierno, de un nuevo Gobierno que en el 2023 se proponga transformar la Argentina. No se trata de incidir “o” transformar: son las dos cosas.

Lo que busco es poder formar parte de un Gobierno que pueda llegar a decir “hemos mejorado la vida de la gente”. Por eso, me preocupa mucho la pelea que hay hoy de la coalición que gobierna con la que gobernaba antes. La única discusión, pareciera, es quién tiene la culpa, siempre mirando hacia el pasado. Y, en realidad, creo que lo que nosotros necesitamos hacer, que lo que necesita la Argentina, es que el que llega a gobernar se proponga mejorar de tal manera que cuando se va, pueda demostrar que dejó algo mejor de lo que había recibido y no que tenga que estar siempre echando culpas a los demás.

 

 

 

"Lo que yo veo es el sufrimiento y el empobrecimiento de los sectores medios"

 

Un proyecto de gobierno debería asumir hoy, como desafío, la solución de los $63.000 mensuales que cuesta la canasta básica, una inflación que ronda el 4%, el 43% de la población bajo la línea de la pobreza. ¿Cuáles serían primeros pasos para dar?

Lo primero que hay que hacer es convocar a todos los demás, llamar a un gran acuerdo nacional. La Argentina tiene dos grandes déficits: la falta de los ámbitos de diálogo (ni que hablar de consenso) y la falta de una mirada estratégica de mediano o largo plazo. Nuestra política es muy resultadista, muy exitista, muy inmediata. Sin embargo, no entiendo que hoy el tema crucial, irresuelto, es el de la inflación. Mauricio Macri no lo resolvió, llegaron Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner y tampoco. No veo que haya hoy equipos, ni en el Gobierno ni en la principal fuerza de oposición, que estén discutiendo esto.

¿Usted está trabajando para volver a formar una coalición?

Yo creo, realmente, que se construye con otros. Mi problema es que no estoy dispuesta a formar parte de una coalición con quienes insisten en mirar hacia atrás antes que en mirar hacia adelante. Yo no puedo formar parte de un acuerdo que reivindica el gobierno de Macri, que a todas luces no fue un buen gobierno, pero sé que hay buena gente ahí con la que se puede trabajar a futuro.

Desde GEN tenemos una sociedad casi natural con el Partido Socialista, vínculo que hoy acusa el impacto enorme en lo humano y en lo político que representa la muerte de Miguel Lifschitz. Era una persona llamada a liderar ese espacio y su ausencia nos produce un golpe muy, pero muy, grande.

Usted tuvo acuerdo programático con Sergio Massa en algún momento...

Acuerdo electoral, sí.

¿Sigue abierto ese diálogo?

No, la última vez que hablé con Massa fue en junio de 2019, cuando se estaba armando la elección del 2019 y él todavía formaba parte de lo que era Alternativa Federal,

En aquel momento logramos congeniar dos agendas muy complementarias, por un lado una agenda que traíamos nosotros muy institucional (justicia, transparencia, derechos humanos, equidad de género) con una agenda más social como la de Massa (los jubilados, los trabajadores, las Pymes). Todo eso congeniaba bien y, a nosotros, nos daba la fortaleza de sumar un sector del peronismo que, en ese momento, decía las mismas cosas que nosotros. Yo no reniego de lo que acordado en aquel entonces.

¿Quién representaría hoy esa opción de diálogo y acuerdo en el peronismo?

Hoy día converso con Florencio Randazzo. Me parece que es un dirigente que, primero, a mí me parece bien cuando uno sabe reconocer errores o reconocer cuando el cambio de los tiempos nos lleva otra mirada. No hay que criticar al que cambió. Dentro de Cambiemos hay sectores del peronismo, en el caso de Emilio Monzó, por ejemplo, el caso de Joaquín de la Torre... Hay sectores también del peronismo con lo que obviamente también se puede conversar bien digamos y que tienen vocación de diálogo.

El socialismo es su referencia clave en Santa Fe.

El socialismo, pero también Pablo Javkin y Emilio Jatón, dos intendentes que -sin ser socialistas- forman parte del Frente Progresista.

¿Qué pasa en Córdoba?

Formamos parte del espacio político del gobernador Juan Schiaretti. Nos sentimos escuchados y contenidos. Me parece que él es una de las personas que debería estar llamada dentro del peronismo a representar un poco esa voluntad de diálogo, de construcción, con una mirada, además, federal que, creo, es lo que le hace falta al país.

Yo tengo buen diálogo personal con el radicalismo, también. Sin embargo, se encerró muy fuerte en un proyecto a -mi juicio- demasiado conservador.

Mencionó una palabra clave: “Federal”. ¿De qué manera hacer política auténticamente federal, cuando diagnósticos y recursos están concentrados y centralizados?

No creo que haya diferencias entre la mirada que nosotros intentamos aportar y la que tienen Córdoba, Mendoza o Misiones. Por eso afirmo que hoy la reforma del Ministerio Público, un tema con impulso oficial prioritario en el Congreso no es prioridad en la vida real de los cordobeses, de los mendocinos o de los misioneros. Sí creo que la agenda es diferente entre todos esos ciudadanos y los funcionarios de gobierno. Si vamos a esas localidades, las problemáticas hoy tienen que ver con el cierre de las exportaciones de carne o el aumento de las retenciones a la soja o el maíz.

Se pone énfasis en el Ministerio Público, mientras en la agenda parlamentaria pierde tratamiento el consenso fiscal, que quizás sí sería una herramienta de redistribución o de reasignación de partidas o de recursos que ayudaría a una auténtica federalización...

Totalmente. Como lo es el momento de discusión del presupuesto, por ejemplo. No se le da la importancia que debería tener y, sin embargo, es allí donde se juega, realmente, el federalismo.

Usted ha dicho que la desatención a esas cuestiones de la macroeconomía puede deberse a una gestión demasiado concentrada en resolver el tema de la deuda externa.

Yo no lo pondría en competencia. Si vamos estrictamente al funcionario, yo creo que Martín Guzmán es hoy, posiblemente, uno de los mejores funcionarios del gobierno. Creo que el gabinete es muy mediocre y creo que hay un Ministro de la Producción, que es el que debería estar reemplazándolo para discutir esas cuestiones, que no aparece. Por eso digo, no es que le diría a Guzmán, “bueno, vení y ocupate de la inflación”. No, la verdad, armen un equipo con otros que se ocupen de la inflación. Me parece que tiene que haber otra gente que lo haga. No es que yo subestime la negociación de la deuda, que me parece imprescindible, e insisto, creo que se está haciendo medianamente bien. Pero me parece que tiene que haber otros que se ocupen de otras cosas.

Finalmente termina ocupándose de la inflación, a través de la mencionada tarjeta, el Ministerio de Desarrollo Social...

Ojalá se ocupara Daniel Arroyo, pero no puede hacerlo ni le corresponde hacerlo. Pongo un ejemplo, concreto: la nafta aumentó 16 veces en este gobierno y el que está anunciado para estos días va a ser el aumento número 17. En total, casi el 70% de aumento, y no es tema a cargo de uno u otro ministro, pero se trata de un área que tiene un impacto muy fuerte sobre todo en las demás.