OPINIÓN

Luego de las PASO, nos despertamos en otro país

La del domingo 12 de septiembre no fue una votación de resultado vinculante, pero es inevitable que lo tomen así el Gobierno, la oposición y, en cierta forma también, la gente. Por María Esperanza Casullo
jueves, 16 de septiembre de 2021 · 16:51

El domingo pasado se realizaron las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO), en todo el país. El gobierno de Alberto Fernández ha sufrido una dura derrota.  Como las PASO no distribuyen bancas en el congreso, la elección, en sentido estricto, no sucedió todavía. Sin embargo, el país no es el mismo que era el domingo por la mañana. 

El Frente de Todos perdió en 16 provincias de 24, fue derrotado en la provincia de Buenos Aires por cinco puntos, y también en provincias que daba por seguras como las patagónicas, La Pampa y San Luis. Sólo puede rescatar distritos del Noroeste como: Tucumán, San Juan, Catamarca, y Salta. Si en noviembre se dieran estos  mismos resultados, el peronismo perdería el quórum propio en el Senado. 

Es raro escribir “la amplitud de la derrota del gobierno”, cuando se trata de resultados que, en teoría, solo deberían impactar en la conformación interna de las listas que competirán en la elección real de noviembre que viene. Sin embargo, es inevitable interpretar a las PASO como una elección de primera ronda. El problema reside en lo que es, a mi juicio, un error de diseño en las PASO: la obligatoriedad de la elección no solo para los partidos, sino para los y las votantes. (En Uruguay, país pionero en la implementación de primarias partidarias por ley, las mismas son obligatorias para los partidos pero no para los electores.) Como el voto es obligatorio y la dinámica de la elección es idéntica a una general, sus resultados son leídos como vinculantes aunque no lo sean. Esto hace que una derrota categórica en las PASO se transforme en una profecía autocumplida, como descubrió Mauricio Macri en 2019. ¿Tiene espacio el gobierno de Alberto Fernández para revertir el resultado? Hay algunos antecedentes. Macri ganó la presidencia en el balotage de 2015 después de salir segundo en la primera ronda; Esteban Bullrich derrotó a Cristina Fernández de Kirchner en 2017 aunque había perdido ajustadamente en las primarias Pero en todos estos casos la diferencia entre primero y segundo esa oportunidad fue estrecha. En este caso es una brecha mucho mas amplia.

 

Dos certezas

Los resultados de las PASO sorprendieron al gobierno pero también a la oposición: los medios de comunicación opositores al gobierno presagiaban públicamente una derrota de Santilli en provincia de Buenos Aires a manos de Tolosa Paz en los minutos inmediatos al cierre de las urnas. Nadie imaginaba una victoria arrasadora del peronismo en la nación, pero si una especie de detente, con el macrismo ganando en la ciudad de Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, y el Frente de Todos resguardándose en la Provincia de Buenos Aires, el Norte y el Sur. Una especie de empate. Sin embargo, en apenas una hora y media el empate había desaparecido, Juntos por el Cambio estaba festejando, y el peronismo estaba intentando entender qué había pasado, como el boxeador al que le pegaron un puñetazo en plena cara.

Vamos a estar discutiendo cuáles son las causas y las consecuencias de esta jornada por meses. Sin embargo, dos puntos parecen, a esta altura, bastante claros. 

El primero es que el gobierno si el gobierno perdió no fue por el crecimiento tremendo de Juntos por el Cambio, sino por el desencanto de los propios. El ejemplo más claro es la Provincia de Buenos Aires. El macrismo consolidó y mantuvo el voto propio: el 38% que obtuvo en provincia de Buenos Aires es idéntico al 38% que obtuvo María Eugenia Vidal en octubre de 2019 (en las PASO había logrado el 32%). La gran diferencia fue que en octubre de 2019 Axel Kicillof ganó con el 52% de los votos. Victoria Tolosa Paz fue elegida por el 33% de los bonaerenses: una pérdida de casi 20 puntos. 

Sin embargo, decir que el macrismo logró consolidar su público de ninguna manera implica disminuir el logro de Juntos por el Cambio. Más bien lo contrario. Luego de cuatro años de gobierno con muy malos resultados económicos y de ver a Mauricio Macri siendo derrotado en su propio intento de reelección por ocho puntos porcentuales, Juntos por el Cambio puede mostrarse hoy como una fuerza consolidada en un bloque de provincias que le asegura ser automáticamente competitivo en elecciones futuras. CABA, Mendoza y Córdoba han demostrado ser absolutamente leales al proyecto de Juntos. Esta lealtad ya es identitaria, es decir, Juntos por el Cambio cuenta con un bloque de votantes consciente y movilizado, un “nosotros” que lo vota aún cuando pierda a nivel nacional, como en 2019. Como son, además, provincias con una gran población, proporcionan un piso automático. Si a eso se le suma que la provincia de Buenos Aires ha pasado a ser un distrito muy competitivo, lejos del mito del control peronista, Juntos por el Cambio tiene muy buenas perspectivas de cara al 2023, y, aunque pierda entonces, más allá también. Además, la victoria le permitió resolver su interna sin derrotados. Todos ganaron algo: Rodríguez Larreta, Vidal, Macri, Bullrich, Manes. Eso es lo lindo de ganar. 

La razón más importante del desencanto de una parte importante de los votantes del Frente de Todos es  la difícil situación económica. Eso marcaban todas las encuestas desde hace seis años: la preocupación número uno fue y es el combo inflación/empleo. Eso no ha cambiado, más bien ahora que la situación sanitaria mejoró se volvió más fuerte. Esto fue en parte gracias a los sesenta millones de vacunas de la campaña organizada por el gobierno; tal vez, paradójicamente, el descenso de los casos logró que regresara con más fuerza la preocupación económica. La demanda social inmediata parece ser que el presidente Alberto Fernández y la vicepresidente Cristina Fernández de Kirchner se concentraran en esta cuestión, antes que en peleas públicas por la conformación del gabinete. Resulta muy difícil, casi imposible, pensar que un electorado que busca certidumbre y solidez en su vida cotidiana premie estas conductas en noviembre.

 

Modelo para armar

Con estos datos en la mano, Rodríguez Larreta puede imaginarse como el próximo presidente y sonreír. Puede ser, o no. No vale la pena intentar adivinar el futuro: el peronismo fue derrotado en las legislativas de 2009 y ganó en 2011; Macri fue victorioso en 2017 y perdió en 2019. Sin embargo, un dato continúa en pie: el principal tema que preocupa a los y las votantes es la economía. El gobierno de Mauricio Macri demostró que derrotar al peronismo no constituye un modelo de desarrollo económico per se, y existe el riesgo de que sus buenos resultados actuales hagan pensar a Juntos que su mala gestión económica fue un espejismo. Paradójicamente, dado el carácter primario de esta demanda, Rodríguez Larreta se mantiene hasta ahora en silencio sobre cuál es el modelo de desarrollo que propone. Tampoco el Frente de Todos ha hecho explícita su idea de modelo económico. Puede ser que haya estado subsumido en el manejo de la pandemia, pero su propio público lo demanda. 

Nuestra democracia es sólida, pero ¿cuántos ciclos de gobierno fallidos económicamente resistirá la ciudadanía? Esta es la gran deuda de la democracia.

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