EL NARCORROBO Y SUS CONSECUENCIAS

Niños atravesados por el narcotráfico

Argentina no solo vive con la devaluación económica sino social, política y jurídica. Las consecuencias del narcorrobo obligó a la justicia a reconocer que el narcotráfico está instalando una “parasociedad” con sus propias reglas. Por Juan Federico
lunes, 19 de julio de 2021 · 07:00

La persistente llovizna hacía aún más fría la mañana del lunes 26 de marzo de 2007. En la esquina de Benjamín Viel y Entre Ríos, corazón de barrio Colonia Lola, al sudeste de la ciudad de Córdoba, el narcotráfico acababa de escribir uno de sus capítulos más dramáticos.

La mujer se acercó al periodista y se decidió a contar lo que allí pasaba, mientras ambos miraban el desvencijado Renault 12 que permanecía quieto, como mudo reflejo del horror. Minutos antes, Facundo Novillo Cancino, un pequeño de 6 años, acababa de morir atravesado por un disparo de un fusil FAL. El pequeño viajaba junto a su familia en la parte trasera del auto, momento en que quedaron en el medio de un brutal "narcorrobo".

Un expolicía y un exmilitar, uniformados, habían simulado un allanamiento para robarle a uno de los tantos que vendían cocaína en esa zona. Cuando huían, se produjo una balacera, apareció el FAL y justo el Renault 12 dobló la esquina.

El asesinato marcó una bisagra. Ya nadie más pudo ocultar lo que ocurría en esa zona, cooptada por el narcotráfico en sus distintas formas.

Ya no fue posible mirar para otro lado. Menospreciar el avance narco en la ciudad de Córdoba. Intentar no hablar de pasta base, "cocinas", "quioscos", "perros" y "teros". Todo un lenguaje articulado alrededor del narco. Toda una dinámica social infectada por el negocio clandestino de la cocaína, la marihuana y las pastillas.

También del paco, aunque todavía faltaría una década para que este drama se hiciera público, porque las autoridades habían decidido negarlo. Pero esa es otra historia. Facundito marcó una bisagra. Pero no un punto de inflexión. El narco se hizo público, visible. Se patentizó el deterioro social del que emerge.

En un periodo coincidente entre el fin del menemismo y la crisis de 2001, la venta al menudeo de cocaína, marihuana y pastillas de ansiolíticos se expandió de manera significativa en la provincia de Córdoba, en especial en la Capital.

Aunque desde hacía décadas la droga ya estaba asentada en distintas ciudades cordobesas, las penurias económicas de la primera década del nuevo siglo empujaron a que la problemática “narco” se tornara estructural en buena parte de la provincia. 

La devaluación en Argentina no había sido sólo económica.

Después de Facundito, varios chicos más murieron asesinados, como víctimas "colaterales", término miserable para esconder la realidad.

Morena, Danesa, Roger, Tamara, Nicolás, Jeremías, fueron sólo algunos de los nombres que quedaron incrustados, en los cuatro puntos cardinales de la ciudad de Córdoba, en el desatino de todos los días.

El narcotráfico jamás aflojó en todo este tiempo. Durante años, se habló mucho del narcotráfico en Córdoba y en el país. Pero el fenómeno narco no se amilanó. Hizo lo contrario. Se agigantó. Se consolidó. Encontró más complicidades en medio de la desesperación. Se aprovechó del Estado bobo y cómplice. De la Policía embarrada. De los jueces que nunca quisieron profundizar. Y se naturalizó.

"Estamos en un caso patente del drama social del narcotráfico, que repercute estructuralmente en nuestra sociedad, sobre todo en los lugares más vulnerables. De a poco se ha ido tornando más palpable la instauración de una 'parasociedad' en la que ‘narcos', ‘dealers' y consumidores montan una economía paralela en la que arreglan sus cuentas lejos de las autoridades", advirtió la jueza de la Cámara 3° del Crimen de la ciudad de Córdoba, María Ángeles Palacio de Arato, luego de firmar una condena por un ataque a balazos mortal entre dos jóvenes ubicado en un barrio marginal del sudoeste de la ciudad.

 

Fuente de fotografías : La Voz del Interior e Infobae

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