NUEVOS CONSUMOS

Una plataforma para la convivencia entre teatro y pantalla

Creada en 2015 con la intención de acercar gente nueva al teatro, la plataforma Teatrix inauguró una nueva vía para las artes escénicas, con producciones de alta calidad a tono con la cultura audiovisual. En cuarentena, tuvo récord de conectados. Por Valeria Arévalo
sábado, 28 de agosto de 2021 · 16:12

El consumo cultural a demanda también llegó al teatro. Y lo hizo con fuerza a fines de 2015, cuando Mirta Romay  (la mayor de los 4hijos de Alejandro Romay, el llamado Zar de la televisión) creó la plataforma Teatrix ofreciendo un catálogo de obras a la carta para ver en pantalla, una idea poco convencional e innovadora para la época, que tuvo la intención original de acercarse a la gente que no iba al teatro en Argentina y que, rápidamente, ganó reconocimiento también en países como México, Bolivia y Paraguay,

Teatrix vino a romper el molde del convivio teatral con una intermediación tecnológica de alta calidad. Claro está que el teatro es una fiesta única e irrepetible, que ocurre en un momento y en un espacio común entre artistas y públicos, y la plataforma no intenta competir con esa idea. Tiene claro que el teatro presencial es irremplazable, pero también comprende que existen  nuevas formas de transmitir hechos artísticos, nuevos públicos, nuevas miradas y nuevas realidades. En la pandemia, esto quedó más claro todavía.

En diálogo con REDACCIÓN MAYO, Mirta Romay cuenta que cuando idearon Teatrix partieron de una idea muy concreta: no toda la gente tiene posibilidades de acceder al teatro. “Entonces, por qué no ofrecerle teatro”. 

La plataforma se estrenó con ocho obras, para las que contaron con una curaduría especial de selección, atendiendo al reconocimiento y repercusión en la escena nacional e internacional de esas piezas de modo de poder generar tracción, y atendiendo especialmente los parámetros del mundo audiovisual. 

“El producto tiene que estar hecho para la televisión –afirma-. Filmar teatro requiere de una producción audiovisual muy bien preparada y pensada, que cumpla con todas las características necesarias para darle valor a la obra, atendiendo cuestiones de luz, color, planos, edición. Se utilizan cinco cámaras para contar una historia que sea atractiva. Nuestra producción es muy respetable. Es un trabajo de todos los días poner en valor una obra. Es un trabajo artesanal”. 

La plataforma incorpora a su catálogo cuatro obras por mes, al ritmo de una por semana. “No paramos, nunca. En algún momento, y sobre todo durante la pandemia, hemos salido a producir con autores y actores muy destacados.  El resto nos basamos en obras que ya están en cartel”, señala Mirta Romay.

Durante la cuarentena, con los teatros cerrados, la plataforma tuvo récord de conectados. Al comienzo de la crisis sanitaria, Teatrix tenía 12 mil suscriptores. El número se triplicó al cabo del año. Y es de pensar que cada uno de ellos compartió el visionado de las obras con las personas de su entorno. La cuenta sale sola en cuanto al nuevo público que se acercó a ver teatro por esta vía.

 

Creación de valor

El cambio de concepto radica en la incorporación de un público más amplio con una obra de teatro filmada que esté a la altura de cualquier producción audiovisual original. La plataforma se plantea competir con el abanico de posibilidades que hay en casa, una disputa que se da en el control remoto y que tiene enfrente al canal de deportes, las noticias del mundo, Netflix o Disney, aunque se trate de dos mundos diferentes, el teatro y el mundo OTT (Over The Top media services), como se les llama a las transmisiones a través de internet que durante la pandemia se aceleraron de manera rotunda, empujada por producciones de cine y de series en una guerra de precios muy marcada. 

Desde diferentes espacios de transmisión (varias salas y compañías ofrecieron y ofrecen  también obras a demanda) el teatro responde y se reactiva. Desde Teatrix, explica Romay, a las obras se les otorga un valor  artístico, cultural, social y económico.  Es una creación de valor que, a través de un proceso de cambio, se transforma en un producto cultural atrayente para la pantalla que promueve y vende.  Coexisten ambos espacios –el vivo y el online-, cada uno desde su lugar, con públicos  nuevos, propios, a veces diferentes, que en definitiva multiplican el teatro.

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