Seis años de #NiUnaMenos

Tiempos de cambios. Arte y cultura atravesados por los feminismos

La bisagra que representó el movimiento feminista mirado desde el arte y la cultura. Los modos de hacer, comunidades, redes afectivas, boom literario hasta los abordajes periodísticos son parte de los cambios, replanteos y reflexiones que permitió "Ni Una Menos". Por Julieta Fantini
viernes, 11 de junio de 2021 · 07:00

Ilustración Romina Pereyra

 

Seis años pasaron desde la primera marcha convocada bajo la consigna Ni Una Menos. La escalada de femicidios llevó, en ese momento, a que comunicadoras, referentes feministas, organizaciones y personas interpeladas por la muerte de mujeres y la violencia de género salieran a las calles ese 3 de junio de 2015.

Convocadas y movilizadas primero a través de redes sociales, se calcula que en el país alrededor de 600 mil personas manifestaran durante esa jornada parte de la agenda del movimiento feminista de la Argentina —cuyo emblemático Encuentro de Mujeres cumplió 30 años el mes pasado—, amplificando esos temas de una manera crucial. Fue una bisagra.

Medios de comunicación, instituciones, gobiernos, grupos de todo tipo y ciudadanos y ciudadanas amplificaron, discutieron, y hasta combatieron las consignas de un movimiento, espontáneo en sus comienzos, que tuvo un rebote en el mundo como pionero de la lucha por justicia y derechos, con réplicas en Latinoamérica y en el mundo.

Este breve recorrido es una historia de la visibilización de las violencias y los reclamos de los feminismos se cristalizó en el mayor logro del período: la legalización del aborto en Argentina. Pero también logró la institucionalización de cambios como la creación de comisiones, áreas, secretarías y ministerios de género para canalizar, con mayor o menor eficiencia, las demandas, entre otras transformaciones.

Palabras como patriarcado, paridad, equidad, micromachismos, techo de cristal, cupo trans se colaron en el discurso público con fuerza.

La inclusión de las diversidades en ese grito primal cuestionó la lógica del binarismo, entre otros temas que se pensaron y discutieron en la academia, se sufrieron en los cuerpos y ocurrieron en las calles, territorio histórico de las disputas por los sentidos en nuestro país.

La desnaturalización de las prácticas machistas mediante la perspectiva de género caló hondo y aún es un proceso. La búsqueda de la igualdad generó transformaciones profundas y discusiones encendidas.

En ese contexto, el arte, la cultura y el espectáculo no quedó ajeno a estos movimientos. Pero antes de llegar ahí corresponde una lectura más global del impacto.

 

Visibilidad.

Para el docente e investigador de la UCC y UNC, Hugo Rabbia, “Ni Una Menos fue una instancia que reflejó cambios culturales que estaban sucediendo e impulsó una visibilidad de los feminismos, porque, de golpe, adquirieron primeras planas y envalentonaron y empoderaron a muchas mujeres de los medios, del arte, de la cultura para transformarse en voces representativas de los nuevos feminismos. También interpeló fuertemente a las nuevas generaciones, sobre todo a chicas jóvenes”.

Rabbia, doctor en estudios sociales que trabaja temas de psicología política, género, diversidad y religión, rescata también el eco que tuvo en la clase política: “si bien puede discutirse lo que falta están la Ley Brisa, la Ley Micaela, y otras acciones y preocupaciones diversas que se evidenciaron en la creación de ministerios de la mujer. Son formas en las que la política quiso o quiere hacerse cargo de algunas de las demandas que se expusieron”.

En ese sentido, fue este movimiento social heterogéneo y sin una organicidad clara que, para Rabbia, tanto en lo simbólico como en las demandas políticas “(los feminismos en general que trascienden al NUM) han obtenido muchísimas conquistas”.

“Si les preguntamos a nuestras abuelas como eran sus vidas, qué expectativas o planes de vida podían soñar y desarrollar se daba una situación completamente diferente a las posibilidades que hoy tienen las jóvenes, incluso en un país como Argentina. En ese sentido, hubo una revolución silenciosa que nos atravesó en los últimos 60 años, mínimo, que produjo cambios muy importantes”, completa.

 

El espejo polaco.

Rabbia, en otro orden de cosas, ve con preocupación la posición de algunos sectores reaccionarios— conservadores frente a los cambios de los últimos años: “Algunas autoras polacas —cuya realidad en su país, en términos muy generales es similar a la Argentina— hablan (de la utilización del término) “ideología de género” como el pensamiento simbólico de muy diversas corrientes conservadoras y reaccionarias que usan ese concepto de los documentos vaticanos, no es algo teórico propiamente dicho sino político y, de repente ves en Polonia a la derecha nacionalista, al populismo liberal, a los sectores conservadores, religiosos y a los libertarios bajo un mismo paraguas, movilizados en contra de lo que ellos denominan ideología de género”, detalla.  Y es ese “pegamento simbólico” que el investigador ve en plataformas políticas indica que solo movilizan una mirada antigénero: “Tratan de derogar la Interrupción Voluntaria del Embarazo (IVE), prohibir o limitar la Educación Sexual Integral (ESI) en las escuelas. Una encuesta de Paola Zuban relevó 30 discursos de odio hacia los feminismos. Un tercio cuentan con más de un 50% de adhesión entre los ciudadanos. Es decir, (en Argentina) están flotando con fuerza posiciones reaccionarias que interpelan sobre todo a varones jóvenes y a los sectores intermedios de la sociedad en términos de clase; una clase media a la que le cuesta cada vez más vivir, llegar a fin de mes, y que probablemente estén percibiendo como una amenaza a los feminismos”, finaliza.

 

Las redes afectivas.

Al analizar el tiempo transcurrido de la primera manifestación por Ni Una Menos, en el campo de las artes visuales, la escritora, docente de la UNC e investigadora en arte contemporáneo Emilia Casiva destaca la conformación de colectivos de artistas trabajadoras. Subraya que fueron esas redes afectivas y de contención que sumaron reflexiones y reclamos para transformarse en algo que vale la pena mirar: “Me llama la atención en las artes visuales que lo más interesante de los últimos años fue la conformación de colectivos alrededor del feminismo en sus más amplias variantes”.

En ese marco, Casiva indica que se rompieron ciertos pactos de silencio. En concreto, entre esas redes, destaca las acciones de las Trabajadoras del arte feminista de Córdoba. Sobre todo, artistas que se nuclean para pensar sobre sus derechos y sus condiciones laborales: “Primero se encontraron para contarse situaciones violentas por su condición de mujeres en el mundo del arte, luego pasaron a hacer manifestaciones públicas, llegando a esto”.

Sobre qué violencias tuvieron que enfrentar, la doctora en artes sintetiza al mencionar: “abusos de poder en sus múltiples formas, que viraban hacia abusos sexuales”. Y suma que hubo y hay una “contraofensiva machista y conservadora en el mundo del arte donde ciertos varones disponían el cómo, el dónde y el por qué”.

El paso de pensarse solo como artista a pensarse como trabajadora fue potente para Casiva: “Se dio un viraje de la contención desde lo privado hacia lo público, cuestionando los sistemas de premiación, cuando se otorgan honorarios o remuneraciones, la selección en esos sistemas —la cantidad de hombres y mujeres premiadas—; también manifestaciones en torno a despidos de trabajadores de cultura en el ámbito público al momento de cambios de gobierno”. Y explica que se dio de manera instintiva: “Porque es un colectivo que va conformando su identidad con el paso del tiempo, no hubo un rumbo definido de antemano, sin experiencia en militancia, algo similar a las primeras experiencias del Ni Una Menos”.

 

Tema de obra.

Casiva —doctora en artes, y especializada en arte contemporáneo— observa otro fenómeno, cuando la discusión se vuelve tema de obra: “Ciertos procedimientos, materiales y temas feministas como obra es algo problemático. Así como le dejamos la pintura al hombre viril que toma la brocha y se expresa, la mujer borda y se relega a lo pequeño. Eso es algo que se está rompiendo también. Lo veo en muchas artistas. Es decir, los medios se ampliaron para ellas”. 

Al mencionar la perspectiva de género —esa categoría analítica que propone analizar y desarmar las desigualdades históricas entre géneros—, la investigadora indica que no es algo intrínseco al hacer del artista: “Esa perspectiva surge en la práctica, no en la obra. Puede haber artistas que produzcan obra que no tematice ninguna cuestión feminista, pero están en contacto con sus compañeras, hablando de lo que les pasa, y eso vuelve en la obra como algo vital, la atraviesa en otros sentidos”.

En relación con las tensiones entre la corrección política y la libertad creativa, Casiva advierte que es una exageración mencionar a los movimientos que generaron los feminismos como una “policía de la moral”; y agrega que en muy poco tiempo “pasaron demasiadas cosas que interpelan e incomodan.”

“Desde ese lugar me parece más importante la incomodidad que no tranquiliza, que te hace revisar tu vida entera. Porque el proceso no fue tranquilo", analiza. “Por eso me interesa, en las artes visuales al menos, puedan seguir con sus procesos de obra —individuales o colectivos—, y al mismo tiempo tengan espacios de encuentro potentes, y cómo eso las atraviesa más allá de lo que luego hagan con su obra”, completa.

 

El debate permanente.

Al tomar carácter público la discusión sobre las violencias a partir del Ni Una Menos, Paola Suárez —socia de la prestigiosa productora audiovisual Jaque Content— entiende que hoy es un tema de análisis y debate la perspectiva de género.

“Con el correr del tiempo lo resignificó. Pensando en el 2015, se hablaba de violencias de género, machistas. Luego se profundizó hacia los micromachismos, entre otros temas; y hoy hablamos de perspectiva de género que es un concepto mucho más amplio y causa confusiones. Al hablar de contenidos, no decimos que deben ser feministas. Si no que la idea es poner en discusión qué estamos contando, de qué manera y desde qué punto de vista”, repasa de manera sintética, y suma que esta circunstancia produce molestias: “Algunos varones se sienten intimidados e interpelados cuando, por ejemplo, se plantea que los equipos deben ser diversos y la perspectiva de género debe estar presente para pensar de diferentes maneras”.

En el mundo audiovisual, de acuerdo a la experiencia de la productora, en concreto se visualiza a través del lugar de las mujeres tanto delante de cámara como detrás de cámara: “Detrás de cámara, las estadísticas muestran que no hay diversidad: en el último informe sobre Iberoamérica se muestra que el 97% de los directores son hombres; y así se repiten números similares en todas las cabezas de área de un rodaje. En producción no se da una brecha tan grande, pero existe. Delante de cámara, es necesario pensar cómo están puestas las mujeres. Históricamente se mostraron como un objeto sobre el que se da una pelea. Las novelas son el ejemplo más claro de esa cosificación. Hoy no se ve ese nivel de machismo, aunque sí persisten como objetos de violencias o puestas en lugares que reproducen el autoritarismo, el poder, una conformación patriarcal en su manera de estar en el mundo. En ese sentido, la mujer reproduce la lógica de poder machista”. 

En ese marco, Suárez advierte que en un cuarto de escritores de cualquier producción audiovisual antes no se discutía la diversidad en la conformación y ahora sí. Y esto sucede, según la productora, “un poco porque está de moda y también porque es inevitable la diversidad de perspectivas”.

Así, en estos últimos años, sobre la incidencia de los cambios socioculturales en el modo de trabajo en lo audiovisual al menos se habla, en la opinión de la presidenta de Asociación de Productores Audiovisuales de la Provincia de Córdoba (APAC): “Estamos en un momento en el que todo está elevado, entre polaridades. Y muchas personas que se sienten ofendidas y dicen que, a partir de estos cambios, se terminó la creatividad. Entra a jugar (en el debate) la libertad de expresión, la libertad del arte, la censura… Creo que es un momento complejo como para decir que cambiamos y todo funciona. Sí se pone en discusión como aparece la mujer frente a la cámara, qué decimos, cómo tratamos determinados temas, qué rol cumple, cuál es la motivación de ese personaje, entre otros temas.”.

El impacto del #MeToo y el proceso mediático y judicial contra el productor Harvey Weinstein y las decenas de actrices de alto perfil que lo acusaron de abuso y acoso, así como otros poderosos de Hollywood que fueron expuestos en sus conductas sexistas y hasta delictivas, en la mirada de Suárez “está claro que todo el mundo se entera de esos conflictos porque tienen mucha prensa, exposición e incidencia en la opinión pública. Juega a favor. También demuestra que si no estás en ciertas situaciones de poder es difícil denunciar. Sucede en espacios como Córdoba en el que muchas actrices vivieron situaciones similares y, sin embargo, se les dificulta.”

Así y todo, para la productora de La Chica que Limpia, la corrección política sigue siendo un corsé: “No sé si las personas cambiaron realmente —analiza— o porque es incorrecto hacer determinadas cosas, y se cuidan”.

 

Nota:

Para ver en Sensa, Allen Vs. Farrow, una reseña y una lectura bajada a los tribunales argentinos.

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