El 2023 queda cada vez más lejos en Argentina

El Gobierno de Alberto Fernández y Cristina Fernández de Kirchner atraviesa el período más crítico del kirchnerismo en el poder. La oposición tampoco logra despejar un liderazgo que muestre una salida. Por Virginia Guevara

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Virginia Guevara Virginia Guevara 21-07-2022

El 2023 queda cada vez más lejos en una Argentina donde fin de mes representa el largo plazo para la mayoría. El calendario se estancó en una sucesión de días de incertidumbre política, semanas de corrida cambiaria, meses de inflación por arriba del cinco por ciento y dos años de déficit y emisión crecientes.

El Gobierno de Alberto y Cristina Fernández no tiene reservas. Se registra en el Banco Central, donde no ingresan dólares –los campos están repletos de silobolsas porque la brecha entre el dólar con retenciones y el blue supera el 200%– y donde los pocos dólares que quedan se usan para frenar las corridas cotidianas. Pero la falta de reservas se observa de modo todavía más ostensible a nivel político.

La crisis se profundizó abruptamente tras la renuncia de Martín Guzmán. Su agónico reemplazo por Silvina Batakis dejó en evidencia que las alternativas del Frente de Todos se redujeron de manera drástica: las tres semanas que siguieron a ese recambio constituyen el período más crítico del kirchnerismo en el poder desde 2003. La falta de crédito también es financiera y política en simultáneo.

Alternativas en fuga

Lo real es que mientras la crisis hace estragos, todas las alternativas parecen en fuga: tanto en el oficialismo como en la oposición los liderazgos se diluyen en lugar de fortalecerse. Como si todo el sistema político estuviera descontando que la situación será todavía peor y reservando energías –y dirigentes en pie– para lo que venga después.

Los gobernadores peronistas dan cátedra en esa materia. Hoy piensan mucho más en eludir las convocatorias de la Casa Rosada y en separar las elecciones provinciales de las nacionales que en fortalecer al Gobierno del Frente de Todos. Los movimientos sociales cortan calles mientras cruzan desde la vereda de los aliados a la de los adversarios y hasta los gremios empezaron a disimular la vieja cercanía con el peronismo.

Sergio Massa, tercera autoridad política del país e intermediario permanente entre Presidente y la Vice, dejó el centro de la escena desde que el ultrakirchnerismo le bochó el desembarco como jefe de Gabinete con poder plenipotenciario que él pretendía para sí mismo y para su futuro. La incorporación de Daniel Scioli al Gabinete y la menguada presencia de Juan Manzur constituyen hoy las módicas alternativas de articulación en un gobierno partido.

Mientras tanto Alberto y Cristina mantienen su pulseada al borde del abismo. De modo casi cotidiano prosperan rumores sobre la disolución definitiva de esa sociedad, que ahora comienza a buscar un acuerdo con la oposición.

La oposición espera

El debilitamiento extremo del oficialismo, no obstante, hasta ahora no significó el fortalecimiento de un liderazgo opositor: todo lo contrario. Juntos por el Cambio sigue muy lejos de ordenar la interna principal que domina al PRO por la disputa entre Horacio Rodríguez Larreta y Patricia Bullrich. Esto, cuando Mauricio Macri y María Eugenia Vidal aún no dejaron en claro cuáles son sus aspiraciones. A casi un año de las Paso de 2023, nadie imagina cómo unas primarias podrían ordenar esa disputa entre los porteñísimos jefes del PRO.

A eso hay que sumarle la incógnita que sigue siendo la Unión Cívica Radical (UCR). Tanto Gerardo Morales como Facundo Manes deben aclarar de modo permanente que el radicalismo seguirá formando parte de la coalición opositora, porque sus ideas, su posicionamiento y su constante reclamo de ampliación de esa sociedad tensan la cuerda en continuado. Cómo se plasmará esa presencia en las fórmulas que llegarán a las Paso es otro gran misterio.

Más allá de Juntos por el Cambio, los gobernadores peronistas son la otra fuente de incertidumbre creciente. Axel Kicillof es quien se mantiene cercano al Gobierno de modo más estable y todo indica que intentará continuar gobernando Buenos Aires hasta 2027. El resto empezó a esquivar las fotos y falta mayoritariamente a las reuniones que tienen por único objetivo mostrar respaldo al presidente.

Córdoba y Santa Fe, las dos provincias que le siguen en relevancia a Buenos Aires, están ante la particularidad de que ni Juan Schiaretti ni Omar Perotti pueden ser reelectos. La otra característica que los une es la distancia creciente con el Gobierno nacional. Schiaretti actúa como un abierto opositor al kirchnerismo, pero no quiere ser parte de Juntos por el Cambio y busca socios para un espacio de centro en el que imagina, entre otros, al radical Facundo Manes.

El gobernador santafesino hoy parece más cerca de esa opción que de la Casa Rosada. No obstante, no hay muchos indicios de que en esta Argentina la “avenida del medio” tenga espacio como opción mayoritaria: más bien podría tratarse de una colectora cuyo principal objetivo sea conducir a los peronistas que intenten dar por terminado el ciclo kirchnerista.

Los gobernadores peronistas del norte y los patagónicos están cada vez más vacilantes. Todos piensan en anticipar las elecciones para no correr la misma suerte que el oficialismo nacional: el pesimismo manda.

Ni siquiera el libertario Javier Milei logra escapar al fenómeno de los liderazgos que se desvanecen mientras la crisis arrecia. La repentina furia de Juan Grabois, que habla de saqueos desde el otro extremo, espanta todavía más. Que los argentinos logren ponerle límite a los discursos extremos tal vez sea el desafío principal hasta que llegue la hora de votar. El problema es todo el tiempo que falta para ese día.

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Redacción Mayo

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