EL SHOW DEL DELITO

Cuando el perro le ganó al software

Se invirtieron millones de pesos y un perro adiestrado le ganó al software. El instinto animal superó la lógica de un scanner poniendo en evidencia los problemas de incorporar tecnología para la foto.
miércoles, 5 de mayo de 2021 · 20:36

Ocurrió hace casi 10 años en un punto neurálgico de la ciudad de Córdoba. Fue, acaso, uno de los papelones más grandes que los funcionarios públicos recuerden, aunque se ocuparon bastante en intentar que pasara inadvertido.

Primero, un poco de historia y contexto: en ese tiempo, aún se discutía si la provincia de Córdoba, como tantos otros lugares del país, era un punto de tránsito, producción o consumo de la droga a gran escala. Eufemismos para no ponerle las palabras necesarias a un drama que hacía una década, tras la profunda crisis de 2001, se había instalado ¿definitivamente? en Argentina. 

Por entonces, aún se contaban con los dedos de las dos manos a las voces que se animaban a alertar sobre esta nueva dinámica social, en la que el narco ya se había instalado a sus anchas en diferentes núcleos urbanos y comenzaba a erguirse como un nuevo poder capaz de generar su propio perfil de sociedad. Quioscos, cocinas y fierros que pululaban a la vista de todos los que quisieran verlo. La capa superficial más visible de un drama mucho más profundo.

Fue en medio de aquellas denuncias públicas que el gobernador de Córdoba, Juan Schiaretti, decidió que la provincia aún era “de tránsito” en el mercado nacional e internacional de drogas, sobre todo cocaína y marihuana, una denominación que encubría la real gravedad del asunto.

Para contrarrestar las críticas que se oían sobre la proliferación de la oferta de cocaína al menudeo, lo que había alterado la vida social, ya que en muchos barrios comenzaba a vislumbrarse cómo los vecinos competían entre sí para quedarse con esa porción del mercado clandestino, que al igual que las fiestas de la era de cuarentena poco tienen de clandestinas en el sentido de que son bastante obvias, el gobierno de Córdoba y la Policía anunciaron una inversión suculenta para adquirir lo que se prometió iba a ser un flamante escáner móvil que iba a permitir detectar droga camuflada.

Fue el 29 de junio de 2011, en la Terminal de Ómnibus de Córdoba, cuando hizo su debut el escáner móvil de la Policía. En total, se anunció que se habían pagado 1.200.000 de pesos (casi 300.000 dólares al cambio de esa época) para la compra de esta novedad tecnológica, además de 40 móviles 0 kilómetros. Diez años atrás, la receta ante una crisis de seguridad recibía la misma respuesta de ahora: los anuncios grandilocuentes sobre la compra de tecnología y móviles. Formula repetida con resultados similares. 

Un país que siempre habla de los mismos problemas es un país que no avanza. La inseguridad y sus fórmulas repetidas como promesas de ocasión forman parte de aquella máxima del fracaso colectivo.

La presentación del nuevo escáner fue pomposa. Se llamó a la prensa y se montó un gran operativo en la Terminal de Ómnibus. Todo lo contrario a lo que se supone que es una investigación hermética para sorprender a los narcos con las manos en la masa.

Sin un dato de inteligencia previo, pasó lo previsible: cada bolso que pasaba por el escáner daba resultado negativo. Pasaban las horas y el nuevo chiche poco interés generaba entre los movileros que se preguntaban sobre qué iban a hablar a la hora de los noticieros.

Fue entonces que aparecieron los policías con sus perros adiestrados. Y uno de ellos, veloz, encaró derecho hacia la bodega de un colectivo. Se sentó al lado de un bolso que nadie reclamaba y comenzó a mover la cola, señal de que allí algo raro había.

"La novedad llegó cuando se controlaron los paquetes en la bodega de la última unidad. Había un bolso por el que nadie reclamaba. El perro de la Policía se alteró y se le fue encima, por lo que se dispuso controlarlo. Al pasarlo por la máquina de rayos X, se vieron siete enormes panes de marihuana. El peso: ocho kilos", informó el diario La Voz del Interior al día siguiente del operativo.

Se trató de un disimulo oficial. Se intentó hacer creer que el escáner finalmente había sido clave para revelar la cantidad de la droga. No sólo quedó la duda sobre el uso de la tecnología en ese hallazgo, sino que llamó la atención sobre esa cantidad de marihuana dentro de un bolso que nadie reclamó, justo cuando la vergüenza ya era indisimulable.

Los operativos públicos del escáner no se volvieron a repetir. A los pocos meses, ante la insistencia de algunas periodistas, la Policía y el Gobierno de Córdoba respondieron que el escáner estaba fuera de servicio porque el software se había desactualizado y estaban buscando recursos locales para intentar disminuir los costos de su mantenimiento.

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