EDITORIAL

El plan de una Argentina con millones de planes

Los planes actuales ponen en evidencia la falta de un plan de largo plazo que permita salir a los habitantes empobrecidos del cuadro de situación actual. Millones de planes y ni un solo plan. Por Alberto Calvo
martes, 13 de julio de 2021 · 07:00

A las complicaciones de las agendas económicas y sanitarias, la antesala electoral agrega nervio y crispación. Sólo de palabra hay acuerdo en que debería generarse más y mejor trabajo para que el país salga adelante, porque -en los hechos- el único crecimiento sostenido del que se tiene noticia es el de los planes que intentan cobijar desde el Estado a los habitantes pobres (mejor dicho, empobrecidos) de la Nación.

Son receptores de recursos que apenas alcanzan para unos días al mes. No compran felicidad y cada vez compran menos tiempo en la pelea frente a los aumentos persistentes en el precio de los alimentos. La inflación se instala como tema prioritario entre quienes debaten sobre cómo defender a los magros presupuestos familiares del choque frontal contra la realidad en los mercaditos barriales, a los que no se los puede culpar seriamente de nada.

Allá por esas latitudes densamente urbanas hay un lodazal de espesor grueso en el que se hace difícil ingresar con promesas creíbles o soluciones diáfanas. Pura realidad estancada de abandono, cada vez más contaminada de desilusión. No se debe caer en la tentación de prejuzgar que, en esos territorios de crudeza, las personas hacen lo que se les antoja si transgreden la ley. No hay libre albedrío, el camino a la marginalidad o a la ilegalidad no se emprende por gusto.

Esos pocos billetes que se depositan cada mes en la cuenta asignada para quien recibe un plan aportan, claro que sí, un alivio, pero sólo uno pasajero. No despejan la incertidumbre. Si la changa no vuelve a ser cosa de todos los días, si el trabajo no se convierte en oportunidad formal, la multiplicación de planes sólo perpetuará el cuadro de situación actual.

Semejante herida social llama a la acción, reparadora pero, a la vez, transformadora. Urge enderezar el rumbo en esas zonas de la sociedad donde todo cruje y se expande. La niñez y la juventud, primero. ¿Acaso pueden generar resistencias esas inversiones fundamentales?

Debería causarnos conmoción que se tolere el abandono sistemático de la escolaridad en el segmento etario infantil y adolescente. La ausencia de esas ciudadanías incipientes en las aulas representa la prueba irrefutable, luctuosa, de que se van relegando vidas mientras se las empuja a las desventuras de la violencia o la adicción.

Cuando la tarea social se posterga, los padecimientos sólo se vuelven de mayor porte. Se tornan cada vez más complejos en la medida que se pasan por alto o se barren bajo la alfombra. ¿Cuántas veces escuchamos hablar de pensar el largo plazo? Muchas, y sin embargo es con una mira corta, cortísima, que se aborda una crisis que trae partes iguales de desindustrialización y financiarización.

Con millones de planes para argentinas y argentinos continuamos languideciendo como país, sin un plan poderoso de coincidencias básicas en el que exista la concentración de los esfuerzos de la política, la economía y el conjunto de la sociedad civil.

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7%
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Indiferencia

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