En Sensa

Más cuentos, otras formas

La era digital de la TV, con las series en la punta de las preferencias, también produjo cambios en las formas de contar. Recomendaciones para ver en Sensa
viernes, 23 de octubre de 2020 · 15:42

El primer fenómeno se dio con la explícita conversación entre creadores y audiencias a través de foros de internet y ahora redes sociales. La lectura de algoritmos para dar cuenta de las preferencias y, así generar contenidos acordes a cada nicho, es la última sofisticada forma de crear, por ejemplo, una serie. Así y todo, otros advierten que la digitalización de todo el proceso es solo un nuevo recurso técnico que amplió las posibilidades estéticas y formales, no algo nuevo. 

En “El celular de Hansel y Gretel”, el editor y escritor Hernán Casciari plantea un dilema no menor y llega a una conclusión temeraria: se pregunta qué hubiera sido de la literatura si hubiese existido el celular y, sin dudar, advierte que se hubieran truncado las mejores historias universales. 

“Cuántos clásicos habrían perdido su nudo dramático, cuántas historias hubieran muerto antes de nacer, y sobre todo qué fácil habrían solucionado los intríngulis más célebres de las grandes historias de ficción”, dice el creador de Orsai.

Esta afirmación tan contundente tiene sus bemoles. Para el caso, Game Of Thrones tenía a sus cuervos que funcionaban como un correo de entrega inmediata de las últimas novedades en Westeros. Y parece olvidarse Casciari que el arte da cuenta de su tiempo. Que lo haga mal es otra cosa. 

Al respecto, Ricardo Piglia, en su célebre ciclo “Escenas de la novela Argentina”; se refería a la relación de la literatura argentina con los avances tecnológicos de la época. Desarmando por completo el argumento Casciari.

A modo de síntesis, el autor de Respiración Artificial advierte los movimientos en los que mientras la novela masiva “pierde” ante el avance del cine, surge la experimentación narrativa; cuando la industria cinematográfica se ve amenazada por la aparición de la televisión, el cine de autor es la salida. Y el último movimiento registrado en su reflexión refiere a Internet como la gran amenaza a la televisión lineal: y es aquí cuando la legitimación cultural llegó a través de las series. 

Las modalidades narrativas, sin embargo, no triunfaron a través del hipertexto narrativo -una profecía que tienen más o menos una década, pero que no se concreta más que en alguna experiencia al estilo “elige tu propia aventura” no muy feliz- sino gracias a la aceleración y la disponibilidad de la que venimos hablando.

¿Cómo se traduce lo digital en el relato? ¿Cómo se cuentan los nuevos clásicos, nuestros Hansel y Gretel, potenciados por lo digital en su producción y dando cuenta de la digitalización del mundo? 

En lo que sigue, algunas series y también películas que pueden ver en Sensa que lo hacen muy bien, o al menos, plantean preguntas al respecto. 

Devs (Fox Premium). La ciencia ficción, en algunas de sus variantes, se ha ocupado de cómo la tecnología puede disponerse a favor o en contra de la humanidad. También, el dilema de cómo aparentes ideas geniales pueden ser nocivas para el resto de los humanos cuando un millonario megalómano se propone algo, y lo logra, con consecuencias impensadas. Esa es una de las posibles claves de lectura de Devs, la creación de Alex Garland -Ex_Machina, Aniquilación-.

Con solo ocho capítulos y un ritmo cansino y opresivo, la historia sigue a Lili, una ingeniera informática empleada en una gran compañía de Silicon Valley, cuyo novio desapareció. 

Hasta ahí todo lo que se puede contar sin arruinar la trama.  

Garland con esta serie se mete con dos cuestiones importantes: la primera pomposa y de orden filosófico: el determinismo y la posibilidad de que la tecnología intervenga en esa idea de que todo es causa y efecto para cambiar el orden de las cosas y, por ende, limitar el libre albedrío de las personas. Y, por otro, la problemática acumulación de poder de las compañías tecnológicas y sus posibilidades de intervenir de manera directa en la vida de las personas, aunque en Devs se vaya un poco más allá de la simple orientación de compra según preferencias dadas en redes sociales.  

La serie tensiona los aspectos psicológicos, filosóficos y tecnológicos del proyecto que desarrolla la compañía -Amaya, una protagonista más- desde una mirada crítica: la peligrosidad de la acumulación del poder técnico cuando no hay ningún tipo de regulaciones en protección del bien común, por fuera de la ley.

Lo siniestro, así, se metaboliza con las motivaciones personales de quienes detentan el poder en Amaya, cuyo CEO solo persigue “algo” que lo atormenta y tiene que ver exclusivamente con un hecho trágico de su vida privada. 

El ejercicio intelectual detrás de Devs, más allá del aspecto melodramático, lleva a reflexionar sobre cuál es el control sobre los desarrollos técnicos- intelectuales de quienes acumulan inteligencia y dinero y cuyos logros, gracias al estadío de desarrollo de la tecnología, pueden efectivamente cambiar el rumbo de las cosas. 

En tiempos que pululan las teorías conspirativas, más allá de la plausibilidad de lo planteado -sigue siendo ficción-, Devs borra los límites entre lo digital y real y plantea un dilema ético y moral que tiene mucho de religioso: es más, los paralelismos están subrayados todo el tiempo, para, finalmente preguntarse: ¿puede la tecnología, como un dios vengativo, apropiarse de nuestra humanidad?   

En ese punto, los vínculos con la trilogía Matrix de las hermanas Wachowski son evidentes. 

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Matrix (reposición en señales en vivo). Para algunos lectores implicaría un volver a ver estas películas que están disponibles en Sensa en vivo, y con seguridad, los años y cambios transcurridos darán una nueva perspectiva a esa historia tan innovadora y profética que, como Devs, apeló al simbolismo religioso para dar cuenta de la gran disyuntiva respecto a qué es lo real, en un mundo previo a la casi absoluta digitalización de las prácticas cotidianas.  

La construcción de una simulación computacional y la guerra por el control de ese universo digital que propone Matrix aparece, a pesar del uso que los grupos de derecha radical están haciendo de ese universo narrativo, como una sofisticada premonición de los avances tecnológicos. 

La historia es la de Neo (Keanu Reeves), un programador al que le asignan la misión de salvar a una humanidad que ha sido esclavizada por las máquinas. Esa inteligencia artificial se nutre de las personas que han quedado en un limbo. 

La idea misma de que vivimos en una realidad virtual y nuestras acciones son controladas por un ente superior informático, y la historia de la resistencia para dar de baja ese “programa”, se emparenta de manera directa a decenas de cuestiones que se viven hoy en lo cotidiano respecto al uso y abuso de nuestros datos por parte de las compañías para influir en nuestra voluntad así sea para que compremos tal o cual reloj, viajemos a determinado lugar o votemos a algún candidato.  

De nuevo, como en Devs, la conexión entre tecnología y espiritualidad aparece como un eje central porque, al fin y al cabo, la pregunta es sobre la existencia y quién la controla. Y la posibilidad de despertar de la alienación del consumo dirigido por algoritmos, que parece ser uno de los problemas de esta, nuestra época.

Volver a ver Matrix en tiempos de la predominante presencia de las redes sociales y nuestra permanente conexión al mundo a través de teléfonos y computadoras puede resultar un ejercicio de empoderamiento interesante. 

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Red Social y Axios S3E13 (entrevista a Mark Zuckerberg). Al respecto, también encuentran en el catálogo de Sensa la resistida Red Social (en vivo) y la entrevista del ciclo A al protagonista de la película, Zuckerberg, parte del ciclo Axios. 

El creador de Facebook y propietario no solo de esa plataforma sino también WhatsApp, Instagram entre otras aplicaciones en las que pasamos decenas de horas al año, resume en su figura las disyuntivas de las sociedades actuales respecto a lo que se planteaba anteriormente con la “profecía” de Matrix.

A diez años de aquel retrato anticipado de la figura del creador de la red social más popular sirve también una relectura sobre la base de los cuestionamientos surgidos en los últimos tiempos a su influencia en temas que van mucho más allá de reconectar con un ex de la adolescencia. 

La película de 2010 dirigida por David Fincher y guionada por Aaron Sorkin se propuso contar, desde un punto de vista bastante cínico, una historia en la que el emprendedor Zuckerberg, convertido en el billonario más joven de la historia, no queda muy bien parado. 

El mito del origen de Facebook cuenta con apropiaciones de ideas, egomanía y una gran inteligencia de un tipo bastante solitario y obsesivo puesta al servicio del desarrollo de una red que cambió la forma de relacionarse de buena parte del mundo. 

Fue una crónica, no aprobada por el protagonista, hecha al calor de los sucesos. 

El tiempo transcurrido, como con Matrix, permite una relectura, incluso en tiempos de pandemia: la ilusión de la conexión real a través de “amigos” a quienes les “gustan” nuestras cosas es el aspecto menos trascendente en términos políticos del rol que Facebook cumple hoy a través de su poderosa influencia a través de la publicidad encubierta, el uso de datos privados -que cedemos ilusamente- y las acusaciones de diseminación de noticias falsas y discursos de odio sin ningún tipo de filtro, a pesar de los compromisos para que esto no suceda.  

Como contrapartida, encuentran también en Sensa una entrevista al “villano” retratado en Red Social. 

El capítulo 13 de la tercera temporada de Axios le da la oportunidad de poner en discusión el plan de la plataforma para regular el discurso de odio que se multiplica en Facebook así como la desinformación y las acusaciones de interferencias en las elecciones. 

Zuckerberg llega a decir que es 'simplemente incorrecto' considerar a Facebook como una cámara de eco de la derecha más reaccionaria. También se expresa en relación con la idea de libertad de expresión que maneja la compañía, entre otras definiciones importantes respecto a la actualidad de Facebook.  

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The Third Day. Lejos de cualquier conexión a Internet o a la vida moderna tal cual la entendemos transcurre esta serie protagonizada por Jude Law y Naomie Harris. Sí está el elemento religioso, como en Devs, y la concreción de una verdadera desconexión, no solo geográfica y tecnológica sino también emocional. 

Los seis capítulos disponibles para ver en Sensa se dividen en dos partes: primavera y otoño. La primera protagonizada por Law y la segunda por Harris, aunque conviene no revelar cuál es la conexión entre los dos.  

La isla de Osea es el lugar que visitan. Sus intrigantes habitantes son, sin dudas, una secta que se nutre de distintos cultos y que pondrán en jaque a estos visitantes quienes, por ejemplo, se quedan sin conexión al teléfono celular y hasta sin posibilidades de salir de la isla. 

Una primera lectura podría emparentarse con The Truman Show o El Hombre de Mimbre, pero la potencia de The Third Day pasa por las homologaciones entre la desconexión de todo en pleno siglo 21 mientras se transita un duelo. 

Este thriller psicológico se aprovecha de la aparente normalidad que nos da la conectividad, hasta que nos falta, y la vida se complica, sobre todo cuando te acechan los miembros de un culto obsesionado con la búsqueda de un padre, o un dios pagano.

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