Invención y esfuerzo

Susana, la “seño” de la bici, las cartas y la escuela en el corazón

martes, 29 de diciembre de 2020 · 10:16

“Fue un año de crear vínculos, pero de los verdaderos; esos que son andamios en la vida de todo ser humano”, dice Sara Susana Amaya, maestra de profesión y alma, a quien no se le ocurriría nunca afirmar que el de 2020 fue un año perdido para la educación.

La “seño Su”, docente del Instituto San José Obrero de Villa El Libertador, buscó por todos los medios que el vínculo con sus estudiantes de cuarto grado se mantuviera vivo, a pesar de la pandemia y el distanciamiento social que impuso el Covid-19. Como muchísimos más en Córdoba y toda la Argentina, esta maestra redobló esfuerzos y aguzó el ingenio para poder hacer llegar conocimientos, consignas y afectos a sus estudiantes y a las familias de estos, que también tuvieron papel clave en esta emergencia.

“Jamás pensé ni pensaré que este fue un año perdido” responde contundente Susana, quien comenzó el diálogo con Redacción Mayo repasando una iniciativa que se viralizó y es un ejemplo de tantos esfuerzos desplegados en un año en que no hubo clases presenciales, pero la escuela se mantuvo viva.

 

– En el momento quizá más álgido de la cuarentena saliste con la bici, cartas manuscritas y diplomas personalizados para cada uno de tus alumnos y alumnas de cuarto grado; ¿qué te movió a tomar aquella determinación?

–El 25 de mayo, día en que algunos podíamos salir a la calle, según la terminación del número de documento, decidí entregar cartas que había escrito de puño y letra para mis alumnos y alumnas. Todas ellas eran personalizadas, escritas para cada uno. Eran cartas que ya venía escribiendo con antelación, porque la idea inicial era mandarlas por correo; esta generación, invadida por tanta tecnología, no sabe lo que es recibir una carta y más aún de su maestra. Esa fue la idea original, ya que antes preparé para cada uno de ellos un diploma con su foto, su nombre y apellido, y una frase que decía que eran “Campeones”. Claro que sí, campeones por estar cumpliendo la cuarentena, realizando lo que se les enviaba de tarea o explicaciones, devolviendo cada uno sus trabajos, extrañando tantas cosas de niños y pensando que, si un adulto ya se cansaba de tanta cuarentena, ¿cómo estarían ellos?. Pero vuelvo a ese 25 de mayo glorioso, y no por mis cartas sino porque celebrábamos nuestro Primer Gobierno Patrio. Me dije, este es el día para que el cartero sea “la Seño”. Me motivó a salir algo que se llama cariño; llevar alegría, sorpresa a mis estudiantes y demostrarles que eran muy importantes en mi vida. Que si bien nos hablábamos por video llamadas casi todo el tiempo, ese 25 mi corazón me pedía algo más, que era salir, con todos los cuidados, a pedalear con la bici, un cartel en la espalda que decía “Llegó el cartero” y “Feliz día de la Patria”, un bolsito con las cartas ya preparadas, nuestra bandera argentina y lo que se llama vocación por lo que uno hace, cree y lo hace sentir vivo.

 

–¿Cuál fue la reacción que tuviste de tus estudiantes y sus familias?

–Ese día partí feliz por el solo hecho de pensar ¿qué harían mis alumnos al verme y cómo reaccionarían sus familias? No sólo gritaban “¡la seño!, ¡la seño!” y salían corriendo felices… Querían abrazarme al igual que yo a ellos, pero les decía que no se olvidaran por qué teníamos todos el barbijo. Luego salía toda la familia y quedaban sorprendidos. No podían creer esa escena de sus hijos saltando felices con una carta en la mano que, de estampilla, llevaba una foto de ellos. Estaban felices antes de decir “bienvenida seño Su”, pero ese “bienvenida” era con un gracias adentro por llevar tanta felicidad a sus hijos. Quizá nunca sabrán que la felicidad mía era tan inmensa como la de ellos porque, si bien soy la seño, antes que nada soy un ser humano como ellos y, sobre todas las cosas, madre.

 

–¿A cuántos recursos como ese o parecidos debiste apelar este año para hacer llegar contenidos y seguir en contacto con estos niños y niñas?

–Trataba de llegar a cada niño y a cada hogar, porque mi finalidad eran mis alumnos, pero más aún, sus familias. Hacerlas partícipes de todo esto y que ellas supieran que contaban conmigo por si querían que también les explicara algún contenido o ser contención para lo que fuese. Ellas fueron mis grandes pilares en este año escolar que no fue un año perdido. Jamás pensé ni pensaré que fue un año perdido. Al contrario, fue un año de crear vínculos, pero de los verdaderos, esos que son andamios en la vida de todo ser humano. Volviendo a los recursos ya no humanos sino tecnológicos, apelamos a video llamadas personalizadas explicando cada contenido, salvando dudas. Usamos Meet para que todos se pudieran ver y conversar entre ellos como si fuera el aula. Se divertían, contaban sus cosas, la idea era esa. Tuvimos, junto a mis maestras paralelas, la rapidez de comprar los manuales y cada niño trabajó con su libro, herramienta fundamental ya que un libro es para la educación y para cualquier ser humano, lo más importante; la lectura, el descubrimiento, etc. Y eso nos ayudó en nuestras planificaciones semanales. También recurrí a una pizarra, marcadores y las explicaciones que me pedían y las daba con respeto, como se lo merecen. Por eso vuelvo a repetir que no ha sido un año escolar perdido.

 

–¿Cuánto tiempo llevás como maestra? ¿Imaginaste alguna vez vivir una circunstancia como la que padeció el mundo en este 2020?

 –Como docente llevo diecisiete años en la misma escuela, ya que quedé como maestra titular en poquitos meses. Ni como persona y mucho menos como profesional, jamás pensé vivir, pasar, tener los cuidados que, personalmente, ya tengo incorporados. Pero nunca imaginé que estaríamos pasando por esto a nivel mundial, nacional y personal. Cada día me lo pregunto, ¿será que el hombre se olvidó de que Dios existe? ¿Que se piensa un ser superior? Advierto una lejanía de Dios que les hace creer que somos nosotros los dueños de todo y no debemos responder ante Él. Sólo confío y pido que esto pase pronto, que llegue la vacuna y que por fin algún día los medios de comunicación no le respondan a nadie y se unan para darnos esperanza.

 

–Si tuvieras que elegir lo mejor y lo peor que te pasó como docente en este año tan particular, ¿qué hechos marcarías?

–En este año, que todavía está dando sus últimos suspiros, me queda como negativo el amargo sabor de la ausencia en el aula y no poder compartir las risas con los alumnos, los padres, auxiliares, compañeras, directivos, y el bullicio y los juegos en el patio de la escuela. Lo bueno es que no ha podido quitar la esperanza en que algo bueno pronto vendrá y pasará todo esto. Que se habló todo el año de los vínculos, de no perderlos con los niños, ni los padres y lo he logrado con éxito, amor y cariño. He recibido tanto amor del bueno, como me gusta llamarlo, porque te hace vibrar el corazón y te saca las mejores sonrisas. He recibido la Pandemia del amor, esa Pandemia sí la escribo con mayúscula.

 

–Ya adelantaste tu respuesta, pero ¿qué pensás cuando escuchás o leés por ahí que este fue un año perdido, o que no hubo clases, o que las y los estudiantes no aprendieron nada?

–Jamás pensé ni pensaré que este año ha sido un año perdido en lo escolar, jamás, ya que dimos clases de otra manera. Cuando se dice que los docentes nos pusimos la escuela al hombro es verdad, y no sólo al hombro sino también en el corazón. Estoy absolutamente convencida de que sí hubo aprendizajes, tanto en contenidos como en el de valorar al docente, compartir con la familia y que estas familias, en su mayoría, pudieron valorar de manera respetuosa esas cuatro horas que los niños están en la escuela y todo lo que les damos los docentes a diario. Claro que hubo clases y se dieron de diferentes formas. Pero hubo aprendizaje en los niños.

 

–¿Y cuál fue para vos el mayor aprendizaje o la enseñanza más relevante de este año?

–El mayor aprendizaje o enseñanza que tuve es el amor recibido de mis alumnos y sus padres. Tanto es así que se han asesorado, escrito cartas con sus firmas para la representante legal y están agotando todos los recursos para que me pasen al turno mañana y pueda volver a estar con sus hijos. ¿Cómo no sentirme feliz, agradecida a la vida, y saber que he dado lo mejor de mí? Todos ellos me permitieron disfrutar de mi vocación docente y me ayudaron enormemente en la difícil tarea de educar en valores; esa es una experiencia interior, única e irrepetible, que nos ayuda en la tarea de hacernos cada vez más humanos.

 

–¿Qué esperás para 2021 y qué medida tomarías de modo urgente en materia educativa si estuviera en tus manos la decisión? 

–Para el año 2021 espero más unión y que en cada uno realmente se experimente, se lleve a cabo la famosa palabra empatía, que fue muy dicha pero muy poco llevada a la práctica. Si estuviese en mí cambiar algo en las decisiones que se tomaran en la educación buscaría más unidad; que se invite a los docentes a participar ya que somos las bases, pero toda pirámide se tambalea si las bases se mueven. Por eso es importante que se respete al docente. Que se supervise mucho más a los equipos directivos y el trabajo que hacen. Que se respete con cariño a los niños, haciendo un seguimiento para saber si ese niño no trabaja porque no tiene los materiales y gestionar para que eso no suceda. Que todos los que intervenimos en el sistema escolar sepamos que la vocación es lo primero y ya con eso el engranaje se mueve solo.

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