ENTREVISTA A NICOLÁS GORT

“Lo recaudado debe ir íntegramente a los músicos”

¿La política cultural se ocupa de cómo se consume arte argentino? Un grupo de músicos trabaja desde hace un año en MUSICA.AR, un proyecto que busca crear una plataforma de streaming musical que ponga en valor el acervo musical argentino y brinde acuerdos más justos. Por Luciano Lahiteau
lunes, 17 de enero de 2022 · 16:52

Nicolás Gort es músico, productor de radio y técnico informático. Además, es uno de los iniciadores del proyecto MUSICA.AR, una plataforma digital nacional de música argentina. La propuesta surgió de Músicxs Argentinxs en Red, un espacio en el que más de cien músicos y músicas de todo el país compartieron las problemáticas que la pandemia planteó para los artistas. Y que se convirtió en un ámbito de debate y creación de proyectos, entre los que se encuentra esta plataforma que busca poner en valor el acervo musical argentino e impulsar acuerdos de distribución y difusión musical más claros y transparentes para los autores e intérpretes.  Musica.ar Documento

“Está pensada para que el usuario pueda ir a los antecedentes de la música actual, por región, género o formato, o cualquier otra clave de lectura”, afirma Gort en cuanto a uno de los lineamientos de MUSICA.AR. “Con lo cual es una forma de incidir en la educación musical de todos. Por eso lo planteamos como una política cultural en el marco del Estado. No para que lo financie el erario público, pero sí para que esté dentro de su competencia como otra forma de consumir el arte argentino”.

 

-¿De qué diagnóstico surge el proyecto musica.ar?

-La idea inicial de construir una plataforma de música argentina tiene dos ejes. Uno es cultural y el otro es comercial. La pandemia, que acentuó las desigualdades respecto de la comercialización digital, fue un disparador para pensar en la ausencia del Estado respecto de la digitalización del acervo musical de todo el territorio argentino de todos los tiempos. No es solo un problema económico para los músicos y músicas independientes o ignotos (que son los que generan el 90% de la producción en términos de fonogramas y composiciones). Es de todos porque no hay una política cultural de sistematización y puesta en valor del acervo musical. Y al que el público pueda acceder. A menudo se relaciona directamente la creación de una plataforma de música con Spotify, Tidal o cualquiera de las que operan en el mercado. Pero el eje principal de nuestro proyecto no es el lucro económico; el eje es crear una herramienta que cambie la lógica de la búsqueda y de encontrarse con las músicas. Es descentralizar y desconcentrar la propuesta musical, desde otra necesidad. Nosotros creemos que las plataformas pueden ser incluso complementarias: a la par de las ya establecidas, se puede tener una herramienta que ayude a indagar y descubrir músicas de todas partes del país. Creemos que tiene que ser un elemento activo en ese descubrimiento, que dé herramientas para que eso suceda. Hay una diferencia grande que pone al oyente en un lugar distinto, donde pueda ser motor de sus propios gustos.    

           

-Es un enfoque distinto al del algoritmo que utilizan Spotify o YouTube. 

-Antes de formar las ocho comisiones de trabajo, hicimos una carta con ciertos lineamientos conceptuales de cómo debería ser la plataforma. Ahí se debatió sobre el algoritmo y cómo correr esa lógica, de privilegiar “lo que más te gusta” y que sea la plataforma la que propone lo que vas a escuchar. Está bueno que haya músicas novedosas que no necesiten de un dato previo para llegar a ellas. Que el usuario no tenga que ir necesariamente a la plataforma con el nombre del artista que quiere escuchar sino con intención de encontrar y que la plataforma muestre la herramienta para acceder a todo eso. Sin esperar, de modo pasivo, que la plataforma te diga qué tiene para que escuches. La comisión de relevamiento y construcción de los estilos hizo una pormenorización, a partir de las mismas personas que hacen las músicas, de todos los estilos, formas, géneros y subgéneros que encontramos en la Argentina. Se armó un árbol genealógico de los estilos que está en permanente crecimiento y se pensó en una forma de construir nuevas categorías que surjan del relevamiento inteligente de la plataforma, en la medida en que cierto número de músicos y músicas adhieran a un nuevo estilo con la música que hacen. Esa posibilidad de participar desde la carga misma del fonograma genera que todo eso permanezca vivo y que no sea la plataforma la que preestablezca los estilos donde ubicar un fonograma. Si no encuentra el suyo dentro de esa diversidad de géneros y estilos, el artista puede generar uno que, en base a la compatibilidad con otros que también lo hagan, sea acaso el nacimiento de un nuevo movimiento. Otra herramienta que encontramos es un mapa interactivo donde uno podría buscar quiénes están cerca del lugar donde vive, o una localidad que visite, y ver dónde están registrado un fonograma actual o histórico. 

 

-Están pensando en un usuario más activo y curioso que el actual.


-Sí, creemos que es lo necesario para cambiar la estandarización del gusto musical. Y de cambiar la relación con la cultura y dejar de ser un mero espectador. Es algo que desborda nuestro tema, tiene que ver con el trato entre quienes producen y quienes consumen el arte. Asistimos a un evento como espectadores y no partícipes, y debemos encontrar la forma de que eso cambie para replicarla a nivel masivo. Ser partícipe transforma el uso del arte y la experiencia a la que uno asiste. No es lo mismo ver un recital de estadio que uno de tu barrio, o de la ciudad que visitaste, porque podés entender de manera distinta la música, de acuerdo al contexto en que la recibís y entender de qué geografía viene. Qué resultados dará eso no lo sabemos, pero sí creemos que el espectador hoy tiene una experiencia reducida de lo que puede darle el arte.

 

-¿Y cuál es el cambio que propone en materia comercial?

-La pandemia acentuó las dificultades para los músicos que quieren comercializar su producción. Ya era complicado cuando hacías un disco y querías venderlo por la escasez de los canales de venta y la necesidad de inversión en publicidad para poder sobresalir. Pero sumado a eso, las plataformas sacaron el disco de la mano de los músicos y las músicas porque ya nadie los consume (tener un reproductor de CD o vinilo parece cosa de románticos solamente). Y cuando uno trata de ver cómo es la comercialización y cómo le va a llegar el rédito de la reproducción en línea al autor de la música queda absolutamente ciego detrás de distribuidoras y empresas multinacionales que imponen condiciones y distancias técnicas. Ya eran un problema en tiempos de los soportes físicos y ahora lo son más. Musica.ar no lo resolverá inmediantamente pero también pensamos en eso: somos músicos y músicas de toda la Argentina que como partícipes de esa problemática queremos resolver esas cosas y que el usuario tenga un acceso a todas las músicas.

 

-¿Qué cambios propone musica.ar en cuanto al reconocimiento económico de los autores e intérpretes?

-Nos dimos un ámbito específico para hablar de eso, que es la comisión de Financiamiento y Distribución. La llamamos así porque no vemos un modelo económico en esto sino una manera de financiar la plataforma y distribuir la música. En cuanto al financiamiento se han pensado distintas posibilidades, desde usuarios progresivos donde los que tengan la posibilidad de pagar lo hagan y los que no puedan igualmente puedan acceder a todo el acervo. Pensamos guiarnos por algunos indicadores que ya tiene el Estado, como ser jubilado o estar en relación de dependencia, etcétera. Todos deberían tener acceso a todo, quizás algunos con publicidad. El objetivo es que todo lo que ingrese por esas fuentes salga en un volcado periódico hacia los músicos, repartido de acuerdo a la cantidad de reproducciones. Y que cada músico sepa qué valor corresponde a esa reproducción, que será un valor relativo y móvil de acuerdo al período considerado. Pero tenemos claro que lo recaudado debe ir íntegramente a los músicos, repartiendo de acuerdo a las reproducciones y al tipo de cada derecho que asiste al músico como intérprete, autor y/o productor. Planteamos el pago de un porcentaje de esa reproducción al autor o compositor través de SADAIC, otro al productor y otro al intérprete. Todas esas variables deben estar explicitadas desde la carga misma del fonograma en la plataforma. Es ambicioso y sigue en construcción y actualización, porque hay cambios constantes: hoy ya estamos hablando de NTfs, por ejemplo, como una próxima generación de financiación. Y eso requiere nuevas formas constantemente, con otros ribetes. Pero lo importante es que, como principio, aspiramos descentralizar y transparentar las formas de financiamiento, difundiendo la música. 

 

-¿Qué estructura piensan que puede tener la plataforma? ¿En qué punto de desarrollo está el proyecto?

-Estamos en conversaciones con Ariel Direse, el Director Nacional de Innovación Cultural, que es uno de los creadores de Cine.ar, una referencia para nosotros. Y le hemos dado el proyecto a Arsat, que es la empresa que desarrolló Cine.ar, para que vean la factibilidad técnica de hacerlo. Eso en términos tecnológicos. En cuanto al recurso humano estamos observando la necesidad de que se involucren otros sectores, tanto instituciones estatales como autárquicas, para formar parte del desarrollo de la oficina destinada a este proyecto. Existe la idea de desbordar la plataforma para hacer eventos sociales y que excedan el plano digital, por ejemplo. Con lo cual es necesario que haya gente trabajando cotidianamente. Nosotros no planteamos formar una empresa, sino que pueda formar parte del Estado sin ser de un gobierno. Esa tal vez sea la parte más compleja de construir; en algún momento vamos a tener que dar un paso ejecutivo en ese sentido para tener la plataforma dentro de el Inamu, en el marco de una ley o de un instituto particular, porque creemos que debe haber un financiamiento de esa oficina que no afecte los ingresos que pueda generar para los músicos. Eso es lo que va hacer, además, que el proyecto sea de todos y tenga continuidad y sostenibilidad en el tiempo.

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