EN PRIMERA PERSONA

Infancia en pandemia: de extrañar la calesita a disfrutar más tiempo con papá y mamá

Niños, niñas y adolescentes le ponen voz a lo que más sufren y lo que más rescatan tras un año de convivir con el coronavirus.
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10-05-2021
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Ilustración por Pito Campos

 

“No me molesta mucho, un poco sí me molesta usar el barbijo, y también que la calesita no esté más, no me gusta que la calesita esté cerrada, yo la extraño y cuando la veo le digo 'chau'”. En el presente de Camila, los resabios del aislamiento se centran en un objeto sinónimo de disfrute y diversión: la calesita. Con 4 años, esta pequeña de la ciudad de Córdoba valora compartir más tiempo con su mamá y necesita algo de inducción para recordar aquellas cosas que más le alteraron la cotidianeidad. 

El balance de las respuestas de niños, niñas y adolescentes de entre 4 y 15 años es que compartir más tiempo con sus papás y mamás es un denominador positivo común, ya que perciben que los empleos y la escolaridad habituales es reducida la posibilidad de convivir durante tantas horas. “Si no fuera por el teletrabajo mi papá se iría a la mañana y volvería tarde a la noche, así lo vemos más porque trabaja a la tarde desde casa”, rescata Catalina, de 7.

En cambio, aquello vinculado con los afectos -particularmente los adultos mayores-, con las reuniones de amigos, festejos, espacios de recreación y juego se anota en la columna del pulgar abajo: les faltó el derecho a la diversión. 

A Juan Ignacio, de 5 años, le molesta no haber podido ir a la plaza ni juntarse con amigos. En Villa Allende, la ciudad en la que vive, la imagen de los juegos inhabilitados con cintas de “peligro” duró hasta entrada la primavera. 

Julia tiene 8 años, y no se acostumbra a los protocolos: “Me molesta que no me puedo juntar con mis amigos como antes, ahora hay que tener muchos protocolos”, apunta. Sin embargo, valora haber tenido más tiempo para permanecer en su casa, jugar y “disfrutar de la familia”. 

Tres de los niños consultados tienen 11 años, y el tiempo en casa con la familia es el punto en común incluso con los de otras edades. Carmela, de la ciudad de Córdoba, también rescata haber podido usar durante más tiempo la computadora y el celular, dispositivos que antes no estaban tan liberados. “Y lo que más me molesta es no poder ver a mi familia y a mis amigos como lo hacía antes, y las clases virtuales porque se cortan, no se escucha bien y hay problemas para conectarse”, describe. 

Para Juan, es triste pensar en aquellas personas que tuvieron que cerrar sus negocios o que perdieron sus trabajos a causa de la pandemia. “Hay gente que no pudo ir más a su trabajo, que se quedó sin trabajo y está pasando un mal momento”, apunta. Y remarca que le fue difícil también no poder ver a sus abuelos, que viven en otra provincia, durante un año. 

Victoria lamenta que el coronavirus sea una enfermedad “que a veces mata a personas, a personas muy queridas”, y valora el tiempo en casa con su núcleo familiar primario. “Me gusta estar más tiempo con mi familia, estuvimos todo un año encerrados y esa parte de la experiencia estuvo muy linda”, cuenta. 

Para Sofía la situación es diferente: su reciente cumpleaños de 15 vio alterado los planes que originalmente había proyectado para ese día. “Lo que más me molesta es no poder disfrutar de los cumples de 15 o salir a bailar”, resume. El lado positivo de la pandemia para Sofía es que, aunque no sea con gusto, todos hemos aprendido a cuidarnos más. 

Con sus bemoles, con sus intereses focalizados según la edad y las inquietudes, la voz de los protagonistas del informe aporta un punto de vista auténtico de algunas vivencias en medio de la emergencia sanitaria que afecta al mundo.