Análisis

El "crisol de razas" y otros mitos argentinos

Realmente ¿los argentinos descienden de los barcos? - Por Marcelo Taborda
lunes, 3 de agosto de 2020 · 09:30

“La Argentina es un crisol de razas”; “En este país, por suerte, no hay racismo”; “Los argentinos descienden de los barcos”. Estas frases, y muchas otras que reflejan a autores y momentos diversos, se repiten año tras año cuando se aborda el tema migratorio. Hay quienes, sin embargo, refutan o cuando menos relativizan aquellas sentencias que políticos en campaña o comunicadores influyentes suelen repetir como un mantra.

“El concepto de ‘Crisol de razas’, al igual que ‘La Argentina, tierra de promisión’, o ‘El granero del mundo’, son metáforas vinculadas al modelo de expansión del desarrollo agropecuario de principios del siglo XX. Con ello se pretendía reflejar las características de un país integrado, aún en su heterogeneidad,  que vivía el optimismo del progreso y la evolución. Con el tiempo, esos conceptos fueron dejados de lado en virtud de la invisibilización de otras poblaciones y de otras realidades socio-culturales que quedaban fuera del tren del progreso. Hace ya varios años que el concepto que se utiliza es el de pluralismo cultural para dar cuenta de los diferentes actores que configuraban a la sociedad de fines del siglo 19 y principios del siglo 20”, considera la historiadora Alicia Servetto.

“La del ‘Crisol de razas’ es una metáfora que denota toda una concepción de la sociedad en términos de cierta armonía; de una integración sin conflictividad social. También hay otra imagen que es el crisol de razas hecho trizas, ¿no?… Entonces, aunque es puesta en jaque, la metáfora del crisol  tiene que ver con una idea armónica de sociedad donde las distintas culturas confluyen de un modo no conflictivo. La historia muestra, sin embargo, que siempre hay conflictos basados en las relaciones de clase, género, raza, etnia, y eso también es parte de toda sociedad nacional”, expresa el especialista en Sociología de las Migraciones Eduardo Domenech.

Siempre hubo una estratificación de la población extranjera. Una primera gran estratificación o división de esa población inmigrante responde a aquella proveniente de Europa, es decir la migración transatlántica; y después la migración de los países limítrofes, que adquiere mayor visibilidad hacia las décadas finales del siglo 20. Es ahí donde la mayoría de las leyes –con la región en un contexto de dictaduras militares–, se vuelven represivas, criminalizantes de la migración. Y eso determinó de algún modo una concepción sobre la migración, pero también sobre el orden social, político, económico”, alega el investigador.

Marta Guerreño, presidenta de la Unión de Colectividades de Inmigrantes de Córdoba, que nuclea a unas 45 instituciones, y titular de la Red Nacional de Líderes Migrantes, derriba también algunos mitos y preconceptos.

“Aquí hay quienes se creen eso de que ‘los argentinos descienden de los barcos’ y prácticamente niegan a sus ancestros negros y originarios. Esa visión tan eurocéntrica que tienen de sí mismos hace que se considere de primera clase a los inmigrantes europeos, con todo lo que ello conlleva”. En esa escala discriminatoria, “luego vendrían algunos países latinoamericanos considerados como más ‘fashion’, tales como Venezuela, Colombia, Cuba, Brasil; después, los más blancos, como Paraguay, Chile y Ecuador Al último quedarían los latinoamericanos con rasgos originarios, Bolivia y Perú, y después los negros”, denuncia Guerreño.

 

Abiertos pero discriminadores

Argentina es abierta y a la vez discrimina. La mayoría pretende que los de afuera ‘aprendamos’ y hagamos lo que cada argentino para ser aceptados. No se dimensiona la gran riqueza de la interculturalidad. Si hubiera respeto y consideración por la gran cantidad de culturas que conviven en el país y nadie tuviera que ocultar sus ‘saberes’ y tradiciones para ser aceptado, Argentina sería un gran territorio intercultural, ejemplo para otras naciones, ya que hay más de dos millones de saberes que vienen al país a ofrecer sus conocimientos”, asegura quien desde hace 23 años asiste de manera integral a inmigrantes.

Por varios motivos, Guerreño resalta y diferencia el trabajo de la UCIC y la defensa que esa entidad hace de los derechos de quienes buscan radicarse en el país. “No hay muchas instituciones que trabajen estos temas. Sí hay muchas colectividades que se preocupan y se dedican a las danzas, la gastronomía y la difusión de culturas. Esto ocurre generalmente porque las autoridades de esas instituciones no son extranjeros sino hijos, nietos o bisnietos de inmigrantes, que no dimensionan lo que afecta el desarraigo y el no ser nacional. Como son argentinos que gozan de todos los privilegios de ser nacionales no se ocupan de los temas que sí afectan a quienes tienen escrito en rojo y con mayúsculas EXTRANJERO en su DNI argentino”, sentencia esta médica paraguaya que hace más de tres décadas eligió a Córdoba como su destino.

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