Diálogos

Roy Hora: “Si no exportamos más, no vamos a crecer ni a mejorar la condición de las mayorías”

El doctor y profesor en Historia, considera que en Argentina "hay que exportar más de modo de aumentar la capacidad de importar" con el objetivo de enriquecer "no sólo la mesa sino también la canasta de consumo". Por Jonathan Raed

roy hora-web
roy hora-web Redaccion mayo
Jonathan Raed 10-11-2022

Roy Hora es profesor de Historia en las universidades más prestigiosas del país. Recibido en la UBA y con un doctorado en Oxford, escribió varios libros sobre economía política argentina. En diálogo con Redacción Mayo, analizó las principales problemáticas de la economía local y ancló su posición en una salida exportadora.

-¿Cuál considerás es el principal problema de la economía argentina?

-La economía argentina viene retrocediendo desde hace medio siglo y, en estos 50 años, su performance fue la más pobre entre las grandes economías latinoamericanas. Luego de que la sustitución de importaciones tocara su techo en la década de 1970, zigzagueó sin rumbo, sin avanzar ni un casillero. Sólo creció de manera episódica, impulsada por la inversión extranjera (en los 90) o por términos del intercambio muy favorables (en los 2000), para luego caer. Argentina tiene una de las economías más cerradas del planeta y, por ello, no ha podido explotar las oportunidades que surgen en un mundo de mercados abiertos, mucho más amigable para un país como la Argentina que el que predominó entre 1930 y la década de 1990.

Si no exportamos más, si no fortalecemos nuestro perfil exportador, no vamos a crecer ni vamos a poder mejorar la condición de las mayorías. Tampoco vamos a tener una macroeconomía más estable ni un fisco más sólido. Y no vamos a ganar en productividad, que es la base sobre la cual se asienta la mejora real de las remuneraciones y la reducción de la tasa de desempleo. Crecimiento exportador sostenido en el tiempo y mejora del bienestar popular son hoy dos caras de la misma moneda. La gran verdad es que la Argentina exporta muy poco. No es el único problema, pero es la clave para resolver muchos otros.

-Tanto con medidas ortodoxas como heterodoxas, los últimos tres gobiernos fracasaron en los intentos por contener la inflación. ¿Cómo se puede frenar la inflación?

-La inflación acompaña a la Argentina desde la década de 1950. Fue contenida con la convertibilidad en la década de 1990 y luego resurgió con fuerza; sobre todo, después de 2006-07. Mientras, por esos años, los demás países de América Latina lograban dominarla, aquí tomamos un camino equivocado, expandiendo demasiado rápido el gasto público y falseando la estadística. Entonces, volvieron a despertarse los reflejos inflacionarios de un país acostumbrado a la puja distributiva. Lo triste es que le abrimos la puerta a la inflación cuando teníamos margen para políticas más razonables. Por hacerle caso a gente como Guillermo Moreno, dejamos pasar la oportunidad y ya no hubo retorno. Me apena especialmente porque no hay grupo social más castigado por la inflación que el de más abajo. A pobres y trabajadores, la inflación no sólo les reduce el ingreso, sino que también les cancela la posibilidad del ahorro y, por tanto, del futuro. Los condena al puro presente del consumo. Desde entonces, contenerla no fue fácil porque la inflación también refleja el peso de las demandas sociales sobre un Estado débil y deficitario, y tiene su propia inercia. Ahora, en un mundo en el que tras la guerra de Ucrania la inflación ha retornado con fuerza, sería un milagro que la Argentina se convierta en un alumno destacado de la materia “combate a la inflación”, y se saque una buena nota en esta prueba. Esto significa que no soy muy optimista, al menos en el corto y mediano plazo.


-¿Cómo impactan las expectativas de las personas en general y de los formadores de precios en particular, en materia inflacionaria?

-No me parece que indagar en esta línea nos acerque a la solución del problema inflacionario. Expectativas y formadores de precios hay en todos lados, pero no en todos lados hay inflación alta y persistente.


-¿Ves a las políticas de Sergio Massa como un ajuste?

-Al borde del abismo, sin reservas en el Banco Central, sin acceso al crédito en pesos o en dólares, la política de Sergio Massa no puede sino ser más restrictiva. Pero no tiene otro horizonte que llegar a las elecciones de 2023, sin que el barco encalle o se hunda. Y no va a solucionar ningún problema de fondo.

-El salario y los ingresos han perdido mucho terreno en los últimos años ¿Cómo se hace para recuperarlo?

-No veo otro camino que apostar al crecimiento sostenido, acompañado de negociaciones paritarias libres entre trabajadores y empleadores. No veo que el Estado pueda hacer mucho, al menos por el momento. No hay margen para ninguna forma de “plan platita”. Salvo, claro, en el marco de alguna iniciativa de estabilización ambiciosa y bien coordinada, que goce de amplios apoyos en la sociedad, el sindicalismo y el empresariado. Para un gobierno que está de salida, esto es algo que debemos descartar.

-¿Qué opinión te merece la segmentación de tarifas?

-El atraso tarifario que comenzó en la década de 2000 nos metió en un gran problema del que todavía no logramos salir. Tarifas muy bajas llevaron a un consumo muy elevado y poco cuidadoso del recurso, y poca inversión en la generación y distribución de energía. Todo esto es malo para el ambiente, además de socialmente regresivo y fiscalmente costoso. Una factura mensual que para un hogar de clase media era equivalente al precio de una pizza y una coca demoró nuestro avance hacia una matriz energética más limpia y de consumo más racional de la energía. Me parece que, cuando haya más margen fiscal y político, hay que avanzar gradualmente por otro camino: en vez de segmentación tarifaria, subsidio a los hogares de menores ingresos. Sólo a los de menores ingresos. Para el resto, incluyendo a las clases medias, tarifas alienadas con los costos de producción y más incentivos para cuidar el recurso y moverse hacia energías más limpias. Mejor gastar los recursos fiscales en otra cosa como mejorar la educación pública. Como sucede (o como sucedía hasta la invasión a Ucrania) en los países a los que queremos parecernos.


-¿Cómo viste a la medida del “dólar soja”?

-Pan para hoy y hambre para mañana. 

-¿Qué rol juega el tema dólar? ¿La falta de dólares es causa o consecuencia de la crisis económica?

-La anemia del sector exportador es un problema que arrastramos hace mucho. Es un tema crucial, como ya dijimos. Sin una economía de exportación más pujante, el país no tiene manera de crecer. Ya no estamos en la década de 1940, cuando había amplio margen para la sustitución. Todas las actividades volcadas sobre el mercado interno demandan dólares, casi siempre bajo la forma de insumos intermedios y bienes de capital importados. Y la mejora del nivel de vida de las clases populares requiere muchos dólares genuinos, que toman la forma de zapatillas, vehículos o pantallas. ¿Queremos mejorar la condición de las mayorías? Hay que exportar más de modo de aumentar la capacidad de importar, enriqueciendo no sólo la mesa sino también la canasta de consumo de los argentinos. Los argentinos de menores ingresos no sólo viven de pan, verdura y carne. Legítimamente, también aspiran a muchas otras cosas. Si no crece de manera sostenida el sector exportador, no crece el mercado interno. Es así de simple. La falta de dólares no la vamos a resolver con un boom de inversión extranjera o con altos precios de la soja. Eso da para unos años y luego volvemos a los problemas de siempre. Hace falta expandir de manera sostenida las ventas externas. Esto significa que no podemos seguir pensando al mundo como una amenaza, al que sólo le vendemos lo que nos sobra. Si somos cautos e inteligentes, una mayor integración a los flujos comerciales y financieros será nuestro salvoconducto al desarrollo. El proteccionismo, en sus distintas variantes, es una ideología económica que mira hacia el pasado, que achica al país, que empobrece nuestro tejido productivo. Tenía sentido en 1950, pero ya no más. Hoy, está al servicio de una minoría.  

-Hay corrientes “libertarias” que proponen la dolarización de la economía ¿lo ves viable?

-Es un talismán que no ataca los grandes problemas argentinos. 


-¿Cuál pensás que es hoy en día el gran activo económico del país?

-Cada dos por tres pensamos que un gran descubrimiento nos va a salvar: ayer fue Vaca Muerta, hoy está de moda el litio. No somos tan ricos en recursos naturales como para crecer sobre esa base. Y eso, por sí solo, no nos resuelve los problemas de empleo y pobreza. Hay que pensar en cadenas productivas complejas, que se apoyen sobre las actividades donde tenemos recursos naturales valiosos y recursos humanos capaces de potenciarlos. Esas cadenas internacionalmente competitivas tienen que contribuir a crear un ambiente en el que otras actividades volcadas sobre el mercado interno puedan crecer y prosperar. Estoy pensando en la manufactura, que tiene luces y sombras, pero también en la economía de servicios, que es muy importante por su capacidad para crear empleo. Dos de cada tres empleos están allí.

-Se debate mucho sobre planes sociales y pobreza. ¿Se deben eliminar los planes? ¿Cuáles serían los caminos óptimos para revertir los altos niveles de pobreza?

-Es un problema complejo, que no admite respuestas sencillas. Valoro mucho el trabajo que han hecho los movimientos de desocupados desde la década de 1990 a esta parte. Pienso, sin embargo, que es momento de pensar nuevamente de qué manera tender puentes entre ese mundo de emprendimientos que sólo pueden generar empleos de bajas calificaciones y bajas remuneraciones y el mundo del trabajo formal. Llevamos demasiados años de estancamiento del empleo en el sector formal. Mi aspiración es que la economía dual que hoy impera en el país deje paso gradualmente a un mercado de trabajo más integrado, con iguales derechos para todos. Para ello, necesitamos una macroeconomía estable y crecimiento sostenido, que sirvan de puente para esa transición.


-¿Qué opinás de la iniciativa de las organizaciones sociales por un Salario Básico Universal?

-Creo que, en este punto, la prioridad argentina tiene que ser recuperar el dinamismo del mercado de trabajo. Aún si el SBU fuese fiscalmente viable, cosa que dudo, me gusta más la idea de que todos los ciudadanos de nuestro país puedan aspirar a un empleo digno y bien remunerado, como les promete la Constitución. Hacia allí tenemos que apuntar los cañones e invertir nuestros magros recursos. No alcanza para todo. El SBA es una discusión para cuando tengamos niveles más altos de bienestar y pleno empleo, no para un país con alto desempleo y 40% de pobreza.


-El sistema impositivo, ¿necesita una reforma? ¿En qué áreas o con qué orientación?

-Me gustaría un sistema más parecido al que impera en los países socialdemócratas europeos. Menos impuesto inflacionario, menos impuestos al consumo, más impuestos a la renta, más impuestos al patrimonio. Y dado que hace tanto que no crecemos, también con menos impuestos que graben la actividad productiva y las exportaciones. Es algo que no se construye de la noche a la mañana. Creo que es una discusión para más adelante, cuando la rueda del crecimiento esté en marcha y haya más margen fiscal para ensayar reformas que, como se sabe, siempre son costosas.

Suscribite al newsletter

Redacción Mayo

* no spam