Agenda Pública: Con hambre no se puede estudiar

La deserción escolar adolescente, un problema que se agravó con la pandemia

El ciclo lectivo de 2020 acusó el impacto del Covid en todo el mundo. La imposibilidad de dar clases presenciales dio paso a la cursada virtual. Antes de la crisis sanitaria, 7 de cada 10 no terminaban el secundario. La brecha digital complicó a los más vulnerables. Por Florencia Sosa

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Florencia Sosa Florencia Sosa 22-03-2022

Según datos de la UNESCO, por la crisis sanitaria del Covid19, 31 países optaron por el cierre total de las escuelas, mientras que otros 48 decidieron reducir la cantidad de horas de asistencia. En el mundo, durante 2020, las escuelas estuvieron cerradas en promedio 14 semanas desde el inicio de la pandemia. En Latinoamérica y el Caribe este parámetro se ubicó en las 20 semanas, mientras que en Argentina fue de prácticamente 42 semanas, dato que la coloca entre uno de los países que más tiempo extendió la medida. El cierre se prolongó de manera uniforme en todo el territorio nacional hasta mediados de septiembre de 2020, cuando cada provincia comenzó a evaluar la viabilidad de la reapertura de las escuelas. 

 

Las experiencias de regreso a las aulas tuvieron un alcance marginal en términos de cobertura de estudiantes; el retorno a la escolaridad presencial no pudo concretarse durante todo 2020. Por entonces, el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) estimó que 1,2 millones de niños, niñas y adolescentes en América Latina y el Caribe podrían abandonar sus estudios como consecuencia directa de la pandemia. En un 90%, se trata de estudiantes de la educación secundaria, lo que implica un retroceso en el acceso a ese nivel educativo de casi una década en el grupo de jóvenes de 15 a 17 años. 

A comienzos de 2021, la agenda pública marcó al gobierno nacional la necesidad de la educación en modalidad presencial. En un contexto de incertidumbre respecto al avance del Covid-19, distintos sectores de la sociedad manifestaron su postura a favor y en contra. UNICEF Argentina se pronunció:  “Avanzar en un acuerdo político y social para regresar a la educación presencial en 2021 es fundamental para el desarrollo de todos los niños, las niñas y los adolescentes, priorizando a aquellos que se encuentran en situación de mayor vulnerabilidad, sin posibilidades de sostener contacto con las escuelas, por falta de recursos, de dispositivos tecnológicos, requerimientos especiales, discapacidad o ámbito de residencia”.

En ese marco, las autoridades reunidas en el Consejo Federal de Educación acordaron priorizar la apertura de escuelas y el retorno de estudiantes y docentes a las aulas de todo el país. Esa medida requirió establecer protocolos de cuidado y garantizar la vacunación de la comunidad educativa. 

En marzo de 2021, se puso en marcha el  Observatorio Federal de Regreso Presencial a las Aulas para monitorear el regreso a clases presenciales. Según este Observatorio, a mediados de mayo de 2021, el 51% de las y los estudiantes tenían suspendidas las clases presenciales y cursaban exclusivamente a distancia. Hacia fines de ese mismo mes los estudiantes sin clases presenciales se incrementaron al 93%, coincidiendo con uno de los momentos con más contagios en la población. Para fines de junio ese porcentaje bajó un 26% manteniéndose durante julio y bajando nuevamente en agosto a un 7% y en septiembre un 6%. 

 

 

Según los datos del Observatorio, durante la segunda mitad de 2021, el panorama a nivel nacional mostraba fuertes disparidades entre la vuelta a la presencialidad en las provincias. A principios de julio, en cuatro jurisdicciones (Catamarca, Formosa, La Rioja, y Santiago del Estero) la totalidad de las escuelas sostenían aún las clases a distancia, e incluso en septiembre un tercio de los estudiantes de Formosa no habían retornado a las aulas. 

A pesar de las mejoras generales en los indicadores epidemiológicos que tuvo lugar durante la segunda mitad del año, el 29% de los hogares señalaron que, desde el receso de invierno hasta el momento del relevamiento, las y los estudiantes tuvieron que interrumpir en algún momento las clases presenciales por casos sospechosos o confirmados de COVID-19 entre sus pares o adultos de la escuela. 

 

Motivos de la deserción escolar

Aunque es claro que la crisis sanitaria y la escolaridad sin presencialidad afectaron a la educación en los últimos dos años, el abandono de la escuela secundaria antecede a la pandemia. “En Argentina en 2019, es decir, antes de la pandemia, 95 de cada 100 adolescentes y jóvenes de entre 12 y 17 años asistían a la escuela en los grandes centros urbanos del país. ¿Pero cuántos y cuántas efectivamente completaban el nivel secundario? Solo 7 de cada 10; promedio que, por otra parte, invisibiliza las profundas desigualdades existentes al interior del sistema: mientras que en el segmento de más altos ingresos hablamos de 9 de cada 10 jóvenes, en el grupo que se ubica en el 20% de ingresos más bajos la cifra cae a sólo 4 de cada 10”, indica un informe de CIPPEC.

La Encuesta de Percepción y Actitudes de la Población de UNICEF Argentina, realizada en octubre de 2021 sobre “El impacto de la pandemia covid - 19 en la educación de niñas, niños y adolescentes” indica que “desde la perspectiva de las personas adultas entrevistadas en estos hogares, los principales motivos de abandono son: la dificultad que implicó para los chicos y las chicas sostener el ritmo de las clases y de estudio luego de mucho tiempo sin tener clases presenciales; el desinterés respecto de la escuela (ya no querían seguir estudiando); la participación en actividades productivas (habían comenzado a trabajar)”. 

 

Con la modalidad virtual, a estos factores se suman los indicadores de la brecha digital. Aquí UNICEF Argentina distingue tres situaciones: 

La más favorable, que incluye a los hogares con acceso a computadora o tableta para la realización de actividades escolares y conectividad domiciliaria.

Una situación intermedia, en la cual se agrupan los hogares que, aunque no disponen de computadora o tableta, sí cuentan con acceso a Internet y al menos un teléfono celular que los y las estudiantes pueden utilizar con fines educativos;

El escenario más desfavorable, donde se encuentran aquellos hogares que o bien no disponen de ningún dispositivo para usos escolares (ni computadora, ni tableta, ni celular) o bien no cuentan con conexión domiciliaria a internet.

 

 

Fuente: UNICEF Argentina. 

 

“La mitad de los hogares se encuentran en la situación más favorable (51%) mientras que en 2 de cada 10 hogares los estudiantes pueden disponer de un teléfono celular y acceso a internet domiciliario para la realización de tareas o actividades escolares. En la situación más desfavorable se encuentra el 30% restante, lo que significa que aproximadamente 1.750.000 hogares en los que residen unos 2.730.000 niñas, niños y adolescentes de 3 a 17 años no disponen de dispositivos electrónicos o bien no cuentan con conectividad domiciliaria. Cabe señalar que dentro de este último grupo de hogares se hallan también aquellos que no cuentan con ningún dispositivo y que además no acceden a Internet con conexión fija domiciliaria. Esta situación de privación total de recursos TIC afecta a unos 315.000 hogares”, señala UNICEF Argentina.

Los hogares que no poseen dispositivos electrónicos y conexión a internet se corresponden con los más vulnerables. En esas casas, durante el desarrollo de la pandemia,  los chicos y las chicas tuvieron grandes dificultades económicas para continuar sus estudios por lo que la educación se vió postergada por una prioridad urgente: poder comer. 

 

Adolescentes entre el trabajo y la escuela

Según UNICEF Argentina, sólo la mitad de la población encuestada logró mantener su empleo durante la pandemia, mientras que la otra mitad (50%) atravesó diferentes situaciones de inestabilidad laboral como cambios de trabajo, pérdida temporal de empleo, e imposibilidad de insertarse o reinsertarse en el mercado. En medio de la emergencia sanitaria los hogares con menos ingresos requirieron de la inserción laboral de los y las adolescentes, siendo esto una limitación para su continuidad escolar. Más de dos tercios de las y los adolescentes que se encontraban desvinculados se habían alejado de sus escuelas durante la pandemia, es decir, entre 2020 y 2021. 

 

 

Fuente: UNICEF Argentina. 

 

Existe una tendencia creciente en el empleo adolescente. En los últimos 6 meses aproximadamente 1 de cada 4 adolescentes (23,5%) afirmó haber realizado actividades para ganar dinero (trabajando, realizando changas, fabricando algo para vender o ayudando a familiares en su negocio). Son alrededor de 530.000 adolescentes involucrados en actividades laborales de los cuales el 71% comenzó a realizarlas durante la pandemia, a pesar de ello al momento de la encuesta, seguían yendo a la escuela (97%). Cabe mencionar que el tiempo dedicado al trabajo influye en la educación ya que son mayores las posibilidades de inasistencia a clases y es menor el tiempo de estudio por lo que se puede ver afectado o rezagado el proceso de enseñanza- aprendizaje. 

 

Sistemas de Alerta Temprana para la prevención del abandono escolar

Los sistemas de alerta temprana (SAT) para la prevención del abandono escolar son una de las acciones recomendadas por UNICEF y UNESCO para proteger las trayectorias escolares. Según la UNESCO, un SAT es una herramienta vinculada a los sistemas de información educativa para identificar a los estudiantes en riesgo de abandonar la escuela. Se basa en la presencia de factores específicos que contribuyen o anticipan al abandono. Esta identificación permite organizar acciones para apoyar la permanencia en la escuela mediante estrategias e intervenciones para atender problemáticas específicas.

Entre los factores que anticipan la deserción escolar se encuentran: el desempeño académico, la conducta, el ausentismo crónico, la discapacidad, el acceso y progresión en el sistema educativo, las responsabilidades del adulto temprano y circunstancias familiares y con pares. En este sentido, CIPPEC señala algunos casos que significan alertas: 

“Las inasistencias reiteradas (cuando un o una adolescente falta a clases una o dos veces a la semana sin justificativo durante un mes), las calificaciones bajas en más de una materia, y antecedentes tales como la repitencia o el hecho de ya haber interrumpido momentáneamente la permanencia en la escuela son factores a tener en cuenta. Asimismo, deben considerarse situaciones vinculadas a la vida fuera de la escuela que ubican a la persona en una situación de vulnerabilidad para poder estudiar, como pueden ser un embarazo adolescente o el hecho de tener un trabajo en horario extraescolar”.

En Argentina, ya está en funcionamiento el Sistema Integral de Información Digital Educativa (SInIDE) que tiene como objetivo principal “contar con un sistema de información nominal que releve en todos los establecimientos del país, a través de una sola aplicación web, la información sobre las principales variables del sistema educativo”. La vuelta a la presencialidad en 2022 es un hecho, pero aún quedan muchos/as niños, niñas y adolescentes que no pudieron regresar a estudiar, es por eso que la incorporación de este sistema podría ayudar a las escuelas a tomar decisiones y planificar intervenciones que acompañen y mejoren las condiciones de estudio de los y las estudiantes que más lo requieran. 

 

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Redacción Mayo

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