Las vidas que cambiaron para siempre

Detrás de cada femicidio, de cada nombre que engrosa las estadísticas, hay familias enteras atravesadas por el duelo. A casi 8 años del crimen de Paola Acosta, habla su hermana Maru. Por Laura Giubergia

f1280x720-1304_132979_5050.jpg.jpg.png
f1280x720-1304_132979_5050.jpg.jpg.png
Laura Giubergia Laura Giubergia 14-06-2022

Ilustración Chelo Candia

Septiembre de 2014. En el calendario de la familia Acosta, esa hoja del almanaque fue el tsunami que arrasó con la vida tal como la conocían hasta entonces. Fue el mes del horror, de la violencia en su máxima expresión, del dolor más profundo. Y fue, también, el mes del milagro.

La noche del 17 de septiembre de ese año, Paola Acosta bajó con la pequeña M. del departamento de calle Martín García de la ciudad de Córdoba para recibir de manos de Gonzalo Lizarralde el pago de la primera cuota alimentaria para su hija, quien con un año y nueve meses acababa de ser reconocida como tal -análisis de ADN mediante-, tras un litigioso proceso. Nunca regresaron. Fueron sus dos hijos adolescentes, fruto de una pareja anterior, quienes dieron aviso de la desaparición. 80 horas después, al cabo de una desesperada búsqueda, la pequeña M. fue encontrada junto al cadáver de su mamá en una alcantarilla de barrio Alto Alberdi. El milagro, junto al horror.

?Recién ahora me siento parada en donde quiero estar. Fueron años de remarla como venía, años que no sé muy bien cómo pasaron. La pandemia me ayudó un poco para frenar y pensar?, reflexiona Marina ?Maru? Acosta, hermana de Paola, y tutora ?junto con su mamá Norma? de la niña que hoy tiene 9 años.

La vida de Maru se modificó por completo. ?Un cambio brutal?, resume, que implicó aprender a vivir con la ausencia de su hermana mayor, su pilar, y al mismo tiempo asumir la crianza de su sobrina. Fue transitar el duelo tomando a cargo una enorme responsabilidad.

La primera marcha bajo la consigna #NiUnaMenos se realizó ocho meses después del femicidio de Paola, y ella ?que ya militaba en el MST desde antes? ocupó la fila reservada para familiares de mujeres asesinadas, sosteniendo en alto un cartel con la foto de su hermana con la pequeña M. en brazos.

Su nombre y su apellido se convirtieron en íconos de la lucha en contra de la violencia de género en Córdoba, y el pedido de ?Justicia para Paola? se transformó en una consigna superior. ?Justicia para Paola, es que no le pase a nadie más?, repite.

Un año después del homicidio, Lizarralde fue condenado a prisión perpetua , pero la carátula no contemplaba el agravante de violencia de género. El caso no fue calificado como femicidio hasta marzo de 2017, cuando el Tribunal Superior de Justicia (TSJ) de Córdoba ratificó la condena a perpetua pero incorporando el agravante de violencia de género (femicidio).

Ni Una Menos. Femicidios. Violencia machista. Nombres de mujeres que engrosan la estadísticas, dejando montones de vidas arrasadas por la ausencia. Hijas e hijos, hermanas y hermanos, madres y padres que van timoneando sus días, el duelo, las responsabilidades y los reclamos para que las causas tengan una condena acorde.

Crecer sin mamá

La ausencia y la memoria. Con 9 años, la pequeña M. sabe que su mamá murió cuando ella era muy chica y ha ido armando esa figura materna a partir de los recuerdos y las fotos que atesoran en el hogar. ?Le contamos qué hacía, le mostramos fotos de cuando era niña, de su cumpleaños de 15. Tenemos muy presente a Paola todo el tiempo?, apunta Maru.

La parte más brutal de la historia ha sido siempre suavizada para M. en el afán de preservar su niñez, su inocencia. Uno de los dilemas que afronta Maru por estos días tiene que ver con esos detalles que jamás quisieran tener que contar: ?Ella está más grande, va al colegio, empieza a tener acceso a Internet, y me genera una situación problemática pensar que pueda acceder a esa información. Son procesos que hemos llevado despacio, y querríamos ser nosotras quienes le expliquemos lo que ella necesite saber?.

?Como todo lo relacionado con la crianza, lo iremos resolviendo con mi mamá en el momento. Hoy queremos cuidarla, resguardarla de esa exposición para que pueda vivir como una niña más. Lo importante es que ella está muy bien?, precisa.

Un movimiento que acompaña

De los muchos avances conseguidos en los últimos años a partir de los movimientos de mujeres, Maru destaca la Ley Brisa ?sancionada en 2018?, que les permite a los hijos e hijas de víctimas de femicidios acceder a una reparación económica.

?A nivel personal puedo decir que la Ley Brisa ha sido de gran ayuda para mis sobrinos?, rescata Maru, y agrega: ?En mi caso hubo una organización (por el MST) y un colectivo que nos acompañó muchísimo, sobre todo en el ámbito judicial que fue muy duro?.

Sobre el fallo del TSJ que revisó la primera sentencia y acogió la figura del femicidio, considera que fue un gran avance para sentar precedente.

Asimismo, subraya que hubo una sensibilidad social que las hizo sentir muy acompañadas: ?Había mucha gente esperando que estuviéramos bien?, valora.

?Evidentemente hubo un cambio en el reconocimiento de la violencia de género como una problemática social, dejó de ser privada para ser algo que nos incumbe a todos. Y al mismo tiempo, fue una discusión que se fue metiendo en la agenda: cómo hablamos, qué es, cómo nos relacionamos, los vínculos que establecemos?, explica.

Y añade: ?Lo vemos en lo discursivo, donde sólo se hablaba de violencia familiar o de pareja, se reducía a los ámbitos privados. Ese abanico se abrió a raíz de este movimiento que se impulsó en las calles?, apunta.

?¿Pesa en algún momento seguir sosteniendo esas banderas?

?Y? hay momentos y momentos, pero yo no me hago responsable de todo, y eso es lo bueno de ser parte de un movimiento colectivo. Si algo aprendí es que no depende todo de mí, que hay gente que lucha desde mucho antes y que no estamos solas. Lo cierto es que todos somos parte de esta batuta, y nunca sentí presión.

Sobre el futuro, Maru tiene esperanzas: ?Hay que continuar con esta lucha para poder ver los frutos de ese cambio que van a experimentar las nuevas generaciones. El futuro tiene que ser positivo, estamos de a poco empezando a ver algo de lo que sembramos desde hace siete años y desde mucho antes en realidad. Ojalá llegue el día en el que podamos hablar de la violencia de género como algo del pasado?.

Por imperio de la Ley Brisa, según datos del Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad de la nación, desde diciembre de 2018 hasta mayo de 2021, recibieron el beneficio un total de 930 niñas, niños y adolescentes que quedaron huérfanos por femicidio. El monto corresponde al haber de una jubilación mínima.

Suscribite al newsletter

Redacción Mayo

* no spam