OPINIÓN

Ganadores y perdedores de la elección legislativa nacional

Quedó bien claro quiénes festejaron mucho, poco o nada. Pero el retrato de las relaciones de fuerza que dejan los comicios nunca es permanente. Eso es lo enloquecedor de la política. Por María Esperanza Casullo
jueves, 18 de noviembre de 2021 · 03:21

El domingo pasado hubo una elección en donde se votaron diputados y senadores nacionales (en algunas provincias se eligieron algunos cargos subnacionales, como senadores provinciales o concejales). Una de las cosas hermosas de las elecciones es que es uno de los momentos de la política que delimitan con precisión ganadores y perdedores, y como tales, objetivan al menos por un momento un cuadro de relación de fuerzas. La otra cosa espectacular de las elecciones, sin embargo, es que ese retrato de las relaciones de fuerzas nunca es permanente: quienes ganaron hoy podrán perder mañana, y viceversa. Las elecciones están en la base de dos elementos claves de la democracia: su estabilidad (porque generan y reflejan hegemonías) y su adaptabilidad, porque esas hegemonías no son nunca fijas, sino que siempre son o al menos pueden ser variables y adaptativas.

Vamos a hacer una lista de ganadores y perdedores de la última elección. Pero, como dijimos recién, este mapa también es provisional y precario. Nada asegura que se mantenga en pie en 2023, aunque bien podría también hacerlo. Eso es lo enloquecedor de la política. El kirchnerismo ganó las elecciones de medio término en 2005 (derrotó a Eduardo Duhalde, quien los había llevado al poder) y luego ganó las presidenciales del 2007. Igualmente, el peronismo no tuvo un buen resultado en las legislativas del 2013 y fue derrotado en 2015. Esto podría entonces apuntar al resultado del 2023 como algo ya puesto. Sin embargo, la relación no es segura. El kirchnerismo fue derrotado duramente en 2009, luego del conflicto con el campo y el voto no positivo del entonces vicepresidente Julio Cobos. Sin embargo, ganó en 2011 con el 54% de los votos. Lo mismo pasó más recientemente: Cambiemos estaba exultante luego de ganar en 2017, pero perdió en 2019. ¿Será esta elección un augurio de 2023? No lo sabemos.

Vamos a hablar primero del ganador más claro: Juntos por el Cambio. Esto es obvio, en tanto y en cuanto Juntos por el Cambio sacó más votos que el peronismo. Esta elección, además, es importante porque es la primera luego del fracaso de Mauricio Macri en lograr su reelección en 2019. Estaba la duda de hasta qué punto la sociedad estaba dispuesta a volver a votar esa propuesta. Esa pregunta ha sido contestada con creces: Juntos por el Cambio no sólo no perdió votos con respecto a la segunda vuelta electoral del 2019, sino que aumentó ligeramente esos porcentajes. Demostró que tiene un piso de votos alto, de alrededor del 40%, con un bloque sumamente leal en la CABA, en Córdoba, en Mendoza y en regiones de Santa Fé. Además de todo esto, ganó en distritos que eran históricamente peronistas como Chubut, Santa Cruz, La Pampa y estuvo al tiro de hacerlo en La Rioja y en Tucumán. Queda, sin duda, en muy buena posición para volver a gobernar en 2023. 

Otra ganadora ha sido la centenaria Unión Cívica Radical. Gobernadores radicales son dominantes en Mendoza, en Corrientes, en Jujuy. En Mendoza y Corrientes rutinariamente ganan por diferencias aún mayores a las que el PRO obtiene en CABA. Facundo Manes logró un buen resultado en la primaria bonaerense. Hasta ahora, el radicalismo nunca desafió al PRO, y se contentó durante el gobierno de Macri con ser un socio minoritario en el gabinete. Tal vez sea hora de dar el salto. 

También queda claro quien perdió: el Frente de Todos. Este fue el peor resultado del peronismo (32,6%) desde el 2009, cuando obtuvo 28% luego de la crisis del campo. Esta derrota fue en gran medida sorpresiva. El resultado de las primarias fue un cimbronazo. Esto debería hacer reflexionar al gobierno cómo pudo el pulso de la sociedad de esta manera. Sin embargo, si bien el FdT fue derrotado, lo fue por puntos y no por nocaut. Por primera vez el peronismo logró subir votos entre las PASO y las generales en la provincia de Buenos Aires, en donde quedó a sólo poco más de cien mil votos de diferencia. Revirtió además los resultados en Tierra del Fuego y en Chaco. Estos resultados pueden parecer pocos, pero el alivio fue palpable entre el equipo del gobierno la noche del domingo.

 

Vayamos, ahora, a las personas. 

El primer ganador ha sido Mauricio Macri. El ex presidente resistió intentos de correrlo de la campaña, se plantó en el centro de la escena, dio decenas de entrevistas en prime time, habló desprejuiciadamente de la deuda externa con el FMI que él mismo tomó, y elogió a Javier Milei. Se subió al acto de festejo. En síntesis: ocupó el centro de escena. Dejó en claro que la negociación de las candidaturas de Juntos por el Cambio deberá incluirlo en la mesa chica. No puede descartarse siquiera que él sea o intente ser el candidato presidencial en el 2023, y si no lo es, será por su propia y exclusiva decisión. Y nadie será el elegido sin su bendición.

La segunda ganadora ha sido Cristina Fernández de Kirchner, y por extensión Axel Kicillof. La carta pública de ella hacia el presidente, los cambios en el gabinete nacional que ésta forzó no parecieron tener impacto electoral negativo, al contrario. La remontada en votos en la provincia de Buenos Aires le da volumen político al gobernador bonaerense de cara al 2023 y lo habilita a ir por más.

El perdedor más notable, se me ocurre, ha sido Horacio Rodríguez Larreta. Nada dramático, sus candidatos ganaron tanto en CABA como en PBA. Pero no lo hicieron con la contundencia necesaria para dejarlo instalado como único candidato presidencial. La lista encabezada por María Eugenia Vidal no llegó al 50%, y, con 47 puntos, perdió un punto porcentual con respecto a las PASO. Diego Santilli no pudo sostener los cuatro puntos de ventaja de las primarias y quedó en un verdadero empate técnico. Rodríguez Larreta es un político eficaz, trabajador y concentrado, pero no es Mauricio Macri; no tiene su lugar de líder fundacional, único e inapelable. Es muy probable que deba disputar su candidatura en unas PASO.

Termino con una persona que, diría, ni ganó ni perdió: el presidente Alberto Fernández. Sin dudas empezó perdiendo: su gobierno fue mal evaluado en las PASO, su vicepresidenta criticó su gestión abiertamente, su responsabilidad personal quedó subrayada con la foto de una cena en Olivos. Sin embargo, mostró iniciativa luego de las primarias, encauzó una campaña con un discurso más unificado, y en su discurso del domingo a la noche pudo proyectar, en vez de derrota, una especie de “sensación de victoria” a su militancia. Su discurso en la marcha del día de la militancia (17 de noviembre) fue bien recibido, y ahí deslizó un objetivo ambicioso: que la candidatura presidencial se dirima en unas PASO. Si ambas fuerzas políticas, FdT y JxC, realizaran primarias competitivas, sería un salto de calidad institucional. 

Para finalizar: esta elección dejó ganadores y perdedores claros, pero también disipó cualquier idea de una crisis de gobernabilidad o un recambio de gobierno inmediato. Nada de eso sucederá. Deberemos atravesar dos años de política, de campaña, de altibajos. Y, finalmente, alguien ganará. Provisoriamente.


 

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