COLUMNA

El sistema electoral funciona, pero aún se lo puede mejorar

Las coaliciones anunciaron sus candidatos para las elecciones de medio término y quedó demostrado que las PASO están siendo internalizadas. Aún asi, deberían analizarse algunas mejorías del sistema electoral. Por María Esperanza Casullo
jueves, 29 de julio de 2021 · 17:10

Hace dos semanas publiqué en Redacción Mayo una “Carta de amor a las elecciones argentinas”. Fue muy bien recibida, por suerte, pero un lector, cuyo nombre lamentablemente no recuerdo, me contestó en Twitter que estaba de acuerdo con mi argumento, pero que esperaba que yo continuara la serie con un diagnóstico con  las eventuales propuestas de mejoría o corrección del sistema electoral, si hicieran falta. Me pareció justo, y efectivamente, se me ocurren algunas cosas que ajustar. Todas son menores. Algunas son más fáciles y otras son directamente expresiones de deseos.

Comencemos por las más fáciles, que son algunas alteraciones al diseño de las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias. Primero tengo que aclarar que, como la mayoría de las y los colegas de mi gremio politológico, soy fan de las PASO como mecanismo de resolución de disputas internas al interior de los partidos y/o coaliciones, como mecanismo para reducir el número de partidos muy pequeños, también conocidos como “sellos de goma”, para moderar la competencia, y como manera de organizar identidades políticas. (Aquí hay un buen análisis de Lara Goyuburu y acá otro de Facundo Cruz.) Este año ha quedado demostrado que las PASO están siendo internalizadas por las elites partidarias. De 24 provincias, Juntos (ex Cambiemos, ex Juntos por el Cambio) utilizará las PASO en 16, incluyendo los distritos clave de CABA y provincia de Buenos Aires. El Frente de Todos hará un uso menos intensivo, como es habitual que suceda en una fuerza que gobierna y tiene mayores recursos para disciplinar la competencia interna, pero aún así habrá PASO en Santa Fe, territorio de importancia. Mientras más se usen las PASO ahora, más se usarán en el futuro, a medida que todos los jugadores se acostumbren a jugar con sus reglas.

Esto no quiere decir que las PASO sean perfectas o que no puedan ser mejoradas. A mí, personalmente, me gustaría ver tres cambios. El primero sería la elevación del piso electoral requerido a los partidos para mantener ganar efectivamente el derecho a participar en las elecciones reales. Actualmente este piso es del 1,5%. Si bien esta cifra pone un cierto coto a la multiplicación de partidos “sellos de goma”, tendría un efecto aún mayor si fuera algo más alto, entre el 3 y el 5%.

Otro elemento del diseño de las PASO que siempre me resultó problemático es la obligatoriedad para los votantes. Este elemento me parece equivocado tanto normativa como operativamente. No resulta posible defender normativamente la idea de que es obligatorio para la ciudadanía participar activamente en la vida interna de los partidos políticos. Además, este diseño no premia a las líneas internas de los partidos con más capacidad de movilización de sus adherentes. Se supone que los partidarios más “intensos” tienen un mayor poder de decisión sobre las cuestiones internas del partido, esto ahora está entre paréntesis.

Otro cambio que haría sería permitir una mayor flexibilidad para que la o las listas internas perdedoras en las PASO pudieran integrarse a la ganadora, ya sea en las listas legislativas o, por ejemplo, mediante la posibilidad de cambiar el candidato o candidata a vicepresidenta de la fórmula ganadora. La razón de esta sugerencia es que si se generan una regla de competencia bajo las cuales la lista perdedora se queda sin nada luego de la elección, esto paradójicamente actúa como un incentivo para formar un nuevo partido y competir como una fuerza independiente, que es lo que las PASO intentó eliminar poniendo un piso del 1,5% de los votos.

Pero el problema mayor de las PASO para mí es éste: al ser obligatorias para los votantes, las PASO no son disputadas ni leídas por la sociedad como una interna, sino como una “primera rueda” de la elección general, con un partido o coalición ganadora y un partido o coalición perdedora. Esto cambia el sentido de lo que debería ser una competencia interna e introduce distorsiones en el resultado final. En 2019 quedó a la vista que una “derrota” del partido gobernante por quince puntos fue leída por todo el mundo como la derrota efectiva de Juntos por el Cambio, aunque para las elecciones “reales” faltaba un mes. Si en las PASO sólo fueran a votar aquellos realmente interesados, otra sería la interpretación.

En cuanto a las elecciones generales, las dos correcciones que se me ocurren son casi imposibles de llevar a cabo porque implican decisiones que tienen que ver con la autonomía de provincias y municipios. El primero sería la eliminación de las formas de voto electrónico o la mal llamada “Boleta Única Electrónica” de las circunscripciones provinciales y municipales que aún la usan. No me voy a detener en los motivos por los cuáles los sistemas de voto electrónicos son más vulnerables a la manipulación, porque estos debates ya fueron públicos cuando se discutió el proyecto de ley que presentó el anterior gobierno en el Congreso. Sólo me interesa mencionar un dato experiencial: en las votaciones con voto electrónico quien vota lo hace en una mesa abierta, en la que queda enfrentada y a la vista de presidente y fiscales de mesa. Ellos no pueden ver la pantalla, es cierto, pero sí pueden ver a quién vota e incluso, uno imagina, pueden hablarle. Esto genera una experiencia que difiere sustancialmente de la del cuarto oscuro, que fue una victoria histórica de nuestra historia de defensa de las elecciones limpias y libres.

El último punto que propongo, aún sabiendo que es casi imposible, es la re-unificación de todas las votaciones (nacionales, provinciales y municipales) en un único día de votación. Esto permitiría darle mayor coherencia a los tres niveles electorales y resultaría más económico en términos de movilización de recursos de la sociedad civil, ya que una cosa es conseguir fiscales y presidentes de mesa para un día y otra cosa es para tres o cuatro. En los últimos términos el impulso por separar las elecciones ha generado absurdos como que, en mi provincia de Neuquén, tengamos que ir a votar cuatro veces distintas en un año; intendente en una fecha, gobernador y diputados provinciales en otra, PASO y nacionales. Sé que este cambio es casi imposible, porque, como dije en la entrega anterior, esta es una facultad provincial y no nacional, pero nada impide soñar.

Claro está, este no es el momento para debatir éste u otros cambios del sistema electoral. Idealmente, debería hacerse en un año par, cuando no haya elecciones, y nadie esté pensando en obtener mínimos beneficios hiper coyunturales. No hay nada malo en revisar periódicamente lo que funciona y lo que hay que cambiar, ya que la democracia nunca es perfecta y siempre es perfectible.

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