LOS PERFILES DEL PODER ECONÓMICO

De militante a empresario, Hugo Sigman condensa medio siglo de historia argentina

El empresario, dueño del grupo Insud y pieza clave en el desarrollo de la vacuna contra el Covid-19 en América latina, fue militante de izquierda en los 70 y se exilió en España. De la mano de su suegro se introdujo en el mercado de los medicamentos para construir un imperio. Por Juan Pablo Carranza
sábado, 16 de abril de 2022 · 00:00

La biografía del empresario Hugo Sigman es casi inabarcable. Se puede decir que condensa etapas clave de los últimos 50 años de la historia argentina. Desde la militancia en los 70, al exilio en España; pasando por su  regreso en los 90 y su relación con el gobierno kirchnerista, Sigman es el prototipo de profesional argentino exitoso que triunfó en el extranjero y no puede dejar de mirar al país. 

“Ojala haya muchos Hugo Sigman”, dijo una vez el exministro de Salud de la Nación, Ginés González García, en un entrevista radial, apenas se conoció que una de las subsidiarias del Grupo Insud, propiedad de Sigman, fabricaría uno de los compuestos de la vacuna contra el Covid-19 en Argentina. 

Ese anhelo de multiplicación no se contradice con la realidad. Efectivamente hay muchos Hugo Sigman. Hay un Hugo Sigman profesional de la medicina, otro empresario de la biotecnología; uno productor agropecuario, otro que disfruta de las más refinadas artes y otro más que es el vértice de un imperio que factura 1.500 millones de euros a nivel mundial. En definitiva todos terminan siendo uno.

Cuando el 12 de agosto de 2021, el Gobierno nacional anunció que el laboratorio mAbxience se iba encargar de producir el principio activo de la vacuna desarrollada por la firma sueca AstraZeneca y la Universidad de Oxford que luego se envasaría en México, el nombre de Hugo Sigman adquirió una nueva dimensión. Salió de ese pseudo anonimato del círculo rojo para convertirse en una esperanza de la ciencia y el ser argentino. El romance terminó con heridas.

 

Multifacético

Hugo Sigman es médico psiquiatra recibido de la Universidad de Buenos Aires (UBA), psicólogo social de la escuela de Enrique Pichón Riviere; ex simpatizante del Partido Comunista Argentino (PCA); exiliado en los 70; empresario farmacéutico; fundador del  Grupo Insud con presencia en más de 40 países; fabricante de vacunas; productor agropecuario y forestal; miembro de la Asociación Argentina de Criadores de Hereford; fundador de la Cámara Argentina de Biotecnología; editor de Le Monde Diplomatique para el Cono Sur; titular de la editorial Capital Intelectual; productor de películas taquilleras y amigo de personalidades internacionales como el expresidente español Felipe González o el cantante catalán Joan Manuel Serrat.

 

Primeros años

Sigman se recibió en 1969 de psiquiatra y de psicólogo social. En esos años  universitarios, de golpes militares, militancias efervescentes y proscripción del peronismo conoció a su esposa, Silvia Gold, doctora en bioquímica e hija del empresario farmacéutico Roberto Gold,  el primer motor del imperio. 

Durante los 70, simpatizó con el Partido Comunista Argentino (PCA). En ese pasado militante abreva la génesis de sus ideas progresistas. La creciente tensión política que terminó con el golpe militar de 1976, lo convencieron de exiliarse en España ese mismo año junto a su esposa y sus dos primeros hijos. 

Durante unos meses intentó ejercer la profesión en Barcelona y trabajó en el Hospital Clínico de esta ciudad. Sin embargo, después de una maestría en la Escuela Superior de Administración y Dirección de Empresas (ESADE) comenzó su cambio de óptica sobre la salud y, sobre todo, los negocios. 

 

La oportunidad

Después de rechazarla varias veces, aceptó la oferta de su suegro de participar en la industria farmacéutica. Un año después de su llegada a España fundó junto a Gold el grupo Chemo para la comercialización de fármacos, apalancado por las compras de la firma Chemotécnica Sintyal propiedad de la familia Gold.

Con un significativo préstamo de 400 mil dólares que le dio su suegro -con intereses y garantía a tasa familiar-, Sigman y su esposa montaron la empresa que sería la piedra basal del Grupo Insud: Chema. Sigman se encarga de repetir siempre que devolvió cada peso de aquel crédito. Pero además de dinero, Roberto Gold le dio un capital invaluable: su networking, su red de contactos.  

“Yo me apropié del prestigio internacional que él tenía para conseguir financiación. Si eres un desconocido, ¿por qué te van a financiar?  Máxime cuando yo no tenía capital ni tenía nada. Por supuesto, después devolví todo el dinero. Pero, sin esa generosidad, hubiera sido muy difícil poder hacer el emprendimiento”, dice Sigman en Los que dejan huellas, el libro de la consultora KPMG, uno de los principales estudios de asesorías  financieras y  jurídicas a nivel mundial 

 

El Oro de Moscú

Hay un dato central que no se debe perder en esta génesis de la fortuna de Sigman. Se trata de lo que se conoció como el “Oro de Moscú”, según cuenta en el libro con este nombre, Isidoro Gilbert.

Roberto Gold era miembro del PCA, que fue uno de los mascarones de proa del gobierno ruso en América Latina para hacer sus operaciones. 

Precisamente varias de sus principales figuras eran empresarios reconocidos e inclusive, paradójicamente, entre sus negocios figuró durante algunos años la distribución de la Coca Cola en Argentina.

Mucho del financiamiento al que accedieron varios de los dirigentes del PCA venía desde la antigua Unión Soviética.

 

Con patentes y sin patentes

Para quienes no lo saben, la clave de la industria farmacéutica está en las patentes. Fue, es y será la gran batalla de los laboratorios grandes, que buscan imponer sus regalías por los derechos de investigación y desarrollo en todo los países. 

Italia durante los 70 era la cuna del desarrollo de genéricos.  Es decir, de la fabricación de medicamentos sin patentes que sirven de materia prima para otros desarrollos. 

Sigman aprovechó este vacío. Con el préstamo de  su suegro, junto a su esposa fundó Chema se puso un pequeña empresa en Italia. Pero en 1978 el Gobierno italiano reglamentó las patentes, sancionó una ley y España, donde precisamente estaban Sigman y Gold, pasó a ser la meca de estos desarrollos genéricos sin patente. 

 

Los 90 y los brotes sanitarios

El desembarco grande de Insud en la Argentina llegó en los 90. La década que gobernó Carlos Menem fue también la del retorno de Hugo Sigman de una manera más activa al país. El 1 a 1 significó una gran oportunidad para la industria que ya conocía al dedillo.

En cierta forma, dos crisis sanitarias lo llevaron a posicionarse en el mercado local de la salud desde otro lugar, saliendo de su rol de importador de medicamentos. El brote de cólera en 1992  primero y la reaparición de la fiebre aftosa en 1994 fueron clave en su desarrollo.

Así como las patentes de los fármacos estuvieron desreguladas primero en Italia y luego en España, Hugo Sigman aprovechó ese vacío en la Argentina. Aquí el mercado de medicamentos estuvo desregulado hasta mediados de los 90. Y Sigman aprovechó ese escenario. 

En 1992 con el brote de cólera se creó la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (Anmat). Tres años más tarde se aprobó la ley de patentes.

 

El Rey del Ganado

En 1994, mientras se producía un nuevo brote de fiebre aftosa en la Argentina y otros países del cono sur, se introdujo una nueva tecnología en las vacunas para combatirla. La firma de Sigman trazó una alianza con Biogénesis y surgió Biogénesis Sintyal y terminó exportando a toda la región. 

Al día de hoy en la cuenca ganadera argentina se sigue vacunado contra la aftosa. Y esta tecnología lo llevó en 2013 a asociarse con la firma china Hile Biotechnology para proveer al gobierno de ese país del 90 por ciento de este tipo de vacunas que se utilizan en el gigante asiático.

El desarrollo de la vacuna contra la aftosa lo motivó a incursionar en otros horizontes: la producción ganadera. La especialidad de sus estancias es la raza hereford. Sus ejemplares de pelaje colorado con pecho y cara blancos fueron premiados en varias oportunidades por la Sociedad Rural Argentina (SRA). 

 

La Biotecnología y el salto

En 2006 quiso darle una vuelta de tuerca más a su incursión en la tecnología agropecuaria e intentó avanzar sobre el rubro de los alimentos. Se unió al empresario Eduardo Eurnekian y Enrique Eskenazi, para hacerse cargo de la compra de SanCor, la segunda empresa láctea de nuestro país. La incursión no tuvo éxito. 

Fue durante los 90 que comenzó a forjar un nuevo destino y se metió de lleno en la biotecnología que terminó de explotar en la última década. “La biotecnología ya está revolucionando el negocio farmacéutico. Los productos biotecnológicos representan el 15 por ciento del mercado mundial, estimado en más de 600 mil millones de dólares y se prevé que en los próximos cinco o diez años lleguen a ser el 25 por ciento del negocio mundial”, dijo en 2013, hace casi una década. 

Todavía ese mercado sigue en un gris legal,  como eran las patentes. La industria de los medicamentos biotecnológicos avanza a pasos agigantados. De los principales remedios que se comercializan en el mundo, dos de cada tres son de origen biológico. 

Hoy la medicina de precisión habla de medicamentos para cada persona. Esto lógicamente eleva los costos de producción y por consiguiente el valor del medicamento. Algunos cuestan más de 200 mil dólares por paciente al año. 

Desde el 2000 para adelante dio el salto global. “Entre 2003 y 2015 Chemo se lanzó a un raid de adquisiciones en Brasil, México, Rusia, Estados Unidos, Marruecos y Turquía, además de la formación de consorcios regionales como Altian (América Central), Ladee Pharma (Europa Central), Gold Pharma (China) y Exeltis (India), la marca que desde entonces engloba a toda la red de empresas y su centro de investigación, el Ladee Pharma Research Institute, centrado en la salud femenina”, cuentan en completísimo artículo, Alejandro Galliano Hernán Vanoli.

 

Relación con el Gobierno

Fue quizás uno de los primeros empresarios en tener simpatía por el gobierno de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. En 2012 la expresidenta estuvo en la inauguración de la fábrica en Escobar que luego sería clave para el desarrollo de las vacunas. 

Su vínculo más estrecho llegaría de la mano de la necesidad de otra vacuna: la necesaria contra la Gripe A. Fueron sus laboratorios los que en 2009 se encargaron de abastecer de insumos al Gobierno nacional. Esa gestión se convirtió en una gran amistad con el exministro de Salud de la Nación González García, con quien se reunió hace unos meses en Madrid, después del escándalo del vacunatorio VIP. 

"Era la crisis de la gripe A y no había vacunas suficientes en el mundo; nos llamaron del Gobierno para ver qué se podía hacer -explica el empresario-. Después de varias reuniones planteamos una salida 'a la brasileña': que el Estado se comprometa a comprar vacunas por 10 años. Es una cooperación público-privada por la que se logró autonomía tecnológica y sanitaria, pero que algunos leen como 'pingües' negocios", dijo Sigman una entrevista al diario La Nación, en 2018 

Durante el primer mandato como ministro de González García, el Gobierno nacional implementó el programa Remediar, que buscaba garantizar el acceso a medicamentos gratuitos a los sectores más vulnerables. Las empresas de Sigman tuvieron un rol preponderante en este programa. No obstante, siempre aclara que solamente el 1,5 por ciento de su facturación depende de los negocios con el Estado.

“Cuando dicen 'empresario kirchnerista' significa que tuviste negocios, y yo nunca recibí nada. Hicimos una inversión en un esquema de cooperación", aclaró sobre su relación en tiempos del gobierno de Mauricio Macri.

 

Las artes

Su ideas progresistas, heredadas quizás de su simpatía política en los 70, se convirtieron en sus años en Europa en una filiación socialdemócrata. 

“Nunca abandoné mis convicciones sigo creyendo que el mundo puede ser mejor. Lo que cambié fue el método para conseguirlo, porque de joven creía que el Estado debía resolverlo todo y cuando empecé a viajar me di cuenta de que eso no era realista: vi el fracaso económico de los países socialistas”, sostuvo con cierta gracia en una nota para el diario El País, de España.

En 2004 fundó  la productora K&S, junto a su socio junto Oscar Kramer. Trabó amistad con el director español Pedro Almodóvar y produjo varias de las últimas películas taquilleras argentinas de los últimos tiempos: La Odisea de los Giles, Relatos Salvajes y El Clan. También produjo un documental de José “Pepe” Mujica dirigido por Emir Kusturica y brindó soporte a filmes como Los dos Papas y el Renacido. 

 

Efedrina

En 2016 Sigman se vio envuelto en una polémica por 10 contenedores de pseudoefedrina que estaban en la aduana. Por ese entonces en la Argentina la causa por el contrabando de efedrina era una de las llaves del narcotráfico. 

La empresa tuvo que salir a aclarar que “los tambores que estaban en la Aduana y de los que hablaron los medios son de pseudoefedrina y no de efedrina”.  

“En enero de 2011 el laboratorio paraguayo Comfar adquirió a Chemo 250 kilos de pseudoefedrina  la droga fue comprada de manera lícita y estuvo declarada y tenía como finalidad proveer de ese principio activo a un laboratorio farmacéutico de Paraguay especializado en la elaboración de antigripales”, agregaron.

 

Filantropía

No es posible hablar de Hugo Sigman sin mencionar a Silvia Gold. Luego de años de compartir la empresa su esposa se enfocó en gestionar Mundo Sano, la ONG que fundó Roberto Gold a mediados de los 90 y se dedica a fomentar la colaboración público-privada para tratar enfermedades endémicas en zonas desfavorecidas. 

Este trabajo le valió al matrimonio ser nombrado  por Bill Gates, el creador de Microsoft, en una conferencia junto a las  13 multinacionales farmacéuticas más grandes del mundo.

“Bill Gates estuvo muy generoso, porque a los únicos a los que mencionó en su discurso de agradecimiento fue a mi mujer y a mí. Fue un reconocimiento internacional a la Fundación”, dijo Sigman.

 

Las vacunas

El nombre de Hugo Sigman se popularizó masivamente con la posibilidad de que su firma participara del proceso de fabricación de la vacuna contra el Covid-19. 

“El mecanismo va a ser el siguiente: nosotros fabricaremos el principio activo de la vacuna, se lo venderemos a AstraZeneca y ésta entregará el producto a la empresa mexicana Liomont, que lo envasará y lo devolverá a AstraZeneca, para que la empresa farmacéutica lo comercialice en el continente”, describió en una nota del 30 agosto de 2020. 

La posibilidad de su participación llegó a partir de la convocatoria de su amigo, el empresario Carlos Slim, que había puesto la condición a AstraZeneca y a la Universidad de Oxford que para producir la vacuna debían poder realizarse parte del proceso en América Latina. 

Las demoras de los compuestos no tardaron en llegar. Las polémicas por las entregas generaron tensiones al interior del Gobierno que había apostado en primer lugar por adquirir esta vacuna y compró 14 millones de dosis.  

Finalmente por la demora recurrió a la rusa Sputnik V y el laboratorio Richmond se convirtió en el laboratorio preferido para hacerse cargo de envasar el desarrollo de Moscú.

Tras la demoras en las entregas,  la líder PRO, Patricia Bullrich acusó al empresario de recibir “retornos” por la gestión de la vacuna. Sigman trabó una denuncia civil por daños y perjuicios por 20 millones de pesos, que prometió donar a la salud pública. 

A más de dos años de la pandemia, el nombre de Hugo Sigman se popularizó de tal forma que es imposible no asociarlo a las vacunas. Pero de aquí en adelante hay que prestarle más atención al desarrollo de la biotecnología, donde está el foco del empresario más multifacético de la Argentina.

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