DIÁLOGOS

“Ser militantes es un valor positivo para estas juventudes de derecha”

Melina Vázquez reflexiona sobre los discursos y las estéticas juveniles que movilizan los libertarios como “capital político”, en actos y manifestaciones. Desde la venta de remeras a la circulación de libros que son furor entre las nuevas generaciones. Las críticas conviven con la admiración a la militancia kirchnerista. Por Lorena Retegui

Melina Vazquez
Melina Vazquez Redaccion Mayo
Lorena Retegui Lorena Retegui 29-08-2022

La performatividad y la estética juvenil como protesta no son un fenómeno nuevo, ni restringido a un sector o fuerza política. Sin embargo, entre juventudes de derecha (sin hacer aquí un análisis de los sectores de extrema derecha) han cobrado notoriedad en los últimos años. Desde las bolsas mortuorias que Jóvenes Republicanos utilizaron en una marcha opositora para tematizar el escándalo por las “vacunas VIP”, a las llamativas remeras que se venden en los actos políticos de Javier Milei. Así, las producciones sarcásticas, rebeldes, “incorrectas”, y en muchos casos provocadoras, emergen como estrategias para apelar, por un lado, a construir comunidades de pertenencia. Por otro, exponer el orgullo (frente al otro/opositor) de “somos jóvenes, militantes y de derecha”.

En la primera parte del dialogo con Melina Vázquez hablamos de cómo la pandemia resultó en un contexto de oportunidad política para la movilización de grupos de juventudes de derecha, y de sus agendas, en paralelo a la atracción que generan en estos jóvenes los discursos de figuras públicas o “influencers”, como es el caso del político y economista de La Libertad Avanza. En este segundo tramo, la socióloga e investigadora de CONICET reflexiona sobre el quehacer militante, a partir de las escenas performantes y los productos estéticos y culturales que se ponen en juego en los actos partidarios de sectores como lo es Jóvenes Republicanos, espacio juvenil que forma parte de una de las líneas internas del partido Propuesta Republicana (PRO) y en otras organizaciones como Pibes Libertarios o Frente Jóvenes. ¿Qué admiran y qué denigran de la militancia Camporista? ¿En qué se diferencian del activismo juvenil del macrismo?

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Archivo personal de Melina Vázquez

-En un trabajo académico reciente, con  Alejandro Cozachcow, hablás de “estética de movilización” entre los jóvenes de derecha. Contanos un poco más sobre ese concepto y qué vieron en su trabajo de campo

-Hay una idea de construir un concepto que defina a estas generaciones que abrazan ideas de derecha, que no sienten vergüenza de reconocerse militantes, jóvenes y de derecha. Por ejemplo, los Jóvenes Republicanos van a las manifestaciones con remeras; hay una cultura eminentemente juvenil porque producen las mismas remeras que encontrás en los recitales, venden remeras en la puerta del lugar donde hacen los actos contra la figura del Che Guevara o con estampas que resaltan qué es para ellos el kirchnerismo. 

A mí no me queda constancia desde la democracia a esta parte, con la excepción de la UPAI y la UCEDE, sectores de derecha que tuvieran la construcción de un discurso público donde dijeran somos de derecha y eso fuera capital político. Ser de derecha durante mucho tiempo era una mala palabra en Argentina. Y digo después de la democracia porque nos quedó esa idea de la derecha asociada al golpe de Estado. Y la producción de estas remeras es un punto interesante para poder pensar los intentos, desde su mirada, para que la derecha deje de ser una mala palabra.

 

-¿En qué medida es novedoso en la agenda de estos sectores?

-Es una innovación respecto al macrismo, por ejemplo, que se postuló en tono más clásico  de la derecha desideologizada, que te dice “no soy ni de derecha ni de izquierda”, y acá no, acá se invierte, acá es un valor positivo, y esas remeras las han utilizado para ir a las manifestaciones del 8M contra el feminismo radical y organizando espacio de mujeres liberales, que van con pancartas y remeras que dicen “el aborto es femicidio”, que hacen protestas en el ministerio comiendo ñoquis, diciendo “no me representan, cierren ese ministerio”, “gastamos nuestros impuestos en esto”. Hay que entenderlo, no denostándolo, sino comprendiendo las singularidades históricas y sociales que presenta, y las razones por las cuales sí se reconocen militantes.

En ese sentido, le reconocen al kirchnerismo haber podido generar una identificación de muchos jóvenes que se consideraban públicamente kirchneristas hasta el día de hoy, pero en pleno conflicto de campo del 2008, o en la campaña electoral de Cristina (Fernández de Kirchner) en 2011. Admiran eso y reconocen que quieren disputar un espacio propio de derecha. En el Pro durante mucho tiempo era dudosa la palabra militante y jugaban con la de ser “voluntarios”, participar; todo en un lenguaje más lavado. Acá no, acá se reconocen militantes. 

Entonces, por un lado, buscan disputar la representación política y partidaria de esas juventudes (kirchneristas y del Pro), pero, por otro lado, están en contra de la ampliación de ciertos derechos, de la organización estudiantil, de que te bajen línea y te adoctrinen. Por eso, la manera en que miran a La Cámpora y a algunas organizaciones juveniles y a algunas figuras en particular, como a Ofelia Fernández, son importantes. Esta idea de capitalizar un poco esa rabia, ese enojo, esa cosa de que son adoctrinados, o sea, en definitiva, La Cámpora es el poder y nosotros somos la rebeldía. Es muy interesante el último libro del historiador Pablo Stefanoni ¿La rebeldía se volvió de derecha?, en el que reflexiona cómo la imagen de la desobediencia y la transgresión fue adoptada por sectores de derecha, no sólo en Argentina. Con esta idea de “incorrección política”, de “ellos son los corderos” frente a nosotros que “somos los leones”, los que rugimos, los que salimos a protestar, van construyendo pares dicotómicos.  Pero detrás también hay una pregunta ¿Cómo hizo el kirchnerismo para conseguir adhesiones militantes siendo gobierno? Es una pregunta contra fáctica. Si no la hubiésemos vivido, como la vivimos, tal vez nos resultaría incomprensible que un gobierno sepa cosechar y cultivar militancia. Y no sólo el kirchnerismo, lo han hecho otras gestiones a nivel sub-nacional, también, por ejemplo, el Pro de la Ciudad, eso también pasó, de que muchos militantes entren a militar en un partido cuando su partido es la gestión de gobierno y, en ese sentido, estos jóvenes de derecha van a decir: estos son adoctrinados, estos son subordinados, estos están acallados; los que hacemos la llamada incorrección política, sobre la cual Milei habla tanto, somos nosotros. Por eso la rebeldía aparece como si fuera un capital político de los sectores de la derecha, aunque las agendas no sean actuales. 

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Archivo personal de Melina Vázquez

-En estas acciones colectivas, en este orgullo de mostrarse como militante, joven y derecha, ¿cuánto se cuela la agenda de movimientos de derecha de otros países? 

-Hay un contexto de rearticulaciones nuevas y viejas que son interesantes, y se plantean en consonancia con un clima de época internacional: estos jóvenes miran a Vox, a (Jair) Bolsonaro, a (Donald) Trump. Muchas de esas cuestiones que manifiestan en los actos y en la calle están insertas en esos contextos, y entonces no podemos pensarlo como un epifenómeno de Argentina, aunque los debates son anclajes locales: los planes sociales, la discusión con el populismo y si nos estamos convirtiendo en Venezuela, el “no queremos ser Cuba”; esta idea de “volver al mundo”. 

Todo ese lenguaje antiprogresista a nivel regional también se sustenta en estas posiciones de influencers, intelectuales que buscan producir libros y apelan a ese formato tradicional, que es el libro, y estoy hablando del libro impreso. Van a la feria del libro, buscan disputar un lugar ahí. Alvaro Zicarelli es uno de ellos, es asesor legislativo en política internacional de (Javier) Milei, y ahora está haciendo la gira de presentación de su libro (“Como derrotar al neoprogresismo”), por distintas provincias. 

Muchos de esos libros aspiran a ser eruditos. Hay colegas que están estudiando ese circuito de sociabilidad juvenil, no es lo que seguí en detalle, aunque fui a algunas actividades y en mi análisis tendría algunas diferencias de interpretaciones de algunas nociones, pero más allá de eso, son libros eruditos, que recuperan teoría social, por ejemplo. La presentación de Agustín Laje en la feria del libro fue multitudinaria. Hay una apuesta por mostrar que leen, que estudian; de hecho, muchos de los militantes que entrevisto hacen alusión todo el tiempo a que se compraron tal libro de economía, “me quiero formar”, “quiero estudiar”, después estudian en otro tipo de lugares respecto de otros militantes, hay una clara diferenciación, pero en los actos políticos hay editoriales libertarias que van y exponen sus libros y hay una idea del libro como herramienta de formación política, con usos y apropiaciones diferenciales. Hay un lugar del libro y de una derecha ilustrada que en algún momento la Argentina también tuvo. Aunque muchos son muy jovencitos, y recién están iniciando las lecturas, hay otros jóvenes que han leído mucho sobre la historia de las derechas en Argentina y en América Latina y te sorprendería, por eso digo que hay que comprenderlos en su mirada histórica y en qué clima y ciclo político pasa esto. 

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Archivo personal de Melina Vázquez


 

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Redacción Mayo

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