Análisis

La emergencia sanitaria bajo la mirada de periodistas especializadas

lunes, 21 de diciembre de 2020 · 11:17

Imprevisión, cuarentena, contradicciones, infodemia, expectativas, restricciones, egoísmos, segunda ola, vacuna. La pandemia, su evolución y sus perspectivas, según la óptica de comunicadoras que saben de qué se trata.

 

El papel de los gobiernos y las oposiciones políticas pero también la responsabilidad ciudadana y la empatía o la falta ellas marcaron el pulso de la evolución de la enfermedad en este año 2020, no sólo en Argentina sino en el mundo entero. La influencia de muchos comunicadores y medios o la presión de determinados sectores en aras de flexibilizaciones fue casi siempre a contramano de recomendaciones de médicos y especialistas que reiteraban que la única barrera contra el Covid-19 eran las medidas de prevención, con énfasis en higiene, barbijo y distanciamiento social.

Dos comunicadoras especialistas en temas de salud respondieron a Redacción Mayo sobre tópicos que generaron controversia a medida que avanzaba la pandemia y dejaron su expectativa sobre el futuro cercano. He aquí las respuestas a los temas abordados.

 

1. La actuación del Gobierno nacional y el provincial en esta emergencia sanitaria.

“La actuación del Gobierno nacional al comienzo de la pandemia fue la correcta, al implementar medidas en forma temprana. Primero, la suspensión de las clases presenciales (lo que implica una merma de alrededor de un 25 por ciento de la movilidad de la población); después, el cierre de fronteras, y por último el confinamiento. De esa manera se logró reducir en forma drástica la cantidad de casos que venían en aumento a través de los viajeros y los brotes que se generaban a partir de ellos. Esas medidas eran imprescindibles por la situación crítica en la que se encontraba el sistema público de salud en ese momento. Ganar tiempo fue esencial para poner medianamente en condiciones hospitales y centros de salud; para incrementar en forma significativa la cantidad de unidades de terapia intensiva, respiradores, etc; adquirir equipos de protección para personal de salud, tests de detección, a pesar de la escasez global de esos insumos; y capacitar recursos humanos para hacer frente a la pandemia”. Los conceptos precedentes pertenecen a la periodista Marcela Fernández, integrante de la Red Argentina de Periodismo Científico, quien resalta que “también fue muy importante en las primeras semanas del confinamiento, que los gobiernos provinciales y locales estuvieran alineados en una misma postura con el Gobierno nacional, porque eso permitió que las medidas dispuestas se cumplieran en forma bastante adecuada”.

“Creo que fue un acierto adoptar restricciones de manera temprana: eso permitió ganar un tiempo que se aprovechó para adaptar instalaciones de hospitales, adquirir insumos básicos, organizar la logística y los dispositivos requeridos para el abordaje sanitario. Considero que, más allá del accionar de los Ejecutivos, la clase política no ayudó cuando rápidamente volvió a las disputas por temas mucho menos prioritarios. Atender una emergencia exige unidad, cohesión, porque de lo contrario es más difícil; es como si en una evacuación cada persona buscaran una salida diferente”, afirma Alejandra Beresovsky, también miembro de la Red Argentina de Periodismo Científico y quien actualmente es además asesora legislativa y del COE, Corredor Ruta 9 Sur.

“Aunque es contrafáctico, al ver el recorrido del Sars-Cov-2 en otras regiones, no tengo dudas de que sin confinamiento, sin ese tiempo de preparación del sistema de salud, y sin ese alineamiento político del comienzo, la situación hubiera sido mucho peor a la actual, porque en las condiciones en que se encontraba, el sistema de salud no hubiera tardado en colapsar, con el consiguiente incremento de muertes, no sólo por Covid-19 sino también por otras patologías urgentes que se hubieran desatendido, porque no hubiera habido recursos para asistirlos”, subraya a su vez Fernández.

 

2. Los principales aciertos y errores en la gestión pública frente a esta contingencia global.

“Entre los aciertos estuvo el de buscar comités asesores, aceptar la asistencia de cuerpos con experiencia en la atención de emergencia como las fuerzas armadas y las organizaciones civiles como Cruz Roja. Creo que fue adecuado disponer con criterio de prioridad las partidas presupuestarias de emergencia. Considero que fue un error que las jurisdicciones involucradas no homogeneizaran disposiciones y restricciones: provocó confusión y hasta situaciones dramáticas referidas a encuentros frustrados entre personas de diferentes provincias”, explica Beresovsky.

“La actuación temprana fue un acierto, así como también haber conseguido activar los mecanismos para la adquisición de insumos críticos y haber logrado aumentar en forma muy significativa la capacidad de atención del sistema de salud. El sistema sanitario no colapsó, lo que sí ocurrió en países mucho más desarrollados que Argentina, como Italia y España”, indica Fernández.

Alejandra Beresovsky refuta a quienes sostienen que aquí hubo excesivas prohibiciones o que la cuarentena se anticipó o extendió más de la cuenta. “Creo que no hubo demasiadas restricciones: una enfermedad nueva, de fácil y rápida propagación, potencialmente mortal y sin vacuna ni tratamiento, deja una sola opción para la prevención, que es la cuarentena. Podría haberse extendido menos si se hubieran cumplido las recomendaciones sobre la limitación de los encuentros sociales y la necesidad de mantener la distancia social. En los lugares públicos se puede observar que no está incorporada la práctica de mantener la distancia social. El cumplimiento de esas recomendaciones y la permanencia en el hogar fuera de los horarios de trabajo posiblemente hubieran hecho innecesarias más restricciones”.

Marcela Fernández cita los que considera principales errores: “La comunicación  fue errática, salvo al comienzo. En este punto –siempre esencial pero que se convierte en un insumo absolutamente crítico en una epidemia– el Gobierno nacional no logró mantener a lo largo del tiempo una rectoría que hiciera llegar información clara, unívoca y transparente a la población, en función de los conocimientos disponibles en cada momento, y de lo que era necesario que la sociedad supiera en las distintas etapas que fue teniendo la pandemia. Por un lado, nunca se enfatizó algo fundamental ante un virus nuevo, que es que la información que se brinda es provisoria, y que, por lo tanto, puede modificarse a medida en que se van teniendo más conocimientos sobre la enfermedad. Ejemplos, barbijos no, barbijos sí; aerosoles no, aerosoles sí.  No haber remarcado que el conocimiento científico es, por definición, provisorio,  generó ‘contradicciones’ en los mensajes, que acarrearon confusión en la sociedad, y fueron aprovechados políticamente, con consecuencias negativas en las conductas de cuidado. ­­­En la misma línea, al no mantener esa rectoría por parte de las autoridades sanitarias nacionales, salvo en los primeros meses, se multiplicaron los interlocutores que emitieron mensajes diferentes e incluso contradictorios entre sí”.

 

3. El papel de los medios o periodistas al tratar la información sobre el Coronavirus y sus consecuencias. La “infodemia”.

“Creo que en los medios no hubo la prudencia necesaria para una situación de emergencia como esta. En una situación de desastre la opinión pertinente, la que aporta, es la de los expertos. Sin embargo, fueron los que menos hablaron si se comparan con otras intervenciones. Además, se enfocó esta situación desde la lógica de la grieta y eso sumó divisiones, malestar y descreimiento. Si la población no confía en quienes coordinan una emergencia, el problema se puede profundizar y así sucedió”, apunta Beresovsky.

“Parte del surgimiento de una infodemia estuvo asociada a las redes sociales, incluido el Whatsapp. Algunos grupos –de manera organizada o no– generaron información falsa que se propagó también rápidamente. En un momento, los medios de comunicación tradicionales tenían que sumar a su actividad la de chequear información falaz difundida por las redes. También estuvo relacionada con dar espacio a voces cuya opinión no era pertinente. Lo que se recomienda en la cobertura de temas de salud es acudir a las sociedades científicas de las disciplinas de incumbencia, porque la pertinencia de las fuentes es clave. Si la pandemia se refiere a una enfermedad infecciosa, no es lo más correcto consultar con un neurólogo, por ejemplo”, explica Alejandra.

“Con respecto a la infodemia, que en lo personal prefiero llamar desinformación, fue y es notable que la cobertura de la pandemia en los principales medios audiovisuales, y en menor medida, pero también en medios gráficos, estuviera sistemáticamente a cargo de periodistas especializados en política y/o en economía, que de un día para el otro transmutaron en epidemiólogos, virólogos, sanitaristas, y más recientemente en expertos en inmunología y vacunas, y no de periodistas científicos, a pesar de ser éstos los más capacitados para comprender en forma cabal una enfermedad y una situación tan compleja, y transmitirla a la población.  Salvo en el período inicial, en que hubo consenso en transmitir un mensaje claro y fuerte a partir de un enfoque sanitario sobre la importancia de la cuarentena, después los discursos cambiaron de la mano de la política y el poder económico, que presionaron fuertemente en contra de la cuarentena y a favor de aperturas apresuradas, en contra de lo prudente o necesario desde la perspectiva sanitaria”, argumenta Fernández.

“Se alentaron acciones riesgosas o incluso la desobediencia al aislamiento o distanciamiento social, haciendo pie en el entendible agotamiento de las personas.  En cualquier caso, se fracasó estrepitosamente al no lograr que la población, y en especial el grupo etario de los jóvenes, tuviera/tenga una adecuada percepción del riesgo que implica para la vida propia y ajena el Covid-19”, advierte Marcela.

 

4. ¿Por qué, pese a todos los recaudos, se llega a este fin de año con 42 mil muertes en Argentina?

“Considero que hubo una combinación de factores: desde la escasez de insumos básicos requeridos en todo el mundo –como reactivos para los test– hasta falta de conciencia acerca de la importancia del autocuidado. Esta emergencia puso el foco también en la situación de vulnerabilidad de los adultos mayores. La extensión de la expectativa de vida ha incrementado la cantidad de población que necesita más cuidados”, afirma Beresovsky.

“Por un lado, creo que al ser un país federal, las disposiciones del Gobierno nacional tienen un impacto relativo, y eso, en una pandemia, no es un problema menor. De hecho, la cordobesa Mirta Rosés, ex directora de la Organización Panamericana de la Salud (OPS/OMS) en el marco de la pandemia de influenza H1N1, me dijo que ante estas crisis debería existir una clara rectoría por parte del Ministerio de Salud de la Nación, a lo que se deberían adecuar las autoridades provinciales”, sostiene Fernández.

“Fue absolutamente dispar el cumplimiento por parte de las provincias de las normas dispuestas por el Gobierno nacional, en algunos casos directamente en contra de lo emanado del Ejecutivo. Y eso se reprodujo también a nivel de municipios, que en muchos casos generaron aperturas de bares y restaurantes, o de shoppings, actividades que en esos momentos estaban expresamente prohibidas en decretos nacionales e incluso en disposiciones provinciales. Las flexibilizaciones prematuras fueron un factor de peso para que los contagios no se redujeran. Y aunque muchos prefieran hacer la del avestruz, no hay ninguna duda de que a más movilidad más contagios, y a más contagios más muertes”, asegura Marcela.

“Otro tema no menor y del que casi no se habla, es el escaso o nulo cumplimiento de protocolos que supuestamente son obligatorios para poder desarrollar algunas actividades que implican riesgo.  En la misma línea, va el uso obligatorio del barbijo para circular por la calle o el respeto de la distancia física, o los aforos en negocios y supermercados. A ello se suma la inexistente voluntad de gobiernos locales para controlar que esos protocolos se cumplan. Si los protocolos se cumplieran y los controles se realizaran, Argentina seguramente tendría menos casos y menos muertes”, dice Fernández, quien además resalta que el cansancio de la población después de muchos meses de haber dejado en suspenso la vida tal como la conocíamos, y con escasa percepción de riesgo, deriva en un relajamiento de los cuidados. “De todas maneras –matiza– el coronavirus está doblegando a países mucho más poderosos que Argentina, incluso a los que sortearon bien la primera ola, como es el caso de Alemania”.

 

5.  Segunda ola o rebrote, ¿estamos mejor preparados?

“Sí. Se conoce mejor al virus, se sabe más sobre las estrategias que funcionan y las que no para mitigar su impacto, e incluso a pesar de que todavía no hay un tratamiento claramente efectivo para tratar el Covid-19, hay un mayor conocimiento sobre la enfermedad. La experiencia obtenida este año es muy útil, tanto en el abordaje clínico como en el conocimiento científico sobre el virus. Además, el sistema de salud está mejor preparado que en marzo pasado. De todos modos, en materia de Covid, además de las medidas que pueda disponer el Gobierno la conducta de la población es crítica, y determinará en buena medida hasta dónde llegará la segunda ola. Y es que aunque muchas personas siguen manteniendo los cuidados, en particular los mayores de 60 o 65 años, muchos otros ya dieron por terminada la pandemia, con el riesgo que eso implica para el conjunto de la sociedad”, razona Fernández.

“Creo que ahora hay más acceso a elementos de protección personal, kits para testeos y hasta respiradores para quienes necesitan de atención en unidades críticas. También tenemos más historia en esta pandemia y esa experiencia permite identificar situaciones asociadas (desde síntomas, hasta problemas en la atención). Por otro lado, el personal está más cansado, hay equipos que trabajaron de lunes a lunes –no sólo el sanitario, sino también voluntarios, miembros de las fuerzas armadas que hacen tareas de asistencia, etc. Finalmente, el tiempo juega a favor cuando hay avances en recursos para el diagnóstico y el tratamiento y, por supuesto, la tan esperada vacuna”, concluye Beresovsky.

Acerca del futuro y la evolución de la pandemia ambas periodistas especializadas muestran esperanzas no exentas de cautela.

“El coronavirus puso en evidencia el rol y la importancia del Estado para hacer frente a una crisis sanitaria. Y de hecho, esa realidad también se evidencia en el veloz desarrollo de las vacunas contra el Covid, que en su enorme mayoría se generaron a partir de fondos estatales o sin fines de lucro, prácticamente sin participación de aportes privados. Pero soy escéptica”, puntualiza Fernández. “Dudo de que la humanidad haya aprendido algo. No parece que como especie humana vayamos a salir mejores de ésta, más solidarios o más respetuosos de la naturaleza o del planeta. Alcanza con ver la batalla campal en la que está hoy el mundo por hacerse de las vacunas, una lucha desigual en la que los países más poderosos ya acopian muchísimos millones de dosis más de las que necesitan en detrimento de los países débiles, a pesar de que al tratarse de una crisis sanitaria global, esa postura termine siendo un boomerang”.  

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