CULTURA DIGITAL

Lo virtual y lo real como híbrido potente

El presente imaginado y el futuro por imaginar confluyen en el campo artístico, donde la realidad aumentada ofrece herramientas y propone desafíos. Por Luciano Lahiteau

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rmayo-realidadaumentada_despiece Juan Pablo Dellacha
Luciano Lahiteau Luciano Lahiteau 20-09-2022

Ilustración de Juan Pablo Dellacha.

En Detalle infinito, su primera novela, el autor escocés Tim Maughan despliega un mundo de decadencia posterior a un gran apagón digital. Bristol, en Inglaterra, es el epicentro de un nuevo tipo de comunidad que se ha aislado del mundo tras un gran hackeo. La tecnología digital se vende por su peso en plástico, cobre o cualquiera sea el material con el que fue construido: ya no funcionan. Ni siquiera los lentes que todos usaban, sin excepción, como herramientas para leer (y a través de) la realidad. Son lentes que a la orden de un parpadeo servían para leer los antecedentes de una persona, consultar sus perfiles de redes sociales en el mismo momento de verla por primera vez. 

En la imaginación de Maughan, son una versión magnificada de Happn. O la concreción de uno de los fracasos más altisonantes de Silicon Valley, los Google Glass que la compañía busca reactivar este año. También hay drones en vuelo permanente y autos que se conducen solos. Y Mary, una mujer que es capaz de ver personas en los sitios donde murieron. Son como fantasmas, pero solo pueden ser vistos por ella en lugares determinados. Como una capa más de realidad sobre la realidad existente. Como si poseyera lentes especiales para ver una película de historia sobre los lugares trágicos de la ciudad.

Los lentes que se venden como desechos y Mary son miradas sobre la realidad aumentada, y la forma en que se proyectan al futuro, hechas desde el arte. Sea como implementos añadidos a nuestra capacidad de percibir el mundo que nos rodea o como forma de alterar esas capacidades. ¿Cómo afectará a la evolución de nuestros sentidos la exposición sostenida a la realidad aumentada? La pregunta para sobrevolar el cielo silencioso de la Bristol pensada por Maughan.

No casualmente, la primera referencia a la realidad aumentada está en una novela. La firmó Lyman Frank Baum, un prolífico autor norteamericano que escribió, entre otras historias juveniles, El Mago de Oz. Baum escribió en uno de los relatos de American Fairy Tales (1901), que unos lentes electrónicos harían posible que su usuario vea información adicional de la persona a la que estuviera mirando. En el relato, se llamaban "marcadores de carácter".

La RA como espacio

La capacidad de prefiguración y profetización de la literatura puede adjudicarse las primeras referencias a la realidad aumentada. Así como el cine y la televisión. Pero las artes en general han acudido a la RA como una herramienta de gran utilidad para manipular la realidad, torcerla, ampliarla o conflictuarla. Pero siempre permaneciendo en ella.

La pandemia fue un laboratorio de lo que puede venir, y del rol de vital importancia que unos lentes de realidad aumentada podrían tener en la tan aclamada próxima estación de internet y la vida virtual: el metaverso. Durante el aislamiento y el cese completo del turismo, los museos, galerías y espacios de arte en general debieron adaptarse a compartir sus actividades y su acervo a distancia y en tiempo real. 

De este modo, quedó planteada la necesidad permanente para las instituciones y los artistas de accionar en el híbrido que plantean el mundo real físico y el virtual, al cual se puede acceder con tecnologías de realidad aumentada. Pero no solo de cómo relacionarnos con las obras de arte se trata. También de cómo producir arte nuevo y de cómo crear espacios para él.

En mayo pasado se supo que el pulpo de las ventas en internet chino, Alibaba, invirtió 60 millones en la startup Nreal, una empresa dedicada a la producción y comercialización de lentes de realidad aumentada, con los que se pretende que los usuarios puedan “ver” información adicional en sus series de tv y películas preferidas. Enklu, por su parte, desarrolló y lanzó la primera galería de hologramas llamada VERSE: The Art of the Future, una exposición colaborativa de realidad aumentada en espacio de Non Plus Ultra sobre Glenarm Place, en Denver. En tanto, se espera que la colaboración entre el David Bowie Archive, Sony Music, Planeta y Victoria & Albert Museum resulte en una versión en realidad aumentada de la taquillera muestra David Bowie Is, que promete escaneos en 3D de los artefactos y trajes de Bowie, que el público podría vestir virtualmente.

La RA como obra

El interrogante está abierto en torno a la producción de arte. Si el arte es una forma de intervenir la realidad e interpelarla. O de evadirla y citarla por oposición o contraste ¿qué rol puede cumplir una herramienta como la realidad aumentada? Para algunos, la RA es incluso más potable que la realidad virtual por su accesibilidad, su sencillez, su presencia cotidiana, y su capacidad para introducirse en un relato más grande ya planteado: la realidad. “Otra clara ventaja de las creaciones AR sobre VR es el hecho de que significa que una versión estática de su obra de arte permanece accesible a simple vista en todo momento, mientras que la aplicación abre una 'segunda vista' secreta o casi un aspecto oculto de tu creatividad”, aseguran en este artículo de Artivive. “Es una forma de expresión en la que podés continuar construyendo a medida que pasa el tiempo”.

En un trabajo para la Universidad de Granada, el investigador especializado David Ruiz Torres propone clasificar los nuevos planteamientos que presenta la realidad aumentada para el arte en tres grupos. Al primero lo llama Realidad Mezclada: obras donde la línea que separa la realidad de lo ficticio o virtual no queda bien delimitada y en el que la interacción con el espacio virtual se corresponde con el real y viceversa. Un segundo grupo sería el de las Obras Aumentadas: aquellas que utilizan la tecnología de RA para insertar objetos virtuales en el espacio real. Y un tercer grupo estaría protagonizado por aquellas experiencias que se basan en la Realidad Aumentada Espacial, y en la que la fusión entre lo real y lo virtual se realiza mediante proyecciones de luz, modificando estructuras y volúmenes virtualmente, en la que los artistas juegan con la plasticidad de los espacios ofreciendo nuevas formas y mundos irreales.

Es este último grupo el que plantea las vertientes de vanguardia. Blast Theory y su instalación Can You See Me Now?, Pablo Valbuena y su serie Augmented Sculptures y Helen Papagiannis con su obra The Amazing Cinemagician: New Media Meets Victorian Wonder fueron trabajos señeros que abrieron un campo apenas explorado y que se expande como un abanico de posibilidades. O, como lo plantea Agustina Rinaldi pensando en obras como la del artista cinético-óptico Rafael Parra-Toro, un espacio de incidencia necesario. Rinaldi se pregunta si en espacios como el virtual los Estados tendrán la misma prepotencia que en este mundo, y si los entornos y herramientas virtuales harán del arte callejero un arte irrestricto e incensurable, además de más barato para la infinidad de artistas que no cuentan con financiamiento.  

“En un contexto incierto, la única certeza es que lo virtual y lo que percibimos como real dejaron de ser elementos antagónicos”, propone Rinaldi. “Ya no existe uno sin el otro. Los falsos límites que nos habíamos autoimpuesto se desdibujaron. De hecho, la tecnología más sofisticada y paradigmática es aquella que se camufla en la supuesta naturalidad; se vuelve familiar, se fusiona con el espacio en el que se mueven las personas y se presenta como la evolución inevitable en todos los ámbitos. También, en el del arte”.

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Redacción Mayo

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