LA NUEVA TENDENCIA

Despedazado por mil partes. El podcast, radio para armar

El crecimiento exponencial del formato tiene explicaciones comerciales y se apoya en el comportamiento de un nuevo tipo de oyente. Fragmentación, especialización y libertad del lenguaje chocan con una industria en formación y la incomprensión de los medios tradicionales. Por Luciano Lahiteau

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Luciano Lahiteau Luciano Lahiteau 02-07-2021

Ilustraciones Romina Pereyra

Lucas Finocchi es locutor y músico. Trabaja en Radio Universidad de La Plata, y también lo

hizo en FM Kabul, BitBox y Radio Nacional. En marzo de 2020, mientras arreciaba el virus,

estrenó su primer podcast, Guitarristas, que tiene veinte episodios distribuidos en dos

temporadas. La idea es sencilla: conversar con otros músicos sobre guitarras, buscar historias

sobre la relación con el instrumento, los pedales y los equipos. “Lo más interesante es poder ir

hacia algo bien de nicho, a un tema muy puntual. La radio lo permite solo por un rato,

esporádicamente, a través de una entrevista o un programa temático que corre el riesgo de

ser un embole para el escucha general. Al podcast el oyente lo elige y sabe de antemano cuál

es el tema”, dice Lucas, que tiene su banda, Mostruo, y su proyecto solista.

El podcast es una producción de audio autónoma sobre una temática específica y con una

duración breve, aunque variable. A diferencia de la radio, apela a una relación más directa con

el oyente, de uno a uno, evitando dirigirse a una generalidad como lo hacen los formatos

radiales más habituales, como el magazine. El espectro de temas es irrestricto y el abordaje

también: hay podcasts sobre pesca en aguas heladas, sobre historia política en Oriente, sobre

sexualidad y astrología, sobre videojuegos y sobre vino. Pero a diferencia de los programas

temáticos de los medios tradicionales, no buscan dar a conocer su tema a un público masivo,

sino que se dirigen directamente al interesado.

“Eso te permite hablar relajadamente de ñoñadas sin tener explicar qué son esas cosas”,

sigue Finocchi, que también conduce un programa sobre música y comidas. “Eso le da fluidez

al relato, porque no hay necesidad de detenerse a pensar en todos los posibles oyentes. En la

radio sí es necesario hablarle a un espectro más grande, y eso hace que muchas veces sea

aburrida”. Además, el podcast tiene su propia dinámica: el productor del contenido establece

la periodicidad de los envíos, el formato, su duración y su enfoque. Puede ser un monólogo,

una larga entrevista, una narración fantástica o coral, o una mezcla de todo eso. El oyente, por

su lado, elige escucharlo en el horario que desea, donde quiera y en el orden que prefiera.

“La radio está muy atravesada por el tiempo, siempre los programas piensan en el horario en

el que se emite, incluso al momento de elegir el nombre”, afirma Finocchi. “El podcast no tiene

tiempo y eso le da libertad de contenido y de formato”. Las limitantes son prácticamente nulas

para quien cuenta con un micrófono y acceso a internet. Existen plataformas gratuitas como

Anchor, que permite grabar y editar un podcast en línea y luego distribuirlo en las

reproductoras que concentran la difusión: Spotify, Apple Podcast, Ivoox y Google Podcast.

La contraparte es la dificultad para sostenerlo: en Argentina, la mayoría lo hace por hobby e

invierte sus recursos técnicos, su tiempo y su conocimiento en un producto que en muy pocos

casos recibe retribución monetaria. “La libertad de la pobreza: yo lo hago porque quiero y

aunque intenté monetizarlo nunca entendí cómo hacerlo. Es la libertad de hacer lo que

quieras, porque nadie te persigue ni te tiene que autorizar, como sucede en las radios”.

Una misión geek

El podcasting se introdujo en Argentina a través de la comunidad geek, que con su apasionado

interés por la tecnología y la informática llegó antes que nadie a lo que en Estados Unidos era

ya una costumbre: la difusión de contenidos audibles sobre temáticas específicas. Hacia 2014,

el éxito masivo de Serial (un podcast de suspenso en torno a la investigación por la

desaparición de una estudiante en 1999) alimentó el interés y mostró una nueva arista: el

podcast podía servir para construir una historia de detectives que mantuviera el interés

durante semanas, y sin mostrar una sola imagen. Ese año, mientras los dispositivos

electrónicos con sistema operativo iOS comenzaban a incluir el podcasting como una

aplicación por defecto, en Argentina se realiza PodFest, el primer encuentro de podcasters

locales. La ocasión sirvió para mensurar el interés por el formato, para compartir conocimiento

sobre las herramientas disponibles y para oír las experiencias pioneras, en general orientadas

al universo de los videojuegos, las series de televisión y el cómic.

Cuando llegó al país en 2013, Spotify no tenía interés en el podcast. Las noticias de su

desembarco ni siquiera mencionan el formato. Ocho años más tarde, en su informe de

actividad 2020, la compañía sueca destacó que se había triplicado el número de podcasts en su

plataforma, pasando de 700.000 en el cuarto trimestre de 2019 a 2,2 millones en el mismo

período de 2020. Y aseguró que el 25% de sus usuarios activos mensuales interactúa con

contenido de podcast, y hasta duplicó las horas dedicadas a su escucha en el último tramo del

año pasado.

El fenómeno no fue azaroso. Desde 2018, Spotify tiene una política activa de aliento al

podcast. Ese año, en las jornadas Podcast Day realizadas en Madrid, la directora de Spotify

para el Sur y el Este de Europa, Federica Tremolada, habló de las aspiraciones de la plataforma

para los años por venir: la intención era que el 20% del tiempo de conexión de los usuarios

fuera para oír podcasts. Desde hace unos meses, la compañía sueca produce en Argentina

podcast con su propio equipo, además de continuar con las alianzas con el creciente abanico

de productoras de podcast nativas.

Aunque, como en el caso de los músicos, una parte importante de la cuestión permanece

abierta y brumosa: ¿qué dividendos debe dar la plataforma a los generadores de contenido

que lo ofrecen gratuitamente a los usuarios? En una declaración reciente, el Secretario del

Consejo Profesional de Radio de Argentores, Pedro Patzer, sostenía: “Para generar esta

industria de podcast, que nosotros consideramos contenidos de radio, es necesario no sólo

que las plataformas cumplan con las leyes, también que el Estado promueva, a través de

políticas de fomento el trabajo de autores, artistas, actores, técnicos, productores, etc”.

Contenidos de autor

Si el reclamo por los derechos de autor de un podcast tiene lugar es porque se trata de

producciones complejas, ricas en información y estética sonora. Según los datos de la Encuesta

de Drop The Mic, hasta ahora el único estudio sobre consumo de podcast en Argentina, más

de la mitad de los oyentes está habituado al formato conversación (51%) o al formato

entrevista (22%), y las primeras minorías a los narrativos/documentales (16,5%) y monólogos

(5,8%), los formatos más propios del podcast. Del trabajo surgen otras tendencias

interesantes. Por ejemplo, que la gran mayoría (96%) consume podcast a través de su teléfono

móvil mientras realiza otras actividades, como viajar (44%) o cocinar (38%). Escuchan, sobre

todo, podcasts dedicados a cine y series, pero también a economía, política, sociedad y

cultura. El 70% de los encuestados lo hace a través de Spotify, lo que demuestra la decisiva

relación entre el formato y la plataforma.

Si bien las empresas mediáticas que se han acercado al formato tienden a confundirlo con

extractos de la radio o la tv, o como réplicas resumidas de otros contenidos del multimedio, lo

más interesante del universo del podcast está en aquellas producciones que exploran el

lenguaje sonoro como lo hizo Serial, con elementos del antiguo radioteatro pero en diálogo

con el tipo de consumo actual, donde se superponen los contenidos culturales on demand y las

redes sociales con el imperecedero atractivo de los libros y la conversación.

La posibilidad de la profundización en una temática o una estética ha convertido al podcast en

la deriva más interesante de la radio FM, como afirma el historiador e investigador Carlos

Ulanovsky, para quien “la radio del futuro será temática o no será”. La búsqueda del Santo

Grial de la masividad y la ecuanimidad en la que están inmersas las emisoras de frecuencia

modulada, en la que han perdido buena parte de la identidad que las diferenciaba entre sí y

con la AM, ha abierto el camino a estos contenidos que atraen cada vez más al público

interesado en la música, el humor o el cine. Algunos buenos ejemplos son La canción sin fin, el

excelente podcast de Sebastián Furman dedicado a la trilogía esencial de Charly García;

Comedia, el ciclo de Adrián Lakerman sobre humor argentino; Disco compacto, de Martín

Sanzano, sobre álbumes esenciales de la escena punk argentina, o Definitely Dylan (en inglés),

de Laura Tenschert, para superfans de Bob Dylan.

Otras categorías son los brandedpodcasts, enfocados en generar contenidos que amplían el

alcance de ciertas marcas y productos, como The Last of Us Parte II: El Podcast, El Podcast de

Chequeado: Contamos historias con datos, MUBI Podcast, en torno al cine, o No ficción, sobre

novedades editoriales de Penguin Random House. Podcasts de actualidad, como Muy en una,

sobre la pandemia de coronavirus; Alta tensión, sobre energías; Hoy Trasnoche, sobre estrenos

de cine; o Foco, de RedAcción, sobre temas del día. Un panorama muy amplio que puede

dimensionarse en esta guía de Argentina Podcastera y que hoy se tensiona entre la

atomización y la libertad de realización que alienta a producir más, y la concentración y

monetización que sustenten su futuro.

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Redacción Mayo

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