AGENDA PÚBLICA

Economía circular: “La crisis climática sólo puede cerrar con la gente adentro”

Para la agrupación Jóvenes por el Clima, es imposible la justicia ambiental sin justicia social. La dirigente Montserrat Tolaba, de 20 años, habla de los desafíos del nuevo sujeto político de la coyuntura. Por Cris Aizpeolea

Jóvenes por el Clima
Jóvenes por el Clima Jóvenes por el Clima

Foto de Jóvenes por el Clima.

Montserrat Tolaba tiene 20 años, es salteña, pero se queja de la falta de espacios verdes, de los problemas ambientales y de las políticas desarrollistas de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) como una porteña más. Es que llegó a la capital argentina hace dos años para estudiar en la universidad y en ese lapso profundizó su militancia política en Jóvenes por el Clima (JOCA), agrupación que había conocido a los 17 cuando todavía cursaba el secundario en la escuela Arturo Illia de la provincia norteña, donde ayudó a formar “el foco local” para cultivar en Argentina los mismos principios de Fridays for Future, el movimiento de la joven sueca Greta Thunberg contra la crisis climática.

“Creo que en ese momento lo primero que viví fue una interpelación generacional, porque el discurso preponderante en 2019 sobre la crisis climática era que el futuro estaba en peligro. Y entonces JOCA me hizo ver que el futuro no estaba muy lejano y que incluso ciertas consecuencias ya estaban impactando”, dice.

“Luego, hubo una segunda interpelación en relación a esas consecuencias, relacionada ya con la inequidad social. Yo venía militando en una agrupación independiente y tenía cierta noción de lo que significaba la justicia social. Fue entender que la crisis climática no iba a ser la misma para todos, que no nos iba a afectar a todos de la misma manera por injusticias preexistentes que estaban en juego”, resume.

La pandemia de Covid-19, a causa de un virus de origen zoonótico, la sorprendió apenas llegada a CABA y le confirmó que la crisis climática global podría tener múltiples dimensiones. “Me ayudó a analizar el contexto también -apunta-. La cuarentena fue un momento muy álgido para la comunicación en términos ambientales porque la Argentina estaba prendida fuego, literalmente. Durante 2020 tuvimos más de un millón de hectáreas incendiadas. Fue algo catastrófico en nuestro país”.

Aunque habla en singular, su relato no es personal sino que se refiere a JOCA, el movimiento ambientalista de construcción horizontal que tiene su centro político en CABA pero que en poco más de dos años sumó voluntades y militantes en Tucumán, Salta, Mendoza, Córdoba, Rosario y Río Negro, y cuenta ya con peso específico propio.

“Tenemos un rol a nivel nacional. Yo milito por un ambientalismo que cierre con la gente adentro. No me interesa construir un ambientalismo donde la culpa sea de la población y nos tengamos que rendir ante la catástrofe. No voy a aceptar la crisis climática como una cuestión lineal, que es el final y no se puede hacer nada. Estoy en un movimiento que cree que hay una salida. Pero es con la gente adentro”, señala.

Con voz propia

JOCA construyó su perfil hablando de crisis ambiental, pero también de economía circular y de justicia ambiental. 

“Jóvenes por el Clima organizó la movilización del 15 de marzo de 2019, que fue la primera movilización a nivel internacional por el cambio climático. En ese momento reclamamos por la declaración de la emergencia climática, y conseguirlo en el Congreso fue delimitante en nuestra línea narrativa y política”, apunta Montserrat.

“Nosotros nos reconocemos como una organización latinoamericana. Nos situamos geográficamente en Argentina y por lo tanto también construimos desde ese lado. Sabíamos que determinados discursos de Friday for Future que tienen eco en Europa no iban a tener la misma incidencia aquí para interpelar y, por lo tanto, para lograr algo.  Principalmente, nosotros lo que queremos es lograr un cambio, y la incidencia política va con la articulación de los distintos movimientos locales de la economía popular”.

-¿Cuáles son los hitos, políticamente hablando, de JOCA en estos dos años de intensa actividad?

-En principio, la declaración de emergencia climática por parte del Congreso que, de alguna forma, puso el tema en agenda. Otro paso importante fue la sanción de la Ley de presupuestos mínimos de adaptación y mitigación al cambio climático, por la cual se incorpora al gabinete nacional la Secretaría del cambio climático. Creemos que es muy necesaria para abordarlo con políticas específicas desde el Estado, que hasta hace muy pocos años ni siquiera lo reconocía como un tema a tratar. Hay una cuestión más integral ahí: abordar la política en clave de justicia ambiental no se puede hacer desde una secretaría específica, sino que debe ser transversal. Pero fue un hito importante.

-¿Qué significa hoy, en Argentina 2022, ser una joven militante por la emergencia climática? 

-Creo que vamos en la dirección que queríamos. Que hemos podido articular la demanda del movimiento ambiental con las demandas de los movimientos sociales. De alguna manera, eso que se mencionaba en 2019, que era el ambientalismo popular, que estaba en discurso, que era una consigna, terminó de tomar forma una vez que los sectores populares tomaron la bandera del ambientalismo. Creo que el sujeto político del trabajador de la economía popular, es el sujeto político del movimiento ambientalista en su rama popular, porque le pertenece al pueblo. Ha logrado conjugar que las cuestiones ambientales no están escindidas de las injusticias sociales.

-Ahí viene una frase señera de JOCA, en cuanto a que no hay justicia ambiental sin justicia social. ¿Está bien formulado así, aplica también al revés?

-Me parece que en todo caso la frase habla de esta interrelación que tienen las problemáticas ambientales con la justicia social, porque alude a la calidad de vida que tienen los ciudadanos en un determinado contexto político y económico. Si lo que queremos cambiar es el sistema de tratamiento de residuos, no podemos dejar de pensar, por ejemplo, que en la actualidad los basurales a cielo abierto están al lado de los barrios populares. Si hablamos del tratamiento de los residuos reciclables, hay que pensar que viene de la mano del trabajador que se ocupa de la recuperación de esos residuos para que vuelva al circuito de la economía, como los cartoneros y los recicladores urbanos.

-Una economía circular, en contraposición a la economía lineal que produce, consume y genera desperdicio.

-Y que es acarreada por un sector de la sociedad que ingresó a cumplir ese rol por la expulsión del sistema formal del trabajo. El movimiento ambiental tiene hoy la responsabilidad de pensar cuál va a ser el proyecto político que se tiene que llevar adelante y no únicamente en relación a cómo vamos a realizar la transición energética para dejar de depender de los hidrocarburos y pasar a energías más limpias. No es únicamente eso. Es pensar, también, qué vamos a hacer con toda la gente que hoy está recibiendo directamente los estragos de la crisis climática. 

-¿En qué consiste la sanción de la ley de envases con inclusión social, que pide JOCA y está en análisis del Congreso?

-Es un proyecto que está llevando adelante la Federación de carreros y recuperadores urbanos para que las empresas que generan envases se hagan cargo económicamente de financiar el tratado posterior. En gran medida, hoy eso recae en los integrantes de la economía popular.

-¿Con qué otro sector de la economía circular trabajan o aspiran a trabajar?

-Además de los recicladores urbanos y los cartoneros, con el sector de la agricultura familiar, para el cual hemos impulsado políticas como la ley de acceso a la tierra.

-Buenos Aires acaba de albergar la Cumbre mundial de alcaldes. ¿Cómo se piensan ciudades más sustentables?

-Mirá, particularmente en Buenos Aires, los espacios verdes en determinadas zonas son casi inexistentes. Hay una política que viene llevando adelante el Gobierno de la ciudad por la cual la Legislatura funciona como una inmobiliaria, cediendo terrenos a la construcción de edificios, terrenos que podrían ser espacios verdes. Edificios que son el contraste de las villas que existen en la ciudad, donde urge que los vecinos accedan a servicios fundamentales. Las problemáticas principales de las ciudades de hoy tienen que ver con el gran contraste.

-Los gobernantes deben decidir si alimentan la economía del pasado o la del futuro, dijo en la Cumbre la alcaldesa catalana Ada Colau. ¿Y la sociedad, qué tiene que decidir?

-La sociedad tiene un rol fundamental, porque muchas veces es legitimadora de las políticas que llevan a cabo los gobiernos. Tiene el rol de adentrarse en la vida política, de participar activamente y ser consciente de lo que ocurre. Y también hay un rol de los movimientos políticos, de interpelar a los que no son convocados.

-La ley de humedales está trabada también, ¿cuál es la lectura que hacen del Congreso?

-Cada vez que se trata la ley de humedales en el Congreso es porque el humo llega a Buenos Aires. Eso habla de la concentración del poder en esta ciudad, ¿no? 

-Próximamente, entre el 6 y el 18 de noviembre, se realizará en Egipto la COP 27 (Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2022) ¿Qué postura llevará JOCA a la Cumbre? ¿Cuáles son los desafíos regionales?

-Creemos que la deuda es con el sur. A nivel regional, aspiramos a constituir una articulación entre los distintos focos de Friday for Future (Viernes por el futuro) y saber qué pasa en otros países y compartir estrategias y experiencias. Entenderlo en clave regional. La deuda es con el sur. Los países que más responsabilidad tienen en la generación de la crisis del cambio climático son los países desarrollados. Y ahora que tenemos que transicionar energéticamente, esto es algo que miran muchos países porque en el sur tenemos recursos que si no escasean ahora, van a escasear en el futuro. Tenemos que plantearlo desde una mirada de la soberanía. El otro desafío, más que nada en el plano nacional, es consolidar y es seguir articulando las políticas con el sector de la economía popular.

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Redacción Mayo

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