POLÍTICA

El jardín de Pepe Mujica

La gran figura de la política uruguaya renunció a su banca de Senador
martes, 3 de noviembre de 2020 · 15:15

La gran figura de la política uruguaya y uno de los grandes referentes latinoamericanos, renunció a su puesto en la política institucional. A los 85 y después de una vida extraordinaria, dejó palabras contra el odio y el rencor.  Es el presidente honorario de la Fundación COLSECOR.


Un jardín puede ser espejo del alma de las manos, del pecho y también de la palabra que nos dicta la conciencia de existir. Y siempre se trata de lo que sembramos.

Es que de lo que sembramos tenemos la certeza de la intención, de la vocación, del sentido con el que creemos entender la vida y en consecuencia, del sentido que queremos darle. No sabemos muy bien qué es lo que vamos a cosechar, ni si nuestras intenciones fecundarán o agonizarán finalmente en un mundo que se queda sin aire para que prosperen los brotes de buena voluntad, que se abran la ramas de los árboles de la dignidad, de la justicia en cualquiera de sus fases: social, económica, existencial.

“Tengo mi buena cantidad de defectos. Soy pasional. Pero en mi jardín hace décadas que no cultivo el odio. Aprendí una dura lección que me puso la vida: el odio termina estupidizando porque nos hace perder objetividad frente a las cosas. El odio es ciego, como el amor, pero el amor es creador y el odio nos destruye”.

De todas las frases cargadas de sabiduría que José Pepe Mujica dijo hace unos días al renunciar a su banca en el Senado de Uruguay, esta es la que acaso más ha quedado resonando. 

Es que en este tiempo en los que el odio, la diferencia, la miseria y las pretensiones de pequeñas ventajas no nos permiten ni siquiera ponernos de pie en conjunto para enfrentar algo tan obvio y destructivo como la pandemia.

Un viejo sabio no es simplemente sabio porque es viejo, aunque la sabiduría es un asunto que suele acumularse a medida que se va viviendo. 

Pero se acumula no sólo con los oídos y la mente abiertos, sino con el corazón de par en par, para que lo vivido, la experiencia tenga un destino fecundo. “Para mí la política es el arte de extraer sabiduría colectiva poniendo la oreja”, dijo alguna vez.

Al final de sus días de política institucional, expuso en palabras los mejores frutos de su jardín, de la cosecha que los años de luchar, pensar y observar dejaron.

 

Presidente de la sencillez

Este montevideano que apenas terminada su niñez vendía flores para ayudar a su familia,  que se sumó al calor de los años ‘60 al movimiento guerrillero Tupamaros, que estuvo preso, huyo y volvió a estar preso soñando con tener una chacra, un día de noviembre de 2009 un elegido presidente después de una larga militancia en el Frente Amplio, para gobernar hasta 2015.

“He pasado de todo en la vida. Estar seis meses atado con alambre con las manos en la espalda; irme de cuerpo por poder aguantar en un camión y estar dos días o tres; estar dos años sin que me llevaran a bañarme y tener que bañarme con un frasco, con una taza de agua, con un pañuelo, he pasado de todo pero no le tengo odio a nadie", relató el líder uruguayo en su despedida.

Fue el presidente de la sencillez, el que atrajo los ojos del mundo por su manera despojada de vestir, de andar, por manejar su viejo "Escarabajo", por sus medias a la vista y sus zapatos sin lustrar. 

 

Por su raro protocolo de hijo del pueblo. 

Pudo haberse visto como un rasgo pintoresco, como un excéntrico en el poder, pero tenía un profundo sentido, un sustento de filosofía amasada con el compromiso: vivir de la manera en la que vive la mayoría de los uruguayos, y no por el hecho de ser presidente pasar a asumir el estilo de vida de la pequeña minoría poderosa.

Y sobre esa manera de asumir la cosa del poder, dejó un trazo en palabras que pinta tantos derroteros, y no sólo en la vida de los políticos. “Es bueno vivir como se piensa... De lo contrario, pensarás como vives”. 

Sí, tantas veces vemos historias en las que el hecho de sumergirse en un estilo de vida que incluye abundancia, privilegios y relaciones con el poder económico, hace que finalmente terminen al servicio de otras ideas y otros intereses.

En su presidencia, no sólo su modo atrajo las miradas del mundo. También algunas leyes que salieron al cruce de grandes cuestiones de la época, como la despenalización del aborto, el matrimonio igualitario y, especialmente, la legalización de la marihuana.

Para los argentinos, en tanto, representó un soplo nuevo de relaciones cordiales a continuación de la crisis por la instalación de las pasteras en Fray Bentos. Pero, además, no siempre fueron sencillas las relaciones con Uruguay

Mujica siempre se interesó en el peronismo. Ha dicho, por ejemplo, que es un fenómeno que la izquierda uruguaya “vio mal y de manera tardía”. En una entrevista con el periódico digital uruguayo “La Diaria, sostuvo: “¿Ustedes quieren entender el peronismo? Van mal, el peronismo es un sentimiento. Le da en el clavo Leonardo Favio: el peronismo es eso, un sentimiento”.

Y no ha dejado de tener presente a la Patria Grande. El día de su asunción como presidente (1° de marzo de 2010), dijo: “Somos una familia balcanizada, que quiere juntarse pero no puede. Hicimos, tal vez, muchos hermosos países, pero seguimos fracasando en hacer la Patria Grande; por lo menos hasta ahora. Nosotros no perdemos la esperanza, porque aún están vivos los sentimientos: desde el río Bravo a las Malvinas vive una sola nación: la nación latinoamericana”.

 

La paz del viejo luchador

Explicó que lo echó de la función publica la pandemia, sumado a su edad (85) y alguna vieja dolencia. Es que no concibe la acción política sin estar en contacto con la gente, entonces se fue; ahora se imagina más bien como un integrante de aquellos míticos consejos de ancianos. Porque pensar, sentir y decir serán sus últimas e imborrables pasiones.

En Argentina, lo sabe especialmente la Fundación COLSECOR, que lo tiene como presidente honorario, como emblema.

Por la chacra en Rincón del Cerro que comparte con su compañera de luchas y de agricultura, Lucía Topolansky (ex vicepresidenta de Uruguay), pasan legiones de visitantes en busca de algunas de sus frases sabias, una foto o simplemente a dejarse llevar con su modo de estar y de ser.

De arrullarse con esa paz de viejo luchador que transmite en las pausas de su charla, la voz ya cargada por el peso de tanta palabra dicha. Y esa sonrisa que siempre sale a flote de sus labios.

“La política es la lucha por la felicidad humana”, dijo en su discurso de despedida. Y para los jóvenes, dejó otro paradigma del éxito, que va mucho más allá del dinero. ”Triunfar en la vida es poder levantarse y volver a empezar cada vez que uno cae".

Al final, su larga historia y sus títulos se resumen en su condición de humanista. Y ese humanismo es que lo proyecta por encima de las diferencias políticas e ideológicas.

En el jardín de “Pepe”, el nombre con el que se ha hecho tan cercano en tantos labios, están plantadas semillas de humanidad, la esperanza de que la especie será capaz de ordenar la convivencia y compartir sus recursos para poder seguir andando en esta tierra.

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