ABORDAJES

Territorios de juventudes: dos miradas especializadas

Aportes y reflexiones de los especialistas Javier Auyero y Sebastián Bertucelli

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Juan Federico Juan Federico 03-05-2021

Ingresar a trabajar con las juventudes en territorios heterogéneos supone un conocimiento previo de la situación social, económica, demográfica y habitacional que caracteriza a esos espacios. Algunos aportes la sociología, la psicología y el urbanismo pueden permitir un abordaje integral.

“En la medida en que los estados monopolizan el ejercicio legítimo de la violencia, está el ejercicio de la Justicia, los territorios en los que el Estado se hace cargo de esto, en esos territorios se 'civiliza', se pacifica, porque hay una autoridad. Pero en la medida en que los estados no logren imponer esa autoridad, los conflictos se tienen que resolver de otra manera. Entonces, la falta de acceso a la Justicia, a una Policía en la cual confiar, o sea, la ausencia de un Estado legítimo, da lugar a la presencia de un Estado ilícito, un Estado que es partícipe del crimen. Así, las cosas se hacen más complicadas y Argentina en eso se asemeja a otros lugares de América latina”, sostiene el sociólogo Javier Auyero, especialista en el estudio de las violencias en los territorios.

Más que hablar de “ausencia del Estado”, Auyero propone pensar cómo los Gobiernos llegan a los barrios, de qué formas, para advertir si su inserción es positiva o si sólo va a agravar la problemática.

Este análisis es completado por el psicólogo Sebastián Bertucelli, especialista en la prevención de la violencia urbana, cuyo discurso parte de un potencial concreto: mucho trabajo de campo, mucho barrio. “Contamos muertos y enfermos, hacemos promedios, contamos la pobreza y la promediamos, y nos peleamos por promedios. Luchas televisivas, de mesa chica, todos se pasan factura pero nadie se pelea para trabajar en revertir esta realidad. Estas discusiones sólo fomentan el desánimo colectivo. Los heridos del sistema son contados, son promediados, pero no son auxiliados”.

“Cuando llegás a un barrio, encontrás que hay 60 programas de violencia desperdigados, sin nadie que los articule. Se trabaja sobre violencia de género, sobre la inseguridad, sobre las adicciones, sobre la violencia intrafamiliar, la violencia escolar, etcétera, pero cada uno por su cuenta. Los programas son selectivos y normativos: hacen un recorte de la problemática y lo normatizan con protocolos de actuación. Pero hoy hay que integrar la oferta de políticas públicas. Hay mucha información disponible ya. Ahí tenés que preguntar no dónde ocurrió, sino de dónde viene el chico que lo realizó”, enseña Bertucelli.

Y continúa: “Si analizás los datos de mortalidad infantil, de abuso sexual, de adicciones, de robos, y terminan por ver, en un mapa, que todo viene de la misma área. Múltiples programas van por separado, impecablemente descoordinados, a la misma familia. Por eso digo que hay que integrar la oferta. Fortalecer las escuelas, los centros de salud. Fortalecer desde las políticas sociales: sostener lo sano y atender los primeros síntomas. Pero no se puede ingresar con un curso de 'hablemos de violencia' o una 'charla de adicciones', porque no va a ir nadie. Hay que entrar desde un mensaje positivo, desde la salud: nadie se niega a que le cuiden un chico. Desde allí, escuchando a la población, se van detectando las diferentes problemáticas, no para denunciar, sino para conocer y ayudar”.

Pero antes es necesario conocer el terreno en el que se va a intentar actuar. “Es necesario un relevamiento institucional para detectar una línea estratégica para poder implementar políticas sociales. Por dónde ingresar, qué institución va adelante y cuál va atrás: nunca una arriba y otra abajo. La delincuencia para sostenerse ha implementado un diseño arquitectónico, que dificulta ingresar en esos territorios. Por eso, hay que articular la obra pública, trabajar con el área de Cultura para que los vecinos recuperen el espacio público. A la violencia no se la previene, se la va sitiando desde la paz, la salud y la educación. A eso lo aprendí hace muchos años en Colombia. Es necesario diseñar una arquitectura urbana. Inauguran una plaza con una cancha de fútbol, pero eso no sirve, porque es sólo para que la utilicen varones, que por lo general son los más grandes. Hay que rediseñar todo, y eso involucra a múltiples ministerios entre el adelante y el atrás. Hay que polarizar el Centro, con múltiples actividades y accesos, y centralizar la periferia, para que esos lugares sean dignos para vivir. Las herramientas y las instituciones están, pero hay que poner en marcha una estrategia inteligente enfocada en microáreas. Pasar del promedio al mapa, que es el que te dice dónde está el problema y te manda a la acción”, concluye.

En ese sentido, la ONU-Habitat también propone un método de inserción pensado y honesto: “El problema de una investigación sesgada -voluntaria o involuntariamente-, es que distorsiona las verdaderas características y magnitudes del objeto de estudio, dejando afuera la opinión de algunos grupos y manipulando la opinión de decidores y oyentes. Pueden existir problemas que no son convenientes de revelar desde el punto de vista político, moral o técnico, sin embargo si éstos no se asumen difícilmente podrán ser resueltos y podrían obstaculizar el desarrollo de otras actividades. Una de las formas más propicias para validar la información y evitar sesgos es incluir en el proceso a la mayor cantidad de informantes y siempre revalidar los hallazgos con la comunidad. Esta debe estar en conocimiento de los resultados del diagnóstico y avalar las acciones que de él se desprendan. Por último, un buen mecanismo para producir información confiable es el trabajo asociado con universidades e instituciones reconocidas por su trayectoria o la seriedad de sus investigaciones, que pueden asesorar o acompañar el proceso de diagnóstico sin necesariamente involucrarse completamente en él”.

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Redacción Mayo

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