ESPECIAL FERIADO

El carnaval, antiguo reino de la alegría

Es un impulso festivo esencial que viene desde el fondo de los tiempos ¿Qué sucederá en estos días de pandemia? - Por Alejandro Mareco
viernes, 12 de febrero de 2021 · 11:54

Es un impulso festivo esencial que viene desde el fondo de los tiempos. Igualdad, risas, comidas y bebidas abundantes, baile, alegría son algunos de los ingredientes de una fiesta con mucha tradición en nuestro país.  Fue muchas veces prohibido y luego reivindicado. ¿Qué será del carnaval en estos días de pandemia?

En un patio chayero de La Rioja, la harina es inevitable para el recién llegado. A veces, es el mismo anfitrión, como el gran compositor y cantor Pancho Pabral, el que pasa sus manos cargadas de elixir blanco sobre la cara del bienvenido. 

Es el elixir de la igualdad: sólo la harina, y alguna ramita de albahaca en la oreja, te hace parte del ánimo de la fiesta. A la vez, es el certificado de horizontalidad: todos estamos en la misma condición, incluso ese blanco en la cara diluye los rasgos individuales.

Lo demás es música, canto, baile, risas, vasos, botellas y algunos manjares populares y regionales. Es esplendor de vivir.
“Cada febrero vuelve a renacer/ De la ceniza, de la soledad/ Tu apasionado amor/ Tu luz espiritual/ Tu enloquecido embrujo, carnaval”. Así describe un fragmento de tributo al carnaval riojano del santiagueño Peteco Carabajal, en su tema “Viejas promesas”. 

Y eso es el carnaval: una vieja promesa de alegría y fecundidad (celebración de los frutos de la tierra) que viene desde el fondo de los tiempos. Por eso el impulso tan especial que se enciende en los espíritus cuando llega febrero, sobre todo en algunas culturas regionales con fuertes tradiciones. 

Hay muchas maneras de vivir el carnaval, no sólo en nuestro país, sino en el continente y en el mundo.  En Argentina, en la provincia de Jujuy y otros sitios del noroeste del país, asume rasgos de profunda síntesis entre las costumbres anteriores a la llegada de los españoles y la mixtura que siguió. En el litoral, en tanto, los grandes corsos y desfiles de carrozas y comparsas en Corrientes o en Gualeguaychú, Entre Ríos, toman buena la influencia del festejo brasileño y también uruguayo. Mientras, en Buenos Aires, las murgas y su manera desafiante de testimoniar la realidad se emparentan con los modos uruguayos.

¿Qué será de ese impulso festivo difícil de contener en estos días de pandemia? Todas las grandes fiestas y concentraciones han sido suspendidas, aun las más emblemáticas del planeta como el carnaval de Brasil y algunos europeos. Es posible que, de todos modos, encuentre pequeñas válvulas de escape.

 

Despedida de la carne

Es que el carnaval es una fiesta esencial, que rompe lo ordinario del tiempo cotidiano y abre uno distinto, con otras reglas, con otros permisos que acaso ayudan a sobrellevar las diferencias, las ataduras, el orden y las jerarquías sociales de los días comunes.

Representa una renovación necesaria y se remonta a los rituales del hombre primigenio, como lo ha señalado el pensador rumano Mircea Eliade. Tiene raíces profundas en la relación del ser humano con el cosmos. Es posible rastrear las fiestas de carnavales en las celebraciones dionisíacas y bacanales de Grecia y, luego, Roma.

Ya en el cristianismo, según sostiene Mircea Eliade, es el caos (el original, el del tiempo profano) que precede al tiempo sagrado que llega con la Cuaresma. Como que la etimología de la palabra carnaval significa “despedida de la carne”.

“Sabido es que el carnaval (o dicho con voces más antiguas carnal, antruejo o carnestolendas) representó en la Edad Media y el Renacimiento la forma más auténtica y duradera de los festejos populares, durante los cuales el pueblo, gracias a máscaras y disfraces, podía explayarse, desahogarse sin trabas. El Carnaval, fiesta pagana y primaveral de renovación del hombre y de la naturaleza, significaba alegría y jolgorio, comidas y bebidas abundantes, recrudecimiento de la actividad sexual, participación colectiva en las festividades que suprimían las constricciones impuestas por las normas y la jerarquía”, afirma el escritor español Gonzalo Torrente Ballester.

La igualdad es clave del rito. Incluso, se llegó a plasmar la inversión de roles sociales, como que en algunos lugares amos y esclavos intercambiaban roles por unos días. Por ejemplo, en la Buenos Aires colonial, los negros esclavos tenían la posibilidad de arrojarle agua a sus amos y a cualquier persona.

Será por eso que, de parte de los poderosos, la tentación de prohibirlos siempre estuvo presente. Así lo había hecho Felipe II, en España. “Con su muerte, en 1598, se cierra un período de austeridad cristiana, se vuelve a descubrir el poder de la risa libertadora, de la locura carnavalesca que permite, entre disfraces y carcajadas, escapar de las constricciones impuestas por la vida social”, escribe Jorge Fernández Gonzalo en “Elementos carnavalescos en El Quijote”. La obra de Miguel de Cervantes Saavedra fue publicada en ese contexto, en 1605.

Aquí, ya en 1771, el último gobernador de Buenos Aires antes de la creación del virreinato, Juan José Vértiz, mandó a que los bailes de carnaval se hicieran en lugares cerrados para evitar los desmadres callejeros. En 1774, el rey Carlos III los prohibió por ley argumentando que nunca habían sido permitidos en América.

Aunque la historia siguió, y los bailes también. Fue luego el virrey Pedro de Ceballos quien censuró “los juegos de carnestolendas: en ellos se apura la grosería de echarse agua y afrecho, y aun muchas inmundicias, unos a otros, sin distinción de estados ni sexos”, sostuvo.

Las cosas no cambiaban demasiado, y en 1795, el virrey Nicolás de Arredondo instó en prohibir “los juegos con agua, harina, huevos y otras cosas”.

En España, durante muchos años, la larga dictadura de Franco, también los censuró, y luego los habilitó con el eufemismo “fiestas de invierno”.

La sangrienta dictadura argentina, por su parte, suspendería los feriados de carnaval apuntando directamente a la celebración: el carácter popular de la fiesta y su desafío de los límites, más el canto contestatario de murgas y comparsas, resultaban exasperantes para semejante ánimo autoritario.

“No es gratuito que el Carnaval haya sido interdicto por las dictaduras y admitido por la democracia. El Carnaval es la fiesta de la diversidad, el antojo y la violación a la costumbre. Las dictaduras no nos permiten hacer el mal. No podemos optar por él, estamos protegidos del error por un modelo obligatorio de conducta sin alternativas”, ha escrito el escritor argentino radicado en Madrid, Blas Matamoro

 

Desatrapame carnaval

El feriado fue restituido en 2011 por el gobierno de Cristina Fernandez de Kirchner. Desde entonces algunos ritos reaparecieron a la luz, como las murgas en acción en las grandes ciudades, sobre todo en Buenos Aires.

De todos modos, la inversión del orden de las cosas, del orden del poder, es de todos modos fugaz, según el italiano Umberto Eco, para quien el permiso de violar reglas por unos días en el fondo significaba reforzarlas.

“No hay carnaval posible en un régimen de absoluta permisividad y de completa anomia, puesto que nadie recordaría qué es lo que se pone (entre paréntesis) en cuestión. Lo cómico carnavalesco, el momento de la transgresión, sólo puede darse si existe un fondo de observancia indiscutible (...) Se permite reír justamente porque antes y después de la risa es seguro que se llorará”, señaló.

“Vengo desde el olvido/ toro serrano/ Pa' ver si mato penas/ carnavaleando/ Me anda faltando plata/ chicha, coraje/ y un empujón del diablo/ pa' enamorarte”, dice la letra que escribió el mismo Cuchi Leguizamón en “Zamba del carnaval”.

Es también un tiempo de ilusión de los pobres, además de celebrar hasta el desmoronamiento. Son incontables los motivos del folklore argentino que hablan de esto, que dan cuenta de las profundas raíces culturales y existenciales que tiene el carnaval en nuestras regiones.

¿Qué será de esa chispa esencial que trae el carnaval a los ánimos, en estos días de pandemia, acaso mas atrapados que nunca en una rutina difícil? 

Canta Pancho Cabral: “Desatrapame carnaval/ llevame hacia tu libertad/ sólo tres días he de amar/ quiero perderme en el andar...”. (“Desatrapame carnaval”).

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