CIBERFRAUDES

Estafas en el teléfono, durmiendo con el enemigo

Hubo un tiempo en que el celular era ese aparatito feliz que servía para hablar con todo el mundo desde cualquier lugar. Con la conectividad, el algoritmo, las redes y los hackers, se puede volver una pesadilla. Por Cris Aizpeolea

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Casi una extensión de nuestra mano, hace rato que el celular dejó de ser ese aparatito feliz que nos permitía hablar con la gente. Aunque nació como una versión superadora del teléfono, lo menos que hacemos hoy con el móvil es dialogar remotamente con alguien. Antes de marcar y decir hola, es muy posible que mandemos un mensaje de WhatsApp preguntando si podemos llamar.

En vez de los ojos de la persona que tenemos cerca, el celular es lo primero y lo último que miramos cada día. Agenda, archivo, multimedia, cámara, base de datos, el teléfono es también cine, libro y música a demanda. Es el mapa y es la brújula, el espejo de la vanidad, la memoria de nuestros olvidos. Es al mismo tiempo la gente y la soledad.

 

Enredados 

El celular es tan inteligente que hoy oficia como entrada a un espectáculo, ticket para un viaje, DNI,  tarjeta o billetera abierta sin horario bancario. Vivimos en red y dejamos la  huella de todos nuestros movimientos: escenario perfecto para el ciberdelito.

En estos días, en Córdoba fue noticia el caso de un empresario que salió a festejar el Día del Amigo y le robaron el Iphone en un baile. Lo denunció y hasta pudo rastrear dónde había retomado señal el aparato. Pero cuando llegó al lugar, en su otro teléfono personal empezaron a lloverle notificaciones de transferencias. Los hackers le vaciaron la billetera digital de Mercado Pago (perdió medio millón de pesos) y sólo pudo desconocer el crédito fraudulento que habían sacado en su nombre.  

En Santa Fe, los peritos informáticos de la Agencia de Investigación Criminal intentan determinar la dimensión real de la ciberestafa que involucra a 10 sitios creados para suplantar la identidad del Banco de Santa Fe (donde cobran sus sueldos los empleados públicos) que en la última semana de julio irradiaron mails solicitando datos personales, claves y transferencias a los usuarios. Ya son más de 100 denuncias por día de clientes incautos que recibieron el mensaje en el teléfono y cayeron en la trampa de estas páginas clonadas. 

 

Basado en hechos reales

La pandemia aceleró el uso del comercio electrónico al punto que, en Argentina, se realizan  diariamente 18 millones de transacciones digitales. El crecimiento de las estafas virtuales también ha sido exponencial: 3.000% con relación al año pasado.

“Las modalidades se han diversificado tanto que resulta indispensable precisar y estudiar la formas en que pueden producirse estos ataques y fraudes informáticos para entender sus alcances”, advierte el Observatorio de Cibercrimen y Evidencia Digital en Investigaciones Criminales (Ocedic), que dirige la fiscal coordinadora Daniela Dupuy.

Para sensibilizar y prevenir a la población sobre las maniobras típicas, el Ocedic realizó el documental Ciberfraudes (disponible en YouTube) que resulta súper ilustrativo, seguramente porque está basado en casos reales, y arroja un dato revelador: el 54% de los estafadores que logra su cometido tiene estudios universitarios.

Mucho menos grave, aunque engorroso también por  la pesadilla que lleva recuperarla, es perder la identidad en Instagram y que los hackers que nos robaron el perfil salgan alegremente a pedirle dinero a nuestros contactos. Por suerte, ninguno cayó en este "ciber-cuento del tío", y todo quedó en un cómico intercambio de explicaciones propias y ajenas sobre las finanzas personales. Pero, ¡mil disculpas por las molestias!

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Redacción Mayo

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