ECONOMÍAS

Ángel Rosales, gerente regional del Banco Credicoop

“No se trata sólo de impulsar el crecimiento económico, desde el cooperativismo tenemos que apostar a una sociedad distinta”. Por Cecilia Pozzobon
jueves, 21 de abril de 2022 · 00:00

El actual gerente regional de la entidad financiera cooperativa más importante de América Latina se incorporó hace poco más de 30 años como auxiliar, tras la fusión de más de 40 Cajas de Crédito Cooperativo. Una carrera orientada por los principios basados en el respeto, la igualdad, la solidaridad, la tolerancia y la libertad que guían a esta organización cooperativa.

Poco podía imaginarse, hace 31 años, que desde su Neuquén natal podía llegar a ser uno de los máximos dirigentes de la entidad financiera cooperativa más importante de América Latina. Por aquel entonces, Ángel Rosales -flamante gerente regional del Banco Credicoop- era auxiliar en Coopesur, una de las entidades cooperativas en las que derivaron las cajas cooperativas de crédito luego de la reforma financiera de 1977. Desde allí le tocó ser testigo de las modificaciones que debieron aplicarse cuando, con la reforma de la Constitución nacional de 1994 se firmaron los Acuerdos de Basilea que uniformaron la regulación bancaria y obligaron a muchos de esos bancos pequeños a fusionarse en el Credicoop.

Hoy, y mientras asume desde Córdoba sus nuevas responsabilidades, conversa con Redacción MAYO sobre el banco en el que desempeñó prácticamente toda su actividad profesional, y hace un repaso de los valores y principios cooperativos que lo enamoraron y que lo encuentran en medio del debate sobre cómo construir una visión transformadora que lleve a Argentina a ser un país libre, igualitario, tolerante y solidario.

 

- ¿Qué diferencia al Credicoop del resto de la banca tradicional?

- El Credicoop es una entidad cooperativa con todas las características de una actividad que respeta esa definición. Tenemos gente que participa de la organización y no son rentados, no hay distribución de dividendos. Nadie en particular se lleva el resultado del ejercicio del año. Si hay excedentes se traducen en mejores servicios y productos para los asociados, que son más de un millón. 

Aquellas personas que quieren participar de la organización cooperativa simplemente deben abrir una caja de ahorro con el aporte de capital social de al menos un peso y ya es parte de la cooperativa. Tampoco se necesita un aporte de capital para ser parte de la condición de asociado de la cooperativa. 

Asimismo, en cada filial (lo que sería la sucursal para la banca tradicional) hay una comisión de asociados que está integrada por personas del ámbito económico, profesionales, empresarios, empresarias, cuentapropistas que se vinculan al movimiento cooperativo a partir de coincidir en el modelo de país a construir por un lado, y por el otro, ideológicamente a fin a esa idea de que hay una sola forma de construirlo y que es apostando al modelo de desarrollo del mercado interno con sustitución de importaciones. 

Tenemos gran cantidad de personas que comparten esa visión, que es algo en lo que nosotros trabajamos mucho también. Afuera no hay tanta identificación con modelos ni proyectos, sino más con una cuestión de deseo o demanda de que ‘me vaya bien’. Pero para que eso suceda debe haber un modelo económico que favorezca fundamentalmente el desarrollo de la pequeña y mediana empresa que es la que está vinculada con nosotros.

 

- ¿Cómo se hace para que coexistan un modelo comercial y un fin social solidario en una misma empresa?

- La cooperativa, desde sus inicios, tiene una visión transformadora de la realidad. Siempre buscamos aportar desde nuestra organización al mayor conocimiento e interés en lo que le pasa a los argentinos. Esa idea hace que permanentemente los asociados al banco estemos interactuando sobre esos temas. Y ahí está fundamentalmente la visión transformadora. Eso aglutina, interesa al tercero, con lo cual debimos darle estructura a todo eso para hacer que deje de ser una mera discusión. 

Para ello, tenemos dentro de la cooperativa un modelo que se llama modelo integral de gestión que establece formas de proceder en el vínculo interno de trabajo y también en el relacionamiento con nuestros asociados. Y después, seguimos los objetivos de ver cómo cada vez más nuestro banco incide sobre las realidades de la sociedad en la que estamos para que se conozca cómo funcionan los sistemas y se pueda discernir cuál es el mejor para nuestro país. 

De hecho, nosotros pertenecemos al Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos que también desde hace muchos años y fundamentalmente después del 2001, planteó en unos documentos la Propuesta Para Refundar la Nación, que tiene que ver con una serie de medidas que se deben dar lógicamente para que el país pueda salir adelante.

 

- ¿Cuán lejos estamos de ese modelo de país que pregona el cooperativismo?

- Desde nuestra cooperativa siempre sostuvimos y sostenemos la necesidad de interactuar con nuestros asociados para trabajar sobre la cuestión de la identidad cooperativa y el sentido de pertenencia, cosa que no es para nada sencilla, pero también sabemos que de alguna manera somos anticultura y que no es fácil trabajar en ese contexto, lo que nos obliga a seguir hablando, discutiendo e instalando el sentir cooperativo y la transmisión de esta herramienta de transformación.

 

- ¿Cómo llevan a cabo esa relación con los asociados?

- En nuestras comisiones hay empresarios que se apropian de la organización y salen a difundir nuestras misiones. No es lo mismo que yo como funcionario del banco diga a un empresario qué es el movimiento cooperativo, a que se lo diga un par. Son los propios dirigentes los que participan de actividades en los que difundimos nuestro ideario o planteamos un informe de coyuntura económica con el perfil nuestro o nos acompañan esos dirigentes a encuentros con foros de empresario u otras entidades de carácter social, como colegios profesionales, cámaras empresariales, gremios, universidades, y demás, en los que proponemos integrarse a la vida cooperativa.

 

- ¿Cómo se hace para integrar un empresario a la vida cooperativa y que éste pueda replicarlo?

- Ninguno de nosotros nace cooperativista. Se hace conociendo el movimiento y apropiándose de su idea. Luego uno se enamora. Le pasa a muchos empresarios que una vez que lo integramos al movimiento ve algo distinto que está relacionado con otro modelo de país y con otra política económica que tiene que ver con su tarea y se suma. 

 

- ¿Cuál es ese modelo de país que está ligado al Credicoop?

- El Credicoop tiene un claro objetivo comercial de atención a las pequeñas y medianas empresas y las entidades de carácter social, como las universidades públicas, los municipios, sindicatos y hasta entidades profesionales. Ese es nuestro mercado. No financiamos a empresas grandes y tampoco a multinacionales, porque nuestro modelo de país está claramente orientado al desarrollo del mercado interno con sustitución de importaciones. 

Creemos que tiene que haber un país industrializado para que haya empleo para la gente. Está claro que eso nos trae dificultades, pero entendemos que un modelo que protege su industria, hace que sus pymes crezcan y hace que aumente el empleo, es un modelo del  país al que todos deberíamos aspirar. Hay quienes creen que una porción de la sociedad nunca va a estar ahí y que entienden que el modelo es Chile, por ejemplo. Nosotros creemos que todos deben tener acceso al trabajo, a la educación, a la salud, a una vida digna. Y eso no es posible si no protegemos a la industria.

 

- Pero hay productos que no pueden sustituirse

- Está claro que Argentina, en algunas áreas, no tiene desarrollo. No podemos pretender ser China mañana. Está claro también que a la balanza comercial se le complica cuando empieza a motorizar la economía y hay una parte de la industria que necesita importar bienes para seguir produciendo. Es un problema que Argentina debe resolver y es tal vez el talón de Aquiles: cómo hacer para crecer en un esquema en el que los dólares siempre nos terminan faltando. Por eso también creemos que en contrapartida debe haber control estricto del tipo de cambio y controles estrictos de cómo salen los recursos del país, porque hay un problema de evasión. Ahí hay que poner la lupa.

 

- Ud dijo que no se nace cooperativista. ¿Cómo llegó a serlo?

- Hace 31 años que trabajo en el banco. Arranqué como auxiliar. Fui delegado gremial dentro del banco. También viví el proceso de fusión de los bancos cooperativos. Yo entré en 1991, cuando había un montón de bancos cooperativos, chiquitos, diseminados por todo el país, que estaban bajo la órbita del Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos, que era una federación de bancos cooperativos. 

Cuando se reforma la Constitución en la presidencia de Carlos Menem, el país ingresa en una serie de transformaciones entre las que estaba el sistema financiero y la adhesión a las Normas de Basilea, con lo cual los bancos chicos tuvieron que fusionarse para alcanzar el capital mínimo que se establecía con las nuevas normas. En el año ‘95, muchos bancos se fusionan y otros desaparecen. En ese proceso, nosotros que éramos Coopesur y atendíamos en toda la Patagonia, terminamos incorporándonos al Credicoop. Así fui adquiriendo identidad y de Auxiliar pasé a ser Oficial de Negocios Ejecutivos en Neuquén, después Gerente de Neuquén, después Gerente Zonal y me trajeron a Córdoba hace 12 años y ahora, que me nombraron gerente regional y por lo cual voy a atender todo el interior del país.

 

- En lo personal milita en política en el Partido Solidario dentro del cual hay una agrupación política partidaria denominada Empresol. Desde allí le pregunto, ¿qué piensa del fenómeno que representa Javier Milei?

- Que es algo que debe alertarnos a todos los que pensamos que un país es con todos. Para los proyectos de absoluta derecha hay una parte de la sociedad que no tiene valor. Algunos de ellos lo dicen cuando aseguran que si llegan a gobernar va a hacer el ajuste del Estado, y cuando se les plantea que pueden quedar cinco millones de personas en la calle, ellos contestan “y bueno, que salgan a trabajar”. O asocian la falta de empleo con las no ganas de trabajar de la gente, y de algunas manera los que hicieron que se perdiera la cultura del trabajo fueron los procesos de derecha, como el de Menem, o la dictadura cívico militar. Tendrán otros nombres pero son los mismos proyectos políticos.

 

- ¿Cuáles cree que son los desafíos del banco?

- El desafío es siempre ser un banco más grande sin perder nada de lo que nos hace ser un banco cooperativo. Lo que es complejo para una organización que tiene casi 280 filiales es hacerla dinámica, sin burocratizarla. El objetivo sigue siendo el mismo, prestar servicios financieros y productos los más baratos del sistema por un lado, y por el otro, apostar a esa transformación que nosotros pretendemos como cooperativistas. 

No concebimos solamente el crecimiento de la empresa, pretendemos aportar en cada uno de los lugares donde estamos al debate de lo que significa una sociedad con todos, y al modelo económico que debería funcionar en el país. Tenemos que ser más grandes para incidir más con nuestro proyecto transformador de la realidad en la que estamos. No alcanza con prestar buenos servicios, no se trata sólo de impulsar el crecimiento económico, desde el cooperativismo tenemos que apostar a una sociedad distinta y favorecer el debate sobre cómo la logramos. Si se quiere, el cooperativismo en sí mismo es casi utópico en estas cuestiones, pero hay que hacerlo convencido y con gestión. 

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