Ignacio Zuleta

“Con Sergio Massa como ministro, el Gobierno adoptó la agenda de la oposición”

El analista y consultor político sostiene que el verdadero poder político está en las provincias, pero que los gobernadores no quieren ser presidentes. Dice que el ascenso de Sergio Massa a superministro es un intento de conservar la unidad que supone una derrota cultural para el Frente de Todos. Destaca la estabilidad institucional del país. Por Virginia Guevara
ignacio zuleta RM
21-08-2022
Compartir

Ignacio Zuleta, doctor en Filosofía y Letras, autor de numerosos libros, periodista y consultor, es uno de los pocos analistas políticos nacionales que mira también al interior del país al interpretar el poder. En esta entrevista, suma perspectiva regional e histórica al complicado presente del Frente de Todos y sostiene que Argentina es uno de los países más estables del mundo a nivel institucional, pese a los resultados económicos.

 

-¿Cómo define usted esta relación de poder entre Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa? 

- Creo que es la fórmula que en 2019 encontró el peronismo para un problema que tiene hace muchos años, que es consustancial al peronismo, y que es la división entre dirigentes regionales con ideologías distintas, con proyectos distintos, y origen distinto. El peronismo es una fuerza que desde el vamos intentó organizar proyectos diferenciados del estándar tradicional de la Argentina que eran los conservadores y radicales. Surge confrontando con ese estándar, pero el problema de la división del peronismo es de origen, es una asociación que no descansa en una ideología sino en una metodología de construcción de poder. 

El peronismo fue coalición desde el vamos, y siempre estuvo dividido. Yo digo como ironía que peronismo es todo lo que se divide por dos, siempre. La renovación peronista fue una confrontación durísima que marcó todo el proceso siguiente. O sea, no hay que extrañarse de lo que vemos hoy. En 2003 el peronismo fue a la elección con tres fórmulas, y el gobierno de Kirchner asume con una coalición a cuya cabeza está el que perdió, porque ganó Menem y gobernó Kirchner. ¿Quiere mayor descalabro? El 2003 fue un descalabro similar al 2019 de los Fernández, donde la marca PJ no está en ningún lado. No hay que extrañarse de lo que ocurre hoy: el Gobierno intentó con el reposicionamiento de Massa recuperar la unidad que en 2019 le dio el triunfo y que estaba en riesgo. 

 

-Y en esta conformación actual del peronismo vemos kirchnerismo básicamente en el Gran Buenos Aires y a Massa proviene del mismo sector. ¿Hay otro peronismo en el interior del país?

-Yo no distingo entre peronismo y kirchnerismo. Como no distinguí nunca entre menemismo y peronismo. Es todo peronismo con intereses regionales. Es peronismo disfrazado, para las masas de los grandes conglomerados urbanos, que cuando tienen cualquier otra opción, eluden al peronismo. Entre 1989 y 1999, uno buscaba al menemismo en el interior y no existía. Existía solo en la ciudad de Buenos Aires y en La Rioja. No había menemismo en Córdoba, en Córdoba había peronismo. 

El menemismo, la alianza con los conservadores y con Alsogaray fue para consumo de un distrito donde el peronismo siempre perdía, como la Capital Federal. El menemismo es un invento de Página 12, el kirchnerismo lo mismo: solo existe en Santa Cruz y en la ciudad de Buenos Aires, en el conurbano es duhaldismo hasta el día de hoy. Los funcionarios de Kirchner eran de Duhalde, por eso la idea de que el kirchnerismo es de izquierda es un disparate. A través de Duhalde, Kirchner logró una alianza entre el peronismo del interior y el del AMBA y por eso llegó al poder. 

El peronismo cada vez tiene que disfrazarse más, porque es casi una ley que el votante de la burguesía de las grandes ciudades es renuente al peronismo, no se siente representado. En 2015 ganó Mauricio Macri y el año 2019 la fórmula Macri-Pichetto perdió por muy poco la Presidencia, pero triunfó en 5 de los 7 distritos más grandes de la Argentina, solo perdió en Buenos Aires y Tucumán. En 1997 le ganó Graciela Fernández Meijde a Chiche Duhalde, en 1983 ganó Alfonsín, en 1999 ganó De la Rúa. El peronismo hace mucho tiempo que viene perdiendo en los grandes centros urbanos.

 

-¿En 2023 puede tener mayor participación el peronismo del interior, esa entidad indefinida y a veces voluble que son los gobernadores?

-Los gobernadores no son una entidad indefinida ni voluble. Gobiernan con superávit fiscal, reeligen, tienen control territorial, eligen sus representantes en el Congreso haciendo alianzas incluso con los opositores locales. Eso es parte de un país normal que busca una gobernabilidad exitosa. Para el peronismo la experiencia de perder en 2015 fue muy traumática y se entiende que haya buscado recomponer y superar esa crisis en 2019 y lo logró. 

Los dos únicos líderes que lograron contener los distintos componentes del peronismo fueron Perón y Menem. Cuando Menem se va en el '99, siguió siendo presidente del partido. Luego el peronismo no volvió a tener líderes que conduzcan, Kirchner no lo fue porque tenía un poder delegado de Duhalde. En 2007 ya Kirchner admitió que no podía reelegir y fue con Cristina en alianza con radicales. Cristina fue a una derrota en 2015 y en 2019 generó esta construcción que es un esfuerzo de unificación. Logró superar diferencias muy grandes entre el peronismo del AMBA y el peronismo del interior, y dentro del peronismo del AMBA, Massa es la representación de los sectores de clase media del corredor norte del conurbano. La figura de Alberto Fernández es casi simbólica, sin mayor significación política.

 

-La significación política del Presidente hoy es menor que cuando asumió. ¿Cree que Massa representa un cambio político suficiente como para estabilizar la economía?

-Es una pregunta sobre el futuro y hay que ver cómo le va. Yo creo que Massa no es una novedad. Pertenece al Gobierno desde su origen, porque es quien permitió que el peronismo se reunifique en 2019, presidió Diputados, tiene la mitad de los ministerios: no es un elemento nuevo. Creo que el esfuerzo por resolver los problemas que tiene hoy el Gobierno no pasa por una cuestión de nombres sino por una metodología de Gobierno, un diagnóstico que hasta ahora se ha demostrado equivocado porque no ha resuelto los problemas. 

Luego de haber atravesado la crisis de Macri y la peste -un fenómeno que hizo perder a casi todos los oficialismos- el Gobierno enfrenta su último año en una situación muy crítica y debe cambiar su diagnóstico. Yo creo que eso ya ha ocurrido. El Gobierno ha admitido una derrota cultural frente a la oposición: convirtió la agenda de la oposición en su agenda, empezó a hablar de inflación, de la necesidad de contener el gasto y de buscar el equilibrio fiscal con la disminución de los subsidios. Esa era la agenda de la oposición y el Gobierno se dio cuenta que el público de los grandes distritos apoya esas banderas. Cómo les va a ir, ya se verá. Yo no estoy en condiciones de decir si va a funcionar o no.

 

-Miremos ahora a la oposición. Se vuelve a hablar de suspender las PASO y eso podría complicar mucho a Juntos por el Cambio, que tiene una interna cada vez más expuesta entre los referentes del PRO y también con la UCR.

-Las PASO son un sistema creado para la validación de candidaturas. El resultado electoral no depende de las PASO, depende del electorado. Las PASO no dan vuelta un resultado, eso es una ilusión, una estafa de los asesores de campaña a los políticos. Fue un sistema creado por el peronismo para contener a los perdedores, porque básicamente el sistema inhabilita al perdedor e impide que se pase a otro partido. Son una institución para resolver el problema de la dirigencia, no es para resolverles problemas al electorado.

 

-Pero hoy son una herramienta especialmente útil para Juntos por el Cambio. ¿Cómo resolverían esa interna sin PASO?

-Yo no creo que ningún dirigente de Cambiemos sacrifique la unidad. Es una fuerza que ha encontrado una representación solvente de una parte importante de la Argentina y que desde que se creó en 2015 ha ido ganando votos, aún perdiendo elecciones generales. Nadie se va a suicidar ahí, así como el peronismo no se iba a suicidar insistiendo en una división en 2019. La oposición no va a hacer eso. 

Así como en los 80 hubo un bipartidismo claro y en los años '90 hubo una división de tercios por la irrupción del Frepaso, ahora la Argentina tiene su sistema articulado en dos coaliciones, y eso se va a mantener. Es cierto que el peronismo quiere suspender las PASO, como ya lo intentó varias veces y no pudo. En 2021 la oposición logró sostenerlas condicionando el apoyo a leyes clave. Ahora el PJ vuelve a decir que no quiere PASO, porque siente que en las internas se desafían los liderazgos propios en las provincias y porque observa que son útiles para Juntos por el Cambio, tal como le sirvieron en 2021 en provincias como Buenos Aires y Córdoba. 

Pero repito: las PASO son una situación dirigencial, la voluntad popular se expresa en la elección general, y por suerte la estabilidad de ese sistema es total.

 

-Usted ve espacio para otras fuerzas en este esquema de dos grandes coaliciones? 

-Hay intentos muy indefinidos aún, no sé si van a prosperar o no. En 2019 hubo un intento con Juan Schiaretti, Sergio Massa, Miguel Pichetto y Roberto Lavagna: fue un intento de confrontación que incluía a Massa como representante de la provincia de Buenos Aires, pero que articulaba en torno del poder de los gobernadores. Eso no prosperó y una de las razones por la que fracasó ese intento es que el peronismo del AMBA ejerció sobre Massa una presión muy grande para que volviera. Lo segundo fue que el fracaso de la gestión económica de Macri demonizó la agenda de Cambiemos en el interior e impidió cualquier posibilidad acuerdo con el sector de los gobernadores que expresan un peronismo diferente al del AMBA. En 2017 esa alianza era posible, en 2019 Macri sólo pudo sumar a Pichetto. Dos años antes se hubiera llevado a 10 gobernadores. Hoy no sé si hay espacio.

 

-Les da una trascendencia muy grande a los gobernadores, pero no tienen influencia a nivel nacional.

-En Argentina el poder está en los gobernadores, pero el deseo de poder de los gobernadores se agota en el gobierno provincial. Pareciera que no hay razones para que un gobernador quiera ser presidente. ¿Para qué quiere ser presidente un gobernador? ¿Para ir a pelear en la locura de Buenos Aires? ¿Para qué lo extorsione un columnista televisivo? En Argentina la libido de poder se agota en la gobernación, es lo que explica que ningún gobernador quiera realmente ser presidente. Juan Schiaretti no quiere ser presidente, Juan Carlos Romero fue candidato a vicepresidente y se bajó. La gente no habita la Nación, la gente vive en las provincias y el poder está en el gobernador, pero la gran lucha de los gobernadores es por la reelección, no por la presidencia.

 

-O sea que vamos a seguir teniendo presidentes porteños…

-No tiene por qué ser así, no digo eso. Pero es lo que se observa, así es la estructura de poder de un país federal como es Argentina, que es genuinamente federal y que además muestra una solidez institucional extraordinaria.Mass

El año que viene, Argentina cumplirá 40 años de estabilidad institucional, el período de estabilidad más largo de su historia. Ante la crisis contemporánea evidenciada por el Covid-19, Argentina ha demostrado ser uno de los países institucionalmente más sólidos del mundo. De la región, desde ya: el sistema argentino se mantuvo incólume frente a las crisis de Bolivia, Chile, México. Estados Unidos está discutiendo hoy si los negros deben votar o no. En Europa las administraciones mediterráneas viven en crisis permanente, hay amenazas neofascistas, Gran Bretaña se divorció de Europa, Angela Merkel parecía imbatible y está en su casa. 

Si salís de los países nórdicos y de las dictaduras orientales, las democracias occidentales están en crisis, y Argentina se mantiene porque tiene un sistema de representación muy eficaz: la ley Sáenz Peña tiene 107 años de vigencia, las elecciones tienen alta participación.

 

-Y además esa institucionalidad resiste pese a los desastrosos resultados económicos…

-Es así, porque la política no depende de la economía, aunque la economía sí depende de la política. La Argentina es un país rico y con un sistema de representación muy eficaz, que es su gran activo y que hay que cuidar. ¿Tenemos problemas económicos? Por supuesto, pero Argentina tiene recursos notables a nivel mundial, tiene provincias con superávit fiscal, fabrica reactores nucleares, tiene empresas hipercompetitivas en algunos rubros y tiene una universidad en cada pueblo. La Argentina, además, le da de comer a los pobres de toda la región, de Chile, de Bolivia, de Perú, de Venezuela. 

 

-Con esa perspectiva regional e histórica, su panorama es optimista.

-Yo creo en Argentina, creo que es un país con activos notables en el mundo y que hay que aprovecharlos. Tiene al Papa, a Messi y tiene 600 mil millones de dólares guardados en el colchón. Tiene otras tantas cosas vergonzosas, una informalidad muy alta, un Estado muy desacreditado en la sociedad, por eso la mitad de la economía está en negro. Argentina no tiene las calificaciones que hacen falta para estar integrados al mundo y ahora fallamos en las calificaciones educativas, pese a que tenemos un sistema educativo extraordinario y gratuito que es envidia en el mundo. Eso es muy negativo.