DEBATE

La grieta viral y global

miércoles, 9 de diciembre de 2020 · 10:42

Durante los meses que llevamos de pandemia, como si se tratara de otros virus descontrolados, los fanatismos parecen haberse potenciado en las redes sociales y a través de las pantallas, que ganaron horas y espacio en cada hogar que tuviera una conectividad más o menos estable. Y no se trató de un fenómeno meramente argentino.

Así, en sus argumentaciones más alienadas, la ultraderecha española de Vox vio y ve “comunismo explícito” en las restricciones preventivas dispuestas por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, tras el rebrote del virus en el umbral de otro invierno boreal. 

La ultraderecha gala opina parecido sobre los toques de queda dispuestos semanas atrás por el presidente francés, Emmanuel Macron, y los grupos neonazis o ultras alemanes fustigan en las calles los controles ordenados por el “neosocialismo” de la canciller Angela Merkel. 

En Argentina, no faltaron las marchas y reclamos de la principal coalición opositora contra la cuarentena dispuesta por el gobierno. El Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio (Aspo) –que aunque pronto en buena parte del país se convirtió en Distanciamiento (Dispo)–, llegó a ser definido por sectores afines a Juntos por el Cambio y voces ultraconservadoras como una “infectadura”. Todo un despropósito para un país donde el terrorismo de Estado contó con el guiño de algunos de quienes hoy rasgan sus vestiduras en nombre de la institucionalidad y las garantías supuestamente atropelladas en aras de evitar males mayores. 

La pugna entre derechos individuales e interés público o general, disparó debates no sólo por estas pampas, sino en el planeta entero. En algunas naciones, como China, la mano férrea y coercitiva del Estado tomó decisiones drásticas y sin contemplaciones. El control casi total o total del virus en el lugar donde habría comenzado todo podría ser motivo de unánimes elogios, pero la opacidad de algunas medidas y las draconianas soluciones que este país ha tomado ante otras crisis imponen cautela a la hora de evaluar su logro sanitario. Algo similar ocurrió con naciones a las que –ya sea por las costumbres de su gente o ubicación, cantidad de población y condiciones geográficas de esos estados– les resultó más simple el “combate” a la enfermedad. 


Rebrotados 

La pandemia sólo atenuó fugazmente la grieta, que pronto se reinstaló recargada. Eso se palpó en la ciclotimia de los mismos dirigentes, medios o comunicadores que pedían más aperturas y “aprender a convivir con el virus” pero pasaron de inmediato a resaltar que Argentina entraba en el top ten de los países con más decesos (hoy está undécima) o a que no se podía dejar todo librado a la responsabilidad de los ciudadanos. Las marchas anti-cuarentena, contribuyentes de muchos brotes y contagios en pleno pico de casos en el país, sumaron además a sectores que quizá no hayan sido los más golpeados por este año de tragedia global.

Los de más abajo, acostumbrados quizá a luchar por su supervivencia, no ocuparon espacio en tantas portadas ni dispusieron de tantos segundos en medios audiovisuales. Ellos tampoco cuentan con redes sociales que amplifiquen o “viralicen” a diario sus reclamos o estados de ánimo. Fue curioso, o quizá no tanto, que en sus reivindicaciones de libertades, hubiera signos y reclamos similares (las banderas por ejemplo) entre los “banderazos” argentinos y las manifestaciones de los neofranquistas de Vox en España, de los seguidores de Jair Bolsonaro en Brasil o los fanáticos de Donald Trump en Estados Unidos. 

Los sucesos acaecidos tras la muerte de una figura tan popular y mítica como la de Diego Armando Maradona, con decenas de miles de personas volcadas a las calles para un sentido último adiós que no tuvieron tiempo de dar todos y todas, pusieron en papel de celosos inquisidores del distanciamiento a muchos de quienes habían fogoneado antes todas las concentraciones antigubernamentales. Y muchos de quienes defendieron hasta entonces los controles para evitar el desmadre justificaron estos ríos desbordantes de gente y dolor como imposibles de contener. A diferencia del Covid-19, para las grietas no se avizora todavía ninguna vacuna cercana.

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