LETICIA RESSIA

“Hoy el panorama se abrió: el yo está arrojado a lo abierto del lenguaje”

Para la poeta y docente Leticia Ressia, pasamos de “presta atención a la enunciación, a quien enuncia” y afirma que lo novedoso tanto en las redes como en la literatura es hablar de nuestra intimidad. Por Julieta Fantini
viernes, 9 de julio de 2021 · 07:00

La poeta y docente acaba de publicar junto a Elena Anníbali el libro Perro de dios. Diez años en la poética de Alejandro Schmidt, resultado de su trabajo final de la carrera de Letras Modernas de la UNC. Además, entre su poemario se incluye la última publicación de la pellegrinense radicada en Río Ceballos “Un Corazón Gorila”. Anteriormente publicó el celebrado “El hielo de la guerra”, entre otras participaciones y publicaciones.

 

—La poesía es, tradicionalmente, el territorio del yo, y desde tu lugar de poeta y lectora, ¿qué creés que lleva a una persona a incluir sus experiencias de manera directa en sus textos?

—Cambiamos de época. La literatura, obviamente, está atada a un contexto. En el realismo hay un sujeto que se trata de censurar. Más adelante, se presenta escindido, este otro que yo necesito para nombrarme a mí mismo o para fundar cierta identidad, y hoy estamos frente a esta literatura del yo o post yo, como dice Tamara Kamenszain en el libro La intimidad inofensiva. Ella plantea el desplazamiento del foco de la poesía: pasamos de prestar atención a la enunciación, a quién enuncia. Ese post yo lo relaciono con la idea de novedad que también nos pasa en redes sociales porque hoy lo novedoso es hablar de nuestra intimidad. Hacer de ella una extimidad. Kamenszain incluye ese término de Lacan en términos de paradoja de la puesta en público que, a su vez, es un proceso de enajenación. Es decir, algo extraño que está puesto de una manera estética. Históricamente, los poetas usábamos ciertas veladuras, pero la intimidad siempre está trabajando, no para. Entonces, no cuando no hay veladura, encontramos poetas que hablan de cosas mundanas, groseras y comunes. Antes había cierto cuidado con el yo poético, hoy no hay distancia con el autor. También pasa en la narrativa: por ejemplo, en Los Llanos de Federico Falco, en Las Malas de Camila Sosa Villada. Y ese tipo de literatura es muy atractiva porque siempre hubo curiosidad ante el libro de buscar ciertas claves de lectura de la vida de ese autor. Ahora esas claves están explícitas. La materia de vida del autor está expuesta en la construcción del personaje o escenarios, algo que antes estaba oculto o mal visto. Se decía, como algo negativo, que las primeras novelas son autobiográficas. Hoy el panorama se abrió: el yo está arrojado a lo abierto del lenguaje. 

 

—Y en ese marco, ¿la vida de los otros y otras hasta que punto se exterioriza en la literatura?

—Se va corriendo, cambia. A veces me pregunto hasta qué punto me puedo bancar que algunos poemas tratan de cómo alguien se pone una toallita higiénica. Esas cosas me dan pavor, pero creo que como lectora aún no lo llegué a entender. Me gusta la poesía que opera con veladuras, que se plantea otros artilugios. No sé qué viene después o cuál es el límite.

 

—¿Creés que esta cuestión, que en algún punto se plantea como algo testimonial, es una salida más sencilla o atada a las modas y que evita esos procedimientos más difíciles o asociados a lo clásico?

— Están las dos cosas: por un lado, es una moda relacionada con los influencers. La mayoría de los autores contemporáneos tienen redes sociales, que influencian la obra, los temas que se hablan, los nichos. No le quita mérito, es otra posibilidad de lectura y no va contra lo clásico. 

También aparecen personas que escriben y ven que como alguien la pegó haciendo tal cosa, hace lo mismo. No hay una reflexión sobre esa escritura, sino que se sigue el tren de los otros. 

En ese contexto, hay algo fundamental: los poemas no se explican, pero yo, como autora, tengo que ser capaz de poder reflexionar sobre lo que escribí: por qué elegí esta palabra, por qué seleccioné esta forma de decir y no otra. Es decir, hacer una abstracción de mi escritura, algo que lectores y críticos también pueden hacer para otorgar valor estético al poema, por ejemplo.  

 

—¿Por qué creés que genera tanto interés esa exteriorización del yo?

—Creo que tiene que ver con la expansión de las redes sociales, en ellas construimos un personaje a partir de nuestra intimidad para otros: ponemos nuestra mejor foto, compartimos momentos graciosos. No conocemos a esas personas, pero vemos su vida y, de alguna manera, nos puede parecer novedosa y entretenida. Es un «refresh» de las memorias, de las biografías. Me impacta ver crecer a los niños de amigas en Facebook de años y nunca los conocí de manera personal. 

Así, todo es una construcción biográfica y, desde ese lugar —donde además el otro siempre nos está interpelando—, hay dos tipos de alteridades: una la de verme en el otro como espejo —ya sea para rechazarlo o ponerse de acuerdo—; y luego aparece la idea metafísica de ese otro. En el sentido de que somos todos una unidad, estamos disgregados y nos encontramos. Es una situación de soledad, y las redes operan como punto de encuentro para el entretenimiento.

 

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