MERCEDES CRESPI

"Está clarísimo que en el narcomenudeo se replican las reglas del patriarcado"

Para la defensora pública federal Mercedes Crespi, muchas mujeres se insertan en este delito por desesperación y ocupan el último eslabón en un mundo de hombres, sin mucha libertad de decisión ni poder de acción.
lunes, 5 de julio de 2021 · 07:00

Especialista en derecho penal y procesal penal, defensora oficial desde 2008, Mercedes Crespi ingresó en el equipo de la Defensoría Pública de los tribunales federales cordobeses en 1994 y pudo ver en primera persona cómo evolucionó la participación de las mujeres en los delitos vinculados a la droga. Desde que en 2012 el narcomenudeo pasó a la órbita provincial recibe pocas causas pero sigue el tema con atención en congresos y capacitaciones. "Además, me llegan derivaciones. La última vez que fui a la cárcel, el año pasado, habían tenido que ampliar el espacio para las mujeres madres, con niños dentro de la cárcel, porque en la Provincia no les dan la prisión domiciliaria. Hace falta trabajar la perspectiva de género", señaló.

 

-¿Qué nos está diciendo el dato de que los delitos de drogas pasaron a ser la principal causa de encarcelamiento femenino?

-Creo que tiene que ver, primero, con el avance del narcotráfico en nuestro país; eso es un dato innegable. Y a su vez, con la inserción de la mujer en este delito que hace unos años era netamente masculino. Cuando yo empecé en Defensoría en el año 1994 eran muy pocas las mujeres que teníamos. También tiene que ver con el rol que ocupa, básicamente el narcomenudeo, un delito al que se adaptan porque les posibilita mantener a su familia estando en la casa.

 

-¿Cuál es el perfil de estas acusadas, qué características sobresalen? 

-La mujer de clase baja, pobre, la mujer desesperada, la mujer necesitada, generalmente sola, con familia a cargo y que, a su vez, no puede pensar en alternativas laborales fuera del hogar. Entonces, esto se le presenta como una solución económica; un delito que, dentro de todo, no le genera peligro en el sentido de que se delinque en el hogar, en la casa, y le permite al mismo tiempo seguir con todas las tareas de cuidado que están a su cargo sin exponerse a la violencia. Eso no significa que no haya violencia, porque en muchos casos son bastante coaccionadas para llevarlo adelante, pero no es la violencia de las armas, por ejemplo.

 

-¿Qué roles ocupan en esa larga cadena del narcotráfico?

-Lo que hemos visto en la Defensoría, en general, es el último eslabón. Hay que tener en cuenta que la mujer que no ocupa el cargo más bajo en la cadena de narcotráfico muchas veces no designa la defensa pública, sino que tiene abogado particular. Pero tampoco he visto mujeres organizadoras en los casos en que estamos todos juntos. Sólo recuerdo una en los 20 años que tengo en Córdoba. En general son mujeres sin antecedentes, que delinquen por primera vez. Y la tentación tiene que ver con esto de ser un delito, en cierto modo, “tranquilo” que se realiza en el hogar.

 

-¿Hasta qué punto o de qué manera se replican aquí también las pautas del patriarcado? 

-Ocupan siempre o casi siempre el último eslabón en un mundo de hombres, sin mucha libertad de decisión, sin mucho poder de acción y sin ninguna posibilidad de reclamo dentro de la propia organización, con lo cual queda clarísimo que la reproducción del patriarcado también se da en este ámbito ilícito.

 

-¿Cuáles serían los pilares de una perspectiva de género para encarar estas causas?

-En general, y eso es importante, se distingue entre primarias (que delinque por primera vez) y reincidentes o reiterantes. Lo que sí me parece que no se tiene tanto en cuenta es que, en general, son mujeres que no están acostumbradas a ámbitos violentos; mejor dicho, a reproducir ellas la violencia, por lo que a veces el ámbito carcelario puede resultarles muy hostil. 

 

-¿Qué pasa con ellas en prisión?  

-La consecuencia más común es el alejamiento de los hijos. No solamente porque están presas sino porque además suelen quedar solas, sin visitas, muchas veces por elección, ya que eligen que sus hijos no se acerquen al ámbito carcelario. También, otras veces, porque en las circunstancias de extrema pobreza y de desintegración familiar en que viven, la cárcel termina siendo un detonante más para todas esas condiciones.

 

-Los planteos de prisión domiciliaria para mujeres con hijos pequeños son rechazados por algunos tribunales que se niegan a enviarlas al mismo lugar que usaban para delinquir. ¿Cómo se resuelve eso, si no tienen otra casa adonde ir?

-Esa negativa es más de la Justicia provincial, en Tribunales Federales no se planteó nunca. De hecho, me llegó de la Provincia el caso de una mujer que cumplía prisión domiciliaria en la casa de su madre, hacinada, con dos hijas pequeñas, una de ellas discapacitada, y me pedía por favor volver a su casa, donde tenía mejores condiciones y donde estaba solamente su hijo de 18 años. Lo planteamos en la Justicia federal y salió. Me parece un horror que les nieguen la prisión domiciliaria por no presentar un domicilio alternativo. Jurídicamente no tiene ningún fundamento cuál es el domicilio, mientras ella cumpla con las condiciones. Creo que funciona como algo encubierto para no dárselas porque evidentemente la mayoría no van a tener un domicilio alternativo para presentar. Me parece aberrante que se lo nieguen por esa razón. 

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