Tecnología igual prevención

El show del delito

Cómo se configuran los nuevos relatos sobre la inseguridad a partir de la proliferación de las imágenes de las cámaras de seguridad. ¿Más tecnología es igual a más prevención? El caso M. Por Juan Federico
miércoles, 5 de mayo de 2021 · 20:36

Ilustración Pito Campos

Ahora se lo conoce como “el caso M.” La niña de 7 años que durante tres días deambuló junto a un hombre, conocido de su familia, mientras las imágenes de la supuesta búsqueda por Buenos Aires se multiplicaban en las pantallas de todo el país. Ocurrió el 15 de marzo último. Una mujer de Villa Lugano denunció que su hija se había ido con un hombre conocido de la familia y ya no sabía nada más sobre ella. De inmediato, toda la atención mediática se posó sobre esta investigación. 

La historia mostraba marginalidades y vulnerabilidades al extremo, justo allí, en el corazón del país, donde todo se vuelve más centrismo que en ninguna otra parte. Pero el show se lo devoró todo. Las precariedades estructurales que la búsqueda de M. iba dejando en evidencia, los relatos de una oferta y un consumo de paco insalubre, de una falta de identidad de la que nadie había reparado, de abusos de todo tipo, sistemáticos y constantes, y arriba de todo esto, una invisibilidad en medio de demasiada gente, fueron quedando sólo como datos de contexto. 

Se montó una divulgación de imágenes de videos públicos y privados que iban llevando al gran público a seguir casi en vivo y en directo cómo M. y su presunto secuestrador se paseaban por las calles, las estaciones de servicio, la ciudad y el conurbano; mientras los policías no lograban atraparlos. Él en bicicleta, ella sentada atrás o a pie. Así se movilizaban los “más buscados del país” durante esas 72 horas de incertidumbre. 

La niña fue rescatada gracias a una vecina que la reconoció a través de ese bombardeo de imágenes y pronto el caso pasó a un segundo plano. Al mismo plano en el que la historia de esta pequeña y su familia parece haber encontrado su único lugar en esta sociedad.

La oferta indiscriminada de estas imágenes volvió a poner en debate el uso de la tecnología al servicio de la prevención y la lucha contra la inseguridad.

“Hoy, es prácticamente inconcebible la gestión de la seguridad ciudadana sin tecnología. La tecnología es una herramienta esencial e imprescindible, pero hay que tener claro el alcance de cada respuesta tecnológica. Me interesa dar algunas apreciaciones sobre los sistemas de cámaras que se han difundido y arraigado tanto en los últimos 20 años. Mi opinión es con base en la revisión de estudios científicos que se han realizado y en este tema de las cámaras, siempre me llamó la atención dos cosas: 1) que la literatura buena y seria está en inglés, poco en español (por lo tanto no todo el mundo tiene acceso a lectura) y 2) que por cada estudio que cuestiona las bondades de las cámaras o los sistemas de videovigilancia, tenés como 20 estudios financiados por las grandes empresas vendedoras que resaltan los beneficios”, comienza a explicar Alejandra Monteoliva, especialista en Seguridad Ciudadana, actual asesora de las Naciones Unidas y exfuncionaria de gobiernos nacionales y provinciales, entre otros ítems de su amplio currículum.

Su respuesta, amplia, analítica y con ánimo de favorecer a la conversación pública, surge ante la consulta sobre por qué si hay cada vez más tecnología al servicio de la prevención del delito, este continúa aumentando.

“Desde la evidencia científica, con base en estudios, puede decirse que las cámaras o sistemas de videovigilancia tienen impactos desiguales. Desiguales respecto a los tipos o categorías delictivas y desiguales respecto a los lugares. Es decir, respecto a los delitos contra la propiedad, hay estudios que muestran que se redujeron en ciertas zonas: generalmente cubiertas, con poca actividad, poco control informal, con sistema de videovigilancia y un ejemplo que se menciona siempre, es el robo de vehículos en estacionamientos. Respecto a los delitos contra las personas, no hay evidencia sobre la reducción significativa, los delitos violentos no se han visto alterados por la presencia de cámaras. O sea, las cámaras no pueden plantearse como solución general porque precisamente no responde a generalizaciones”, enseña Monteoliva.

El control de los espacios públicos aparece fuertemente relacionado a la gestión de esta relación entre seguridad y libertad. Al tiempo que el Estado despliega sus mecanismos de protección de los ciudadanos, la sociedad toda es sometida a una mirada vigilante en forma permanente, plantea la investigadora del Conicet Vanesa Lio en el paper Cámaras de seguridad y prevención del delito. La utilización de la video-vigilancia en la ciudad de Buenos Aires. “En este contexto, los circuitos cerrados de televisión (Cctv) y sistemas de monitoreo, históricamente restringidos al ámbito privado, han evidenciado un desplazamiento a nivel mundial hacia el espacio público como parte de políticas de prevención del delito. Tendencia, esta última, de la cual Argentina no ha quedado al margen”, se lee en su indagación.

En ese sentido, Monteoliva intenta poner equilibro en el discurso: “Tampoco hay evidencia sólida que las cámaras incidan bajando niveles de victimización o percepción de la inseguridad. Además, el caso de las cámaras, tiene que ver con lo que en análisis del delito se llama Difusión de Beneficios o Desplazamiento, es decir, el delincuente conoce la ubicación de cámaras, cambia su objetivo a otra zona y en realidad, la tasa delictiva general, no baja”.

“La distribución de las cámaras de seguridad en “lugares estratégicos”, por otra parte, delinea la ciudad segura y sus sujetos. Es que la video-vigilancia incide en la forma en la cual es ejercido el poder, modifica las experiencias emocionales en el espacio urbano y afecta la forma en la cual la realidad es conceptualizada y entendida (Koskela, 2000)”, cita Lio en su investigación.

Al respecto, Monteoliva no quiere plantear un debate en los términos de tecnología sí o no, sino que buscar repensar la lógica política. En cualquier punto del país, cada vez que hay una crisis de inseguridad, situación que vuelve a florecer en medio de la caída de la economía por la cuarentena, los funcionarios de turno se apuran en anunciar millonarias compras en tecnología puesta al servicio de la inseguridad. A esto, Monteoliva responde: “El gran desafío o mejor dicho, donde aún no hemos podido avanzar -quienes nos dedicamos a esto- es cómo hacer para que la verdadera evidencia sobre seguridad ciudadana sea atractiva para los tomadores de decisión, para los políticos, y de allí hacia las instituciones o entidades competentes. Quizás una de las razones por las cuales los sistemas de videovigilancia y cámaras se arraigó tanto sea porque en realidad son respuestas rápidas, tangibles, visibles, inaugurables, pero no resuelven el problema de fondo”.

Mientras tanto, el show del delito se reproduce a diario en las pantallas, mientras que las causas profundas de la problemática continúan fuera de foco.

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