OPINIÓN

¿Qué se puede hacer salvo ver series?

La digitalización de los contenidos salvó del aburrimiento en estos tiempos de aislamiento, señala la periodista especializada en cultura y espectáculos Julieta Fantini
martes, 4 de mayo de 2021 · 20:36

Está claro que la digitalización de los contenidos, no sólo de series y películas, a aquella parte de la población que accede a una conexión a Internet la salvó del aburrimiento. Es decir, en tiempos de aislamiento, los números son contundentes al indicar que el crecimiento del consumo de contenidos a través de las distintas plataformas, entre ellas Sensa, para paliar esas horas que solían dedicarse al ocio fuera de casa. 

También, en las últimas décadas, la digitalización cambió las formas de contar, aunque hay discusiones sobre el alcance de esta afirmación. En la segunda parte de este informe, volvemos sobre este asunto. 

Pero en lo que tiene que ver con el tema de este mes, “Vidas y conectividades en Pandemia”, el apetito voraz por el entretenimiento tuvo su respuesta gracias a las múltiples puertas de entrada a las narrativas que nos sacan de las obligaciones cotidianas, espacios de ocio que sin dudas cambiaron aún en un porcentaje mayor de la población la relación con lo que se llama televisión, pero que ya no lo es. 

El hábito de esperar un programa a determinada hora por determinado canal persiste pero ha sido reemplazado por otras maneras de mirar: a la hora que queramos y, si la cantidad de capítulo de, por ejemplo, una serie disponible lo permite, quedarnos durante horas maratoneando una historia.

Este es sólo un fenómeno en el marco otros también muy extendidos: las horas eternas en redes sociales viendo vivos por Instagram o videos de tiktok, por mencionar solo las más populares en tiempos de pandemia. 

Sin embargo, esto no significa que una forma tapa a la otra: la convivencia de las pantallas es la nueva normalidad entre quienes están conectados desde múltiples dispositivos. En una casa puede convivir, por ejemplo, la tradicional radio AM, una computadora, una tablet, el viejo y querido TV así como el infaltable celular.

 

Datos de consumo

Así, durante el aislamiento, desde el principio, el fenómeno se expresó en números concretos porque, siempre pensando en el sector que accede a la red y al cable, el tiempo libre se llenó de ficción, u otros géneros que entran en el ya mencionado viejo concepto de televisión. 

Una encuesta de principios del aislamiento, abril, daba cuenta que, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA), respecto del consumo de series y películas, 9 de cada 10 (94%) afirma que, al momento de disponerse a disfrutar de este tipo de entretenimiento, prefiere utilizar las plataformas de streaming para buscar contenido específico.

Un estudio de la Cámara Argentina de Internet (Cabase) publicado en julio daba cuenta que durante abril el tráfico de internet en Argentina tuvo un crecimiento del 65% respecto a igual mes de 2019. 

Un dato más cercano en el tiempo -de agosto, proporcionado por Lumen Technologies, la compañía que conecta a los usuarios nacionales con la red global de internet.-, indica que tanto personas como empresas en el país elevaron este año el uso de conectividad más de 40 por ciento frente a 2019. El pico se registró en las primeras dos semanas de la cuarentena dispuesta contra el virus Covid-19. Y así se sostuvo durante los meses que siguieron.

 

Oportunidad de ver 

Con esta idea, desde Kantar IBOPE Media expresan -a través de un informe- que el concepto de consumo lineal de televisión, antes mencionado, se desdibuja. Para el CEO de la empresa que mide el rating, el consumo lineal y el digital conviven porque las personas siguen viendo noticias pero también se distienden apelando a las plataformas digitales. La posibilidad de elegir qué ver y cuándo es la gran “revolución” de los últimos años, y la pandemia sumó a miles de personas a esta alternativa, aunque varía de acuerdo a la generación en cuestión.

Un estudio de Target Group Index (TGI) indica que los Centennials (nacidos entre 1997 y 2016) eligen Internet como su principal fuente de entretenimiento e información. El 69% de los Centennials aumentaron su consumo en Redes Sociales y video on demand (VoD). Por su parte, los Millennials (nacidos entre 1983 y 1996), prefieren ver cualquier contenido desde su celular e informarse a través de las redes sociales y durante la pandemia, el 74% aumentaron su consumo en VoD. L

os nacidos entre 1967 y 1982, la famosa Generación X, más afín a la radio, aumentó su consumo de TV con más afinidad en TV Paga (47%), con un 60% de aumento en VoD. Finalmente, los Baby Boomers (nacidos antes de 1967), siguen confiando en la linealidad de la radio y la TV, y la exposición a estos medios se incrementó: 7 minutos más de exposición en la TV abierta, 30 minutos más en la TV paga y 41 minutos más en total de la TV.  

 

El pico de la TV

Nada de esto hubiera sido posible sin la enorme disponibilidad de contenidos de ficción y no ficción. En el año 2015, se acuñó el término “Peak TV”, un intento de denominar lo que vino después de la "era dorada" de las series de televisión -estrellas indiscutidas de los contenidos preferidos durante el aislamiento-, aquella que comenzó con los Sopranos, siguió con Mad Men, Breaking Bad, y otras ficciones prestigiosas que hasta llegaron a dar encendidos debates en torno a si eran cine, como si no pudieran tener el mérito propio de excelencia. 

Esos dramas bastante serios sobre antihéroes tuvieron su momento como favoritos, pero la ampliación del campo de batalla de las plataformas y la globalización de los contenidos multiplicó la oferta a niveles nunca antes visto, así como los géneros. El drama centrado en las tribulaciones de un tipo con problemas comenzó a convivir con decenas de ficciones que se ocuparon de casi todos los nichos posibles de interés de las audiencias. La diversidad llegó y multiplicó los guiones, pilotos y series concretadas al punto que John Landgraf, ejecutivo de la Cadena FX, fue el primero en mencionar este término, Peak TV, para dar cuenta de las 400 series que se emitieron solo en Estados Unidos (EEUU) en el 2015, cuyo número fue en aumento en los cinco años transcurridos, con diferente suerte en otros mercados como el Argentino, claramente, con su producción de originales en caída libre. 

Esa sobreoferta, con el centro industrial en el país del norte y que domina la conversación global sobre series, vino como anillo al dedo a las y los espectadores cautivos o aún no captados por la adicción a las series. 

Al respecto, la crítica de televisión Kathryn Van Arendonk, en un artículo publicado en la revista Vulture de julio, plantea que en realidad, durante el 2020 el pico es el del triunfo de los contenidos que nos hacen sentir bien, más sencillo, menos rebuscado, alejado de lo “mejor” y más cerca de lo “favorito”.

Lo interesante en esta argumentación es que se aleja de los parámetros de la crítica tradicional, para poner en valor el disfrute en tiempos tan tristes y complicados derivados de la expansión del virus. El placer de mirar frente al intento de pertenecer al grupo que ve aquellas series aclamadas, aunque por momentos angustiantes y poco recomendables para las atribuladas vidas del presente.

En ese marco, una experiencia gratificante que también puede ser una buena serie, dice Van Arendonk, vale más que un drama excelente pero bajón. Y concluye: “¿Quién quiere sentirse frustrado o entristecido por su entretenimiento cuando el mundo exterior se siente como un lugar suficientemente brutal?” 

Así y todo, la televisión como entretenimiento es un concepto bastante viejo, al punto que a mediados del siglo pasado, por ese motivo era considerada la caja boba. Sin embargo, hay algo así como una presión social por ver “lo mejor”, que nos hizo olvidar de una de sus funciones primarias: pasarla bien. 

Y si tal como advierte la misma industria, estamos en un momento en el que se produce más contenido del que cualquiera de nosotros podría ver en su vida entera, no sólo por el acceso al centro de las cosas -EEUU- sino también por producciones de otros países, completamente inaccesibles si no fuera por la globalización de contenidos que vino de la mano de las plataformas.

Con el agregado de que cambió para siempre el concepto de novedad: si bien los estrenos siguen siendo importantes, gracias también a las agresivas campañas de marketing, el concepto de novedad es cada vez más individual, dada la (casi) permanente disponibilidad del contenido, es nuevo aquello con lo que me encuentro al momento de buscar algo para ver.

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