IMPUESTOS

El laberinto impositivo argentino, ¿progresivo o regresivo?

La estructura tributaria argentina es un tema de debate recurrente en todos los sectores de Argentina. A nadie le gusta pagar impuestos, está claro. Pero ¿qué alternativas hay? ¿Cuántos impuestos se pagan en Argentina? ¿Son regresivos o progresivos? ¿Son altos o bajos? Por Jonathan Raed
miércoles, 18 de mayo de 2022 · 00:00

Ilustración Chelo Candia

 

En estos días, el debate se disparó nuevamente a raíz de la intención del Gobierno de gravar un nuevo impuesto “excepcional” a la “renta inesperada”, a partir del desorden financiero global que provocó la guerra entre Rusia y Ucrania. La diputada nacional por la Ciudad de Buenos Aires María Eugenia Vidal abrió la Caja de Pandora al afirmar que en el país se pagan 164 impuestos y que con la iniciativa de la “renta inesperada” la suma se elevaría a 165. Vidal se basó en un informe del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF), que detalla la cantidad de tributos, pero la exgobernadora confundió tributos con impuestos (bien diferenciados en el citado informe) y provocó el estallido de un nuevo debate.

El Centro de Economía Política Argentina (CEPA) recogió el guante y se dispuso a separar peras de manzanas. “Un análisis simple muestra que, al menos, el 65% de los conceptos incluidos no son impuestos, sino tasas, contribuciones, derechos, fondos, cánones y otras formas de cobro por parte del Estado (en sus diversos niveles) que suelen tener asociada una contraprestación”, advirtió el CEPA.

 

Impuestos, tasas y otros tributos

Un impuesto es un tributo que se paga al Estado para soportar los gastos públicos y no contempla ningún tipo de contraprestación directa. El contribuyente lo paga y luego le regresa en forma de hospitales, escuelas, obra pública, políticas públicas, etc.

Las tasas, en cambio, no son impuestos. Son una contribución económica que tiene como contraprestación un servicio. “Esto es importante dado que la mayoría de las tasas se aplican exclusivamente si se realiza determinada cuestión (por ejemplo, la tasa por inspección de estructuras, soporte de antenas y equipos complementarios de telecomunicaciones móviles, que se debe abonar exclusivamente si se coloca una antena de estas características)”, remarcó el CEPA. En el sistema tributario argentino, las tasas son establecidas por los municipios, siendo las más relevantes (dado que representan casi el 85% de la recaudación municipal) ABL y Seguridad e Higiene.

Otro tipo de tributo son los derechos, como el “Derecho de Cementerio”, concepto asociado al mantenimiento de ese servicio.

Las contribuciones también tienen como contraparte servicios y no son impuestos. Por ejemplo, “Contribución que incide sobre el uso de playas y riberas”, “Contribución por servicios culturales”, “Contribución para servicios de justicia” y “Contribución de servicios prestados en el matadero municipal”.

Otro tipo de tributo son los cánones, que son cobros que se realizan por conceder un área para su explotación; por ejemplo, el “Canon de Riego”. El Estado pone el recurso primario y cobra un aporte por ello.

También están los fondos, que sirven para una cuestión en particular y en muchos casos se financian con impuestos ya existentes. Son 8 en total; por ejemplo, “Fondo de Emergencia por el Covid-19”.

El CEPA apuntó que tampoco son impuestos los aportes que realizan las y los trabajadores al sistema de seguridad social ni tampoco las contribuciones patronales, ya que “se trata de la financiación del Sistema de Seguridad Social, de carácter solidario e intergeneracional”. Ocurre lo mismo con el Régimen de Trabajadoras de Casas Particulares, o de Autónomos.

Respecto de los regímenes como Monotributo, es bueno aclarar que incluyen una parte impositiva y otra previsional. “En esta nueva reclasificación lo hemos mantenido en el listado de impuestos, pero cabe señalar que no corresponde su encasillamiento exclusivamente en este rubro”.

Con todo, en Argentina hay un total de 60 impuestos, 41 tasas, 27 derechos y 26 contribuciones, entre los principales.

 

Pocos impuestos nuclean la mayor parte de la torta

El 71% de la recaudación pública nacional corresponde a impuestos. De ese total, el 90% se concentra en 5 casos: el Impuesto al Valor Agregado (IVA), que aporta el 37% del total; el Impuesto a las Ganancias, que representa el 27%; el Impuesto a los débitos y créditos, que forman el 8,5%; el Impuesto a los Combustibles, el 4%, y los recursos aduaneros (incluye derechos de exportación e importación), que son el 15%.

En el orden provincial, ocurre lo mismo: pocos tributos explican el 90% de la recaudación: Ingresos Brutos, el 75,4%; Impuesto al Sello, el 8,7%; Impuesto Inmobiliario, el 8,1%; Impuesto Automotor, el 6,1%, y el resto, apenas el 1,8%.

A nivel municipal, de las 41 tasas, sólo 2 concentran casi el 85% del total de la recaudación: Seguridad e higiene explica el 48,3% de la recaudación de los municipios; Alumbrado, Barrido y Limpieza (ABL), el 37%, y el resto, el 14,7%.

Darío Rossignolo -economista de la Universidad Nacional de La Plata (UNLP) especializado en impuestos y políticas fiscales-, dijo al sitio Chequeado que “es habitual que la recaudación esté concentrada en pocos impuestos. Sin embargo -señaló-, en los países de menor nivel de desarrollo las administraciones tributarias son menos eficientes en recaudar, con lo cual existen en esos países mayores impuestos o tasas que compensen las necesidades de gasto”.

Por su parte, Marcelo Rodríguez, tributarista y CEO de MR Consultores, aseguró al mismo portal que “en general los países tienen menos cantidad de impuestos” y que “en la Argentina hay una suerte de anarquía fiscal, porque cada fisco hace lo que puede y el Estado nacional no lo restringe”.

Esta situación provoca, según Rossignolo, que existan en muchos casos tributos “cruzados”: es decir, que un impuesto y una tasa graven la misma actividad. Rodríguez ejemplifica con el caso de Ingresos Brutos: “Cada uno de los eslabones de una cadena de comercialización agrega Ingresos Brutos al precio final, por lo cual los productos tienen una alta carga impositiva”.

 

En América Latina y el resto del mundo

Según datos relevados por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en 2021, la presión tributaria en Argentina es del 28,6%. La presión tributaria se obtiene de dividir tributos sobre Producto Bruto Interno (PBI).

En América Latina, el promedio de presión tributaria es del 22,9%. Países como Brasil y Uruguay se encuentran por encima de Argentina, con 33,1% y 29%, respectivamente. En tanto, Bolivia, Chile y Ecuador se encuentra por debajo, dentro de la media, con 24,7%, 20,7% y 20,1%, respectivamente. Por debajo del 20%, se ubican Colombia (19,7%), Perú (16,6) y Paraguay (13,9%).

A nivel mundial, los números sorprenden más. En Alemania, la presión tributaria es del 38,3%; en España, 36,6%; en Italia, 42,9%; en Francia, 45,4%, y en Dinamarca, 46,5%. El promedio de Europa es del 40,4%, mientras que el promedio de OCDE para América y Europa es del 33,8%. Cabe destacar que se trata de los países más desarrollados.

En Estados Unidos, la presión tributaria es del 24,5%, apenas unos puntos por debajo de la Argentina y por encima de la media de América Latina.

 

Progresivo o regresivo, esa es la cuestión

Más allá de los porcentajes y de las cantidades, uno de los ejes principales del debate impositivo es la progresividad de los mismos. Como vimos anteriormente, el principal impuesto de la Argentina es el IVA, que se paga principalmente en alimentos, con lo cual es un impuesto pagado por las grandes mayorías, incluso de los sectores más vulnerables de la sociedad.

En tanto, se entiende como impuesto progresivo a todo aquel que recaiga en los sectores minoritarios y pudientes de la sociedad; por ejemplo, el Impuesto a las Grandes Fortunas, que en Argentina se cobró por única vez el año pasado, producto de la pandemia.

El titular del CEPA, Hernán Letcher, opinó al respecto en diálogo con Redacción MAYO: “El problema es sobre quién recae el peso de los impuestos. Nuestro problema central es de distribución regresiva del peso impositivo. Si tenés los niveles de asistencia que tiene el Estado argentino en cuanto a educación y salud, por ejemplo, no se puede tener una presión fiscal del 15%. Es imposible. Para tener una presencia fuerte, el Estado tiene que recaudar. La cuestión es cómo”.

Letcher graficó la cuestión a partir del peso de los impuestos sobre los ingresos. “A contramano de lo que está instalado en nuestra cultura, con frases típicas como ‘yo pago mis impuestos y se los dan a los vagos’, los que menos tienen son los que más destinan ingresos a los impuestos. Por ejemplo, el desocupado argentino paga mucho de impuestos, mientras que el rico paga poquito. Hay que discutir cómo mejoramos la progresividad”.

Para el economista, durante el Gobierno de Mauricio Macri ocurrió lo opuesto a lo que debería ocurrir en términos de progresividad. “Eliminó y redujo Retenciones, quitó Ganancia Mínima Presunta, redujo diez puntos porcentuales la alícuota de Ganancias Sociedades y cuasi eliminó Bienes Personales. Hizo todo al revés. Sacó los impuestos que afectaban a los sectores ricos. Durante su gobierno, la regresividad de los impuestos empeoró en 5 puntos porcentuales. Es mucho”, evaluó.

“Tenemos un sistema regresivo en buena parte por el peso del IVA. En parte, Cuenta Corriente también, y algo de impuestos internos. Los progresivos son Bienes Personales, Ganancias y Retenciones porque tributa solo un sector minoritario. En números generales, hay un 65% de impuestos regresivos y un 35% de impuestos progresivos”, finalizó Letcher.

 

Incentivos para inversiones

Otro eje central del debate es el de los “incentivos”. Desde sectores conservadores se insiste en que quitar impuestos a los sectores productivos incrementaría la actividad económica, ya que ese dinero que no se va en impuestos se traduce automáticamente en inversiones.

Para Letcher, no es tan así. “Esto significa creer que la dinámica argentina funciona por incentivos y no es así. Hay estructuras empresarias trasnacionalizadas con el único fin de evadir impuestos. Entonces, cuando se quitan impuestos lo único que se logra es aumentar la rentabilidad. Es lo que pasó con Macri. Al quitar Retenciones, no logró producir más. Se la llevaron. En cambio, si se reducen impuestos a la mayor parte de la población, sí se volcará al consumo. Quedó demostrado con Previaje, por ejemplo”.

 

El foco puesto en los ricos

El internacionalmente reconocido economista Bernardo Kliksberg (cinco carreras universitarias, dos doctorados) expuso al respecto en un trabajo Desigualdad y Políticas Públicas Distributivas, realizado por Pablo Vommaro y Roxana Mazzola, para FLACSO (Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales), en el cual compilan una serie de entrevista a diferentes especialistas de distintos países de Latinoamérica

Kliksberg puso el foco en los impuestos a la riqueza: “El Estado tiene que hacer todo lo que puede de todas las maneras, además de sus recursos genuinos, en bajar la tasa de evasión fiscal, que la CEPAL considera que es el 6,1% del PBI. Imagínense lo que se puede hacer. El 2,1% bastaría para la Renta Básica. Y además, termino con esto, ustedes han leído el llamamiento de los 87 multimillonarios que ayer nomás se suman a los llamamientos que Bill Gates y Warren Buffett han hecho en esta misma dirección. Pero ellos son muy terminantes. Encabezados por el creador de Ben & Jerry’s, por la heredera de Disney World, los multimillonarios dicen: ‘Por favor auméntenos a nosotros los impuestos. Porque no es justa para nada esta situación. Es la más injusta de la historia. Aumenten los impuestos de un modo importante, inmediato y permanente –dicen los millonarios-. Más allá de estos millonarios conscientes, está la ética más básica”.

Rosa Cañete Alonso, Directora de Análisis de Pobreza, Desigualdades y Cultura Democrática del Ministerio de Economía, Planificación y Desarrollo de República Dominicana, se preguntó en este sentido: “¿Por qué los Estados no tienen recursos, si la mayoría de la población latinoamericana siente que aporta mucho? Parte de la respuesta es que están basados en impuestos al consumo que paga todo el mundo por igual y son por lo tanto, muy injustos, porque no hacen pagar proporcionalmente más a los que más tienen”.

“En algunos países son sistemas que generan más desigualdad que la que había en el mercado antes de poner en marcha el sistema tributario. Son sistemas que tienen ganadores y perdedores, pues otorgan importantes privilegios e incentivos a los que más tienen, mientras que la clase más empobrecida puede tener que pagar un IVA cuando no tiene los recursos necesarios para subsistir. El avance de la tributación de la riqueza en la región es, definitivamente, muy limitado. Actualmente en América Latina más del 50% de la recaudación en los países depende de impuestos al consumo. El aporte de la tributación de la riqueza y el patrimonio es mínima en toda la región”, concluyó Cañete Alonso.

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