Ecos del Balotaje

Colombia, mucho más que un cambio de mano

El izquierdista Gustavo Petro se sobrepuso a la campaña sucia y derrotó al empresario Rodolfo Hernández. Al presidente más votado de la historia colombiana le esperan desafíos urgentes. Asume el 7 de agosto. Por Marcelo Taborda
jueves, 23 de junio de 2022 · 15:00

Finalmente, hubo un cambio histórico y real en el balotaje del 19 de junio. Por primera vez en más de 200 años de historia colombiana, la izquierda llega al poder y entrará en la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto de la mano de Gustavo Petro y Francia Márquez.

No hubo demonizaciones, ni “petrofobia” alimentada por medios y políticos del establishment económico colombiano que pudieran detener el viraje que comenzó a insinuarse en los estallidos sociales de 2019 y 2021. Un viraje que en la primera vuelta de estas elecciones barrió a los partidos tradicionales y relegó a la derecha representada por el expresidente Álvaro Uribe Vélez, y sus ocasionales delfines.

Es cierto que el resultado final fue mucho más apretado que la diferencia del primer turno y que hasta horas antes del round decisivo los sondeos marcaban empate técnico con ligera ventaja para el empresario de la construcción Rodolfo Hernández. Este ingeniero populista de derecha se coló en el balotaje a caballo de un discurso antisistema y anticorrupción, con mensajes y estética de campaña que le valieron el mote de “Trump tropical”. Pero finalmente quedó en el camino.

La afluencia de votantes creció en la segunda vuelta hasta el 58,09% del padrón (había sido de 54,98% en el primer turno) y convirtió a la elección del domingo 19 en la de mayor participación en Colombia desde 1998. Esa alta concurrencia a las urnas resultó clave para el triunfo del Pacto Histórico.

 

Números contundentes

El binomio integrado por Petro y Márquez cosechó 11.281.013 votos, que representaron un 50,44% de los válidamente emitidos en el balotaje. Exactamente,  un 10,10% más que en la primera vuelta.

Hernández y su ignota Liga de Gobernantes Anticorrupción se quedaron con 10.580.412 sufragios, equivalentes al 47,31%; es decir, 19,14 puntos porcentuales más que en el primer turno.

Los más de 700 mil votos o tres puntos de diferencia del vencedor sobre su rival tienen otra dimensión si se piensa que Petro enfrentaba no sólo a un candidato en las antípodas sino a un esquema de poder aceitado durante décadas. Aun así, el líder de izquierda, ex alcalde de Bogotá y ex integrante de la guerrilla del M-19, desarticulada en los ’90, se convirtió en el presidente más votado de la historia de su país.

“La paz es que alguien como yo pueda ser presidente y que alguien como Francia pueda ser vicepresidenta”, dijo Petro en la noche en que estrenaba su flamante condición de mandatario electo.

La tercera fue la vencida para él, tras los intentos de 2010 y 2018, año este último en que –también demonizado- fue derrotado en segunda vuelta por el actual presidente uribista Iván Duque, quien deberá entregarle el mando dentro de poco más de un mes.

 

El carisma de Francia

Petro edificó su victoria con el invalorable aporte en caudal de votos de su vice. Francia Márquez, la primera afrodescendiente en alcanzar un lugar tan significativo en los estamentos de poder colombianos ya había contado más de 800 mil apoyos en la consulta interna de la que salió la fórmula del Pacto Histórico.

Márquez, mujer negra, madre soltera, abogada, técnica agropecuaria y dirigente ambiental que trabajó como minera o empleada doméstica para mantener a sus hijos y costear su carrera y estudios, es dueña de un carisma muy preciado. Su ascendencia entre feministas, población LGTBI+ y minorías étnicas seguramente fue determinante para que muchos integrantes de esos colectivos, renuentes a participar o dar su apoyo al ex alcalde y economista finalmente le dieran un voto de confianza.

He ahí algunas de las razones de este cambio de época que se inicia en el segundo país más poblado de Sudamérica. La magnitud de la victoria de Petro y Francia es directamente proporcional a la confianza y las expectativas depositadas en ellos por mayorías y minorías que se vieron postergadas en las décadas de alternancia en el poder de liberales y conservadores. También son inmensos los desafíos.

 

Equilibrio inestable

Las promesas de cambios profundos en materia económica, social, ambiental y política exigirán al nuevo presidente señales claras en un escenario global agitado y signado aún por la pandemia, la guerra en Ucrania y los daños colaterales de ambas tragedias.

Petro sabe que necesitará articular alianzas con sectores moderados y de centro para sacar adelante sus proyectos y reformas en el Congreso. Su invitación a Hernández a trabajar por una nueva democracia o su guiño a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN) para retomar y ensanchar los acuerdos de paz que en 2016 firmaron el expresidente Juan Manuel Santos y las Farc, van en esa dirección.

Los agradecimientos a Sergio Fajardo (pese a su voto en blanco en el balotaje) y hacia otros líderes de la alianza Centro Esperanza que lo apoyaron, o el principio de acuerdo con el ex mandatario y secretario general de la OEA César Gaviria para que su Partido Liberal se sume a iniciativas del Pacto Histórico en el Congreso apuntan a buscar los 55 escaños que el próximo jefe de Estado requerirá en el Senado, o los 94 que necesitará en la Cámara de Representantes para aprobar leyes a las que se opondrá el uribismo. “Confío en que Petro ponga fin a la polarización”, dijo Gaviria sobre un país visiblemente partido en dos.

Claro que en ese difícil equilibrio entre conciliar posturas y acercar visiones de país el presidente electo tampoco podrá soslayar los compromisos de cambios de fondo asumidos con sus votantes.

 

Agenda candente

El combate a la pobreza, el desempleo y la desigualdad social, la promesa de reforma agraria que atienda a campesinos que han sido carne de cañón en el conflicto interno o mano de obra del narcotráfico, o bien las reformas fiscal y tributaria, en las que se graven las rentas más altas y exuberantes del país, son apenas algunos de los tópicos internos que emergen en la agenda. Reubicar al país en el escenario internacional y reabrir la frontera con Venezuela son parte de los compromisos internacionales reafirmados tras su victoria.

No serán cuestiones fáciles, pero tampoco lo fue entrar como lo hizo Petro en la historia colombiana. En este atribulado siglo 21, cada paso que dé el nuevo gobierno tendrá su impacto y sus consecuencias. Las demandas de los pueblos se potencian en la postpandemia. Como muestra cercana, Colombia puede mirar las masivas protestas en Ecuador, que desde hace días mantienen la tensión frente al gobierno de Guillermo Lasso y cuyo desenlace es aún incierto.

La figura de Petro suma una ficha a la izquierda en el siempre complejo y a menudo indescifrable tablero latinoamericano. Bienvenido. La dimensión real de su histórico resultado empezará a medirse desde el 7 de agosto en los cuatro años por  venir. 

 

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