ENTREVISTA CON JAVIERA PÉREZ SALERNO

“Conmoverse con un bot es un sentimiento que nos cuesta ubicar”

¿Qué sensibilidades puede despertar la obra de una inteligencia artificial? ¿En dónde queda la autoría en la vida on-line? La escritora, guionista, productora y curadora Javiera Pérez Salerno piensa sobre las formas de asomarnos a los sujetos cibernéticos que somos. Por Luciano Lahiteau
lunes, 21 de marzo de 2022 · 00:00

Javiera Pérez Salerno vive en Tandil, su ciudad natal, en el sistema montañoso más antiguo de la provincia de Buenos Aires. Desde allí sostiene la multiplicidad de proyectos en los que está involucrada como autora, editora y productora. En esa órbita está, por ejemplo, Ruge El Bosque, una antología de ecopoesía que dará una respuesta poética, ecológica y política a los cambios climáticos, sociales y lingüísticos del presente en el Cono Sur, y que cierra su convocatoria el 31 de marzo de 2022. 

El proyecto también roza otros intereses particulares de Pérez Salerno, que también es guionista y productora audiovisual. La interactividad entre la vida offline y la online, las narrativas no lineales y las performances transmedia (como En Log in, que reunió a poetas de distintas partes del mundo; o #HastaLaPista, el programa por YouTube que co-produjo con el DJ Villa Diamante) están en su universo de intereses híbridos, que no se quedan en categorías estancas y que se atreven a lo indefinido, lo incógnito. “Lo principal es pensar que tanto el soporte como el contenido tengan relación. ¿Por qué es poesía digital? Porque son trabajos que no se pueden ver en otra materialidad”, esboza Pérez Salerno, a modo de síntesis. “Es una cruza entre lo que la tecnología y la poesía hacen. Claro que podés leer los poemas de Oliverio Girondo, pero a la forma en que te los ofrece el oráculo de Girondo solo podés acceder a través de internet. Se trata no solo de los textos, sino de los textos en relación con otros lenguajes y otros soportes, que presentan una cosa nueva. Es más que poesía, o menos. Pero es diferente”. 

 

-¿Qué fue lo primero que te atrajo de las experiencias de ciberpoesía?

-Lo primero fue un poema que todavía está on line y que se llama El peronismo (spam). Eran los albores de la pulsión kirchnerista, alrededor de 2007. Y es una experiencia que hizo Carlos Gradín, un compañero mío en la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, y uno de los primeros que experimentó con lo digital, aunque ahora está volcado a otra cosa. Él fue el primero, al menos en mi memoria, en usar los resultados de Google como poesía. En ese proyecto él googlea “El peronismo es” y antologa todos los resultados. Los copia y los pega, y los resultados empiezan a dialogar. Lo que vos ves es cómo esos resultados se combinan y se contradicen, que es una forma maravillosa de pensar el peronismo. Hay múltiples discursos que conviven y en ese sentido la idea fue perfecta. Es una experiencia muy flashera. Ahí te das cuenta de que es forma y contenido: encontrar, entre esas respuestas de Google, el poema. Y abrir el interrogante: ¿dónde está el poema?

 

-¿Cómo te implicaste vos en ese mundo? 

-Más tarde estudiamos en un curso que solo hicimos él y yo. Era algo así como “Usos Creativos de la Web”, donde nos explicaban nociones de programación para hacer otras cosas digitales. Y ahí empecé a rastrear. Otra obra muy vieja que me gustó mucho es Escribe tu propio Quijote, de Belén Gache. Está basado en el cuento Pierre Menard, autor del Quijote, que es un cuentazo magistral de Borges donde el protagonista dice que él escribió El Quijote y “su” Quijote es igual al que escribió Cervantes. Lo que hizo Gache es que cuando vos intentabas escribir en esa interfaz cualquier cosa, sea la dirección de tu casa, tu nombre o la lista del supermercado, lo que aparecía en pantalla era “En un lugar de La Mancha, cuyo nombre no puedo acordarme…”. Es decir, El Quijote. No podías escribir otra cosa. Entonces, de repente eras Pierre Menard, el personaje de Borges. Lo que habilita también una reflexión interesante sobre original y copia y otras cosas que pasan en internet y que a mí me interesan también, que tienen que ver con la apropiación, la copia y la modificación para generar nuevas cosas con lo que hay. 

 

-¿Qué otras herramientas fuiste capturando?

-Esos son los primeros proyectos que me flashearon y que me mostraron que había potencial en internet para pensar la escritura de otra forma. Años más tarde Caja Negra publicó Escritura no creativa, un libro fundamental para pensar la escritura en internet. Kenneth Goldsmith lo escribe en contra de las maestrías de escritura creativa que daban universidades como la NYU, y que ahora también están en auge acá, y desde la posición de que todo está escrito. Cuenta proyectos muy interesantes, como escribir una edición entera de The Times a mano. Siempre con el juego entre original y copia. Alrededor de 2012 Goldsmith vino a la Argentina y dio algunas conferencias, además de un curso que se llamó “Perder el tiempo en internet” que fue central para mí y para muchos de los que estuvimos ahí. Más en ese momento, donde teníamos un uso muy utilitario de internet. Nos hizo hacer cosas como llenar el carrito en Amazon lo más rápido que pudiéramos, gastando la mayor cantidad de dinero posible. Y ganaba el que más compraba, era una locura: era vivir una fantasía que generaba texto, también. Nos abrió la cabeza en cuanto a la creación y el uso de internet.    

 

-Muchas de las personas que hacen ciberpoesía y se introdujeron en su experimentación no tienen una formación en letras. ¿Qué te parece que habilitó el lenguaje híbrido de la poesía de internet?

-Tiene que ver con que hay muchas herramientas de fácil manejo. En un momento fue tumbrl. Ahora es una que me gusta mucho, hotglue, que es un paño inmenso donde vos podés ir poniendo de todo y armarlo como un sitio con nociones muy básicas de programación. En internet todavía está muy democratizado el acceso al conocimiento. Y si tenés acceso es un espacio de exploración grande que ofrece un montón de cosas. Incluidas las redes sociales, que podés usar para experimentar, como es el caso de los bots. Hay uno que me encanta, bad borges bot, que mezcla las letras de Bad Bunny con la poesía de Borges: ahí se ve perfecto el cruce de dos mundos muy diferentes, que se da cuando se programan una serie de frases de los dos. Una cosa bestial en cuanto a los nuevos sentidos que crea. Bad borges bot no podría vivir en otro lado porque ahí entra en juego esa tercera entidad que es el algoritmo, que va eligiendo las frases y las va combinando, en una fase ya suprahumana.

 

-En 2016, la crítica argentina Claudia Kozak decía que la ciberpoesía trabaja en la intermedialidad, donde “la obra se constituye en el entre medio”. ¿Coincidís?

-Yo pienso que es otra cosa. Acá, por ejemplo, no se puede decir quién es el poeta: si el programador, el algoritmo, Borges, Bad Bunny ¿quién es? Y esa magia que aparece no puede vivir en otro lado. Es un hecho poético que solo puede suceder ahí, como solo puede suceder el hecho poético de un poema escrito en papel. Hay un montón de experimentos donde la poesía aparece sin un referente, sino con múltiples autores y organismos que interceden. Aparece una entidad otra que es la poesía digital, y que no es la poesía sola ni la interfaz sola sino todo junto, en un receta que hace algo nuevo que genera sensaciones nuevas también. Eso es muy interesante. Conmoverse con el tuit de un bot es un sentimiento que nos cuesta ubicar. También hay que abrir nuevas capas de sensibilidad. De repente hay una nueva forma de pensar y percibir el arte que solo sucede ahí. Creo que tenemos que poder albergar sentimientos nuevos ante eso.

 

-Es interesante también cómo las nuevas poéticas irrumpen en un contexto funcionalista como el de internet, que muchos habitamos como espacio laboral o informativo. Tienen la fuerza de generar una ruptura con esos discursos regidos por una razón aparente.  

-Hoy mucho de lo que nos pasa, pasa en internet. Y es más difícil decir qué es lo real, o si es más real la experiencia de contemplación de un cuadro o la frase de un bot. Estamos en un momento donde esos límites son cada vez más difusos. A partir de ahí estos canales empiezan a abrir poros. También me parece importante de la poesía de internet es que no importa tanto el preciosismo. Internet también es el territorio de lo fallado, del glitch: del sitio que quisiste armar y te quedó como el culo, de la basura de internet. Mi teléfono está lleno de eso, de fotos, de descargas, de GIF. Todos esos desechos empiezan a tener otro sentido en internet. Yo tengo acopio de GIF de todo tipo porque los guardo y cada tanto los hago funcionar de otra manera en un proyecto nuevo. Esa cultura del descarte me parece interesante porque desarma la idea de que todo proyecto tiene que ser perfecto y apoya la idea de que lo importante es hacerlo. Algo muy hermoso de internet es que recupera el hazlo tú mismo punkie, y el hacer a partir del error y el descarte. Un proyecto que trabajaba a partir de eso fue astronaut.io, que levantaba de YouTube solo los videos que no están nomenclados: videos que la gente sube para probar los canales y que no tienen casi visualizaciones. Era como una ventana al error. Es muy lindo cómo, en ese sentido, las narrativas y poesías digitales van a contrapelo del uso productivo de las cosas. Y empiezan a darle otro valor a archivos y experiencias que tenemos: tanto la basura como lo inacabado, porque el imperfecto es valioso. 

 

-¿Cómo reacciona la academia a estas nuevas formas y escrituras?

-En literatura el caso paradigmático es el de El Aleph engordado de Pablo Katchadjian. Esa es una batalla ganada en el tema de los derechos de autor. La literatura es el lugar de la experiencia y de la posibilidad de tender diálogos, de hacer. Internet puso en crisis el concepto de autor, pero los mercados siempre encuentran la manera de sentarse sobre el copyright: lo estamos viendo con las plataformas de streaming. Estamos en un momento muy particular en cuanto a eso. Las obras poético-digitales todavía están ahí, en un gris porque no se monetizan. Yo tengo un proyecto que se llama Sentimiento favorito que surgió a partir de un tuit que muchos usuarios comentaron. Simplemente decía que pusieran su sentimiento favorito y de ahí surgieron un montón de frases hermosas. Y cada vez eran más precisos los sentimientos: era tan bueno todo que lo reuní y lo armé en un hotglue, que de entrada dice de qué se trata y que está abierto a que vos escribas lo que quieras. Está abierto. En Poesía URL también compilé un texto de Tálata Rodríguez que era un Google Docs abierto con control de cambios. Entonces cualquier persona que lo visite lo puede modificar. Y que sea con control de cambios está bueno porque muestra el tejido de todas las personas que fueron pasando y escribiendo, tachando o corrigiendo. Quizás no tenga un valor literario el texto final, pero sí lo tiene ese entramado de diferentes personas que lo intervinieron. Es un autor dejando su texto abierto para que otros lo modifiquen: es una forma de poner en cuestión la idea del copyright, que es algo que a alguna gente le interesa y a otra que no. Mi postura política respecto de internet es socializar los contenidos y el copyleft. 

 

-Ahora estamos sometidos a un flujo de estímulos que nos asemeja a los bots de Gustavo Romano. De muchas fuentes e incesante, que hace un poco difícil encontrar el momento y la concentración para leer poesía de otras épocas

-Alguien dijo que en los tiempos que corren leer un libro entero es prácticamente como internarse en un monasterio. Creo que estos nuevos tiempos requieren pensarnos como personas múltiples. Terminó aquel tiempo en que nos concentrábamos en una sola cosa; cuando yo estudiaba leía entre dos o tres horas, no tenía teléfono ni nada parecido. Hoy, la dispersión es lo que tenemos: lo que hacemos mal es ir en contra, ponernos el imperativo de enfocarnos y castigarnos por no lograrlo. Y no nos podemos enfocar porque todo está operando para que no lo hagas. Hay que cambiar un poco el eje y pensar en la dispersión como una forma posible de estar, pensar y ser. Todos estamos cruzados por esto, no lo podemos cambiar: hay que pensar en un nuevo sujeto. No podemos poner nuestra vida de rehén, sino aprender que somos esto, esta multiplicidad, y cómo ser productivos siendo esto. Y creo que puede ser una nueva forma de crear; pensar la dispersión de una manera más amable y menos tortuosa. Y sabiendo que el placer vintage de una buena lectura en papel sigue estando ahí: estas formas conviven, lo importante es que las experiencias sean interesantes y que te conmuevan.       

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