SOLEDAD GRAFFIGNA

“Las mujeres escriben desde siempre”

Una de las propietarias de la librería de Güemes, Volcán Azul, se refirió al boom literario alrededor de los feminismos, la ampliación de los públicos y la incidencia del caso Telma Fardín. Por Julieta Fantini
viernes, 11 de junio de 2021 · 07:00

Ilustración Romina Pereyra

 

—¿Existe el boom literario alrededor de los feminismos o es simplemente una etiqueta periodística/ comercial?

—Existe. En la librería (Volcán Azul) desde que arrancamos uno de los objetivos era contar con literatura de género, feminismos, sexualidades. Y era difícil conseguir material por fuera del clásico El Segundo Sexo (de Simon de Beauvoir). De hecho, empezamos con un espacio pequeño, y hoy tuvimos que ampliarlo porque son muchísimas las editoriales que reeditan clásicos que no se conseguían, sobre todo las nacionales. Porque antes llegaban las ediciones importadas a un precio muy alto. Hoy esos libros se consiguen, son más accesibles.

También creo que el boom incluye material muy bueno y de los oportunistas de siempre que aprovechan el fenómeno y editan todo bajo la etiqueta de feminismo. Así y todo es positivo, más allá de la calidad de ciertas publicaciones, porque públicos que antes nunca te pedían libros feministas ahora están interesados.

 

—¿Quiénes van a comprar?

— Tenemos dos públicos: uno que trabaja en investigación, más académico, que nos piden cosas muy específicas que, a veces, siguen siendo difíciles de conseguir. Son personas que vienen desde hace años trabajando en la temática. Y también está el público más joven, con menos recorrido literario, que se acercan a libros que están pensados para ellos. Luciana Peker es un ejemplo. La periodista hizo algunos libros más accesibles para quienes no cuentan con una base teórica. Se nota el interés en las jóvenes, incluso sus padres que vienen con adolescentes a acompañarlas. También están las de veintipico que no son muy lectoras y que se acercan motivadas, por ejemplo, por la denuncia de Thelma Fardín hacia Juan Darthés. Ella mencionó el libro Por qué volvías cada verano de Belén López Peiró, donde se relata un abuso. Apenas lo mencionó, fue un boom de ventas. Y se trata de un libro de una editorial chiquita que no se vendía, lo tuvimos años. También llegaron a Teoría King Kong de Virgine Despentes. Fue uno de esos libros que no se conseguían. Lo teníamos en ediciones artesanales que nos traían dos ejemplares de vez en cuando. Y ahora lo editó Random House. Se trata de un texto iniciático para quienes lo leen porque es una historia personal, contada con crudeza y naturalidad. Si bien es durísimo, lo personal acerca a la emocionalidad del relato.  Lo recomiendo, aunque con cierta cautela porque es crudo. No sé si es el primer libro para darle a una joven sobre feminismo.

 

—¿Cuáles son las referentes y los títulos más pedidos?

—Hasta hace un tiempo se vendía mucho Cecilia Ce. Que si bien sus libros no tratan sobre feminismo, sino sobre sexo, tienen una mirada desde lo feminista. En general, bajó un poco, pero los libros de Silvia Federici siempre están vigentes y, por supuesto, Putita Golosa de Luciana Peker,

 

—Hablamos de libros de no ficción, ¿qué pasa con la ficción en clave feminista, si es que puede pensarse en esos términos?

—En ficción, aunque no sé si llamarlo así, el libro El nudo materno de Jane Lazarte, es un clásico que ahora lo edita la española Las Afueras. Si bien es la historia de ella —una madre en pareja con un hombre negro en EEUU— habla de la maternidad desde un lugar crudo, poco romantizado.

Lo que sí se nota es la edición de mujeres. Y las editoriales lo remarcan: “las editamos”; aunque no siempre sean libros vinculados al género. Y también se editan cuestiones vinculadas, por ejemplo, con la maternidad abordada de una manera más realista.

 

—¿Cómo ves que se dio este proceso, el del boom, pensando el estallido del Ni una menos hasta acá?

—Me cuesta pensar si fue un proceso en paralelo: el «oportunismo» del mercado y el despertar de las mujeres. Esto último sin dudas generó en la industria editorial ver que había un público grande. Creo que fue a la par, y las grandes editoriales los publicitan mucho. Esa potencia colabora.

 

—En tu rol de lectora más que de librera, ¿creés que es posible hablar de cambios o incidencias en las narrativas a partir del emergente Ni Una Menos, #MeToo, feminismos?

—Lo que veo es que son más las mujeres en la industria. Incluso editoriales de mujeres en las cuales se abordan esos temas, por ejemplo, Rosa Iceberg, que solo edita mujeres jóvenes, donde se ve claramente sus problemáticas, más contemporáneas: la maternidad, el trabajo, las relaciones. 

Hoy sí hay más espacios, pero las mujeres escriben desde siempre. Ahora hay visibilidad por el boom. También hay una voz generacional que se nota, incluso en poesía, donde se ve mucho el asunto de los vínculos mediados por la tecnología, el desprejuicio respecto al género y las relaciones sexoafectivas.

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