Editorial

El año de la pandemia que no culmina

martes, 29 de diciembre de 2020 · 10:50

El confuso rumbo del Covid-19 parece no llegar nunca a su fin. Mientras el virus pasa de cuerpo en cuerpo, nos invade la sensación de estar detenidos en su tiempo infinito y devastador. Cuando comienza a disiparse el nivel de contagios, irrumpen nuevas olas con inéditos riesgos. Y vuelta a empezar.

Resulta muy difícil preservar la credibilidad en las soluciones de la ciencia cuando, de un día para el otro, una vacuna pasa a estar en duda o nace una nueva mutación del virus. Queda claro que el regreso a la normalidad conocida no sucederá, o por lo menos no sucederá en breve. Habrá que preparar la memoria para recordar cuáles eran los buenos hábitos antes del 2020.

Si bien en determinados momentos hay algún gentío cometiendo descuidos, nadie puede dispensar indiferencia a una pandemia que vino a modificar la realidad. Nada más y nada menos que aquella en la que suceden muertes reales a cada rato. Vivimos un miedo que no sabemos si será purgante, porque se impone por la fuerza de la incertidumbre de unas secuelas que aún desconocemos.

Pasamos por todos los errores de apreciación en la gobernanza de la salud y la enfermedad. Se trazaron fronteras infranqueables en los hogares, en las calles, entre pueblos y naciones, en el mundo.

Estuvimos sometidos a todo tipo de dislates de cara a las explicaciones que ofrecieron, y ofrecen, las autoridades. Esas decisiones fueron desde el proteccionismo extremo como punto de inicio a una seguidilla de episodios abundantes en vacilaciones y contradicciones.

A pocos días del comienzo de un nuevo año, las conclusiones lejos están de ser auspiciosas. Si sumamos los actuales datos epidemiológicos podemos confirmar que la distancia que nos separa actualmente de la cura es de una magnitud considerable.

Nada permite ser optimista, a pesar de estar en marcha por estas horas un plan de vacunación jamás visto en gran parte del planeta. El diagnóstico sanitario sigue siendo reservado y, para peor, las estimaciones actualizadas de la crisis económica no contribuyen con esperanzas.

Ciudadanas y ciudadanos de a pie, incluso en la capacidad de asumir los cambios tecnológicos impuestos por la pandemia, no podremos recuperar pronto niveles de actividad y participación.

Al paso que vamos muchas iniciativas quedaron en el camino y no se van a recuperar, aun saliendo el Estado en su auxilio. Ya el Presupuesto Nacional para el 2021 demuestra las restricciones en la ayuda social que se enmarcan en un probable acuerdo internacional con el FMI para diseñar la regularización para un plan de pagos futuro de la deuda pública.

Más dudas que certezas asoman al inicio del año electoral, con elecciones de medio término para la renovación parcial del Congreso. En ese acto democrático de octubre, el sufragio también se expresará sobre la marcha del gobierno que preside Alberto Fernández.

La situación demanda de la política esfuerzos perseverantes y acciones concretas, a partir de un orden de prioridades razonables. No se sabe que sobrevendrá. Pero de algo sí podemos estar seguros, la zona anegada por la pobreza es cada día más grande.

 

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