DIA DE AFRICA

África, el maltratado hogar original

Africa, el hogar original de la humanidad, no ha dejado de agonizar ante la pobreza, las guerras intestinas, los saqueadores y las pestes como el ébola, la malaria y ahora el Covid-19. El colonialismo fue reemplazado por métodos más sutiles de dominación. Por Alejandro MARECO
lunes, 24 de mayo de 2021 · 00:10

Fotos Sub Cooperativa de fotógrafos

Desde 1963, cada 25 de mayo se celebra en el continente el Día de África, pues fue entonces que se creó la Unidad Africana, una organización que reúne a todos los países del continente. En los primeros meses de la pandemia de coronavirus, el mundo se sorprendía por el bajo impacto que tenía el coronavirus en esas sociedades. Pero las escasas vacunas que han llegado han encendido la alarma de la OMS.

Los primeros seres humanos que pudieron erguirse sobre sus pies y alcanzar así una de las potencias particulares de la especie: la capacidad de atravesar grandes distancias caminando, eran habitantes del paisaje africano, el hogar original de la humanidad. 

Desde allí, hace 700 mil años, se pusieron en marcha poblaciones de homo sapien hasta llegar a los diferentes los rincones del planeta, en especial Asia y Europa. 

Es decir, la humanidad despertó en África, se desplegó en todo el globo y fue capaz de adaptarse y conquistar diferentes escenarios naturales y climáticos, según cuenta la teoría de la emigración africana.

Pero sobre ese hogar original se desatarían tormentas de dolor y sufrimiento. Entre los siglos 15 y 19 se estima que se secuestraron de sus aldeas hasta unos 60 millones de personas para convertirlos en esclavos. Es decir, les fue negada la condición de humanos a los descendientes de los primeros humanos. El destino, sobre todo, fueron las plantaciones de las colonias españolas y británicas en América.

Luego vendría la “Carrera por África”. En las últimas décadas del siglo 19, un grupo de los países más poderosos de Europa se lanzaron con voracidad desenfadada a la colonización de pueblos y territorios del continente. Así, del 10 por ciento colonizado en 1881, se pasó al 90 por ciento en 1914. Y obligaron a los africanos a hablar otras lenguas y hasta a ser parte de los modos de otra cultura, de otras instituciones.

Los tesoros del continente donde se desarolló la segunda gran civilización de la historia (Egipto), es decir, sus abundantes riquezas naturales, lo convirtieron en un objeto del deseo y saqueo europeo. 

Andando el siglo 20, en los años ’30, eran seis países los que tenían consigo su porción de la torta africana: España, Bélgica, Portugal, Italia y, sobre todo, Francia y Gran Bretaña que se quedaron con las más grandes.

Mientras tanto, sus niños y su gente han sido objetos de ensayos médicos y hasta de pruebas de leche en polvo de una compañía multinacional, entre otros atropellos. A todo esto, los ojos del mundo no cesan de ver en las pantallas documentales sobre su fascinante y atractiva fauna, aunque pocos testimonios se ofrecen de las desgracias de sus pueblos.

Y ahora: la pandemia. Vino a profundizar los extremos de la pobreza en el continente más pobre del mundo (los 10 países más pobres son africanos), entre otras consecuencias comunes que padece la comunidad universal en la hora del coronavirus.

La mano en el corazón

Hablamos del continente original de la humanidad, además, porque cada 25 de mayo se celebra el Día de África. Ese día, en 1963, fue constituída la Organización para la Unidad Africana, luego convertida, en 2002, en simplemente unidad Africana (UA). La idea fue desarrollar una panafricanismo capaz de alcanzar, en la unión, una fortaleza mínima para enfrentarse con un mundo que siempre había sido hostil. 

Cerrar definitivamente la etapa del colonialismo y relacionarse con el mundo de una manera en la que fuera posible recibir una cooperación para enfrentar sus grandes carencias y conflictos, fueron principales objetivos planteados. Hoy, la UA esta conformada por 55 estados, uno más de los 54 que la ONU reconoce en el continente (está incluida la República Árabe Saharaui Democrática, RASD).

Mientras el resto del mundo ha vivido su vida, con muchas dificultades unos y esplendores otros, África no ha dejado de agonizar ante la pobreza, las guerras intestinas, el peso de los saqueadores y las pestes como el ébola, la malaria y otras. Y claro, del colonialismo que, en casi todos los casos, fue reemplazado por métodos más sutiles de dominación y saqueo.

Entretanto, fue en África que el Sida paso de los monos a los humanos y se transformó en la pandemia tan trágica y tan traumática que estremeció sobre todo la década de 1980.

Podría pensarse que el VIH vino a representar una maldición hacia el mundo poderoso lanzada por el viejo y maltratado continente, impotente para ofrecer una vida digna a su gente. Pero, qué va: el sida también hizo estragos entre sus pueblos.

Desnutrición, neumonía, deshidratación, sarampión, tuberculosis, malaria, VIH, siguen siendo los asesinos de niñas y niños menores de 5 años en las zonas rurales de Etiopía y de muchos otros países del continente olvidado y silenciado”, ha dicho el médico español Iñaki Alegría, que ejerce su tarea profesional en Etiopía pero que equipara esta situación a la de gran parte del continente.

Hasta hace unos meses, Europa y el resto del globo se sorprendía por el impacto atemperado que la pandemia registraba en África, a pesar de presentarse tan vulnerable. Hasta aquí, con más de 1.300 millones de habitantes, lleva contados 130 mil muertos, mientras que en el mundo suman casi 3,5 millones.

Las teorías sobre las razones de este menor impacto han incluído la idea de que las constantes luchas con pestes desarrollaron defensas especiales, así como el hecho de que no es sencillo para los africanos llegar a la ancianidad (principales víctimas del covid 19, al menos hasta aquí) en un contexto de tanta adversidad. La tabla de expectativa de vida africana, trazada el año pasado, tiene como extremos a Argelia, con 78 años, y a Lesoto, con 53. Son más de 30 los países que no superan la expectativa de los 65 años.

“Es el resultado de su diferencia en varios ámbitos como lo sociocultural, lo de la alimentación y lo de su historial epidemiológico y demográfico antes de llegar la pandemia”, ha dicho Alegría en el diario El País, de Madrid. También destacó la adaptación socio cultural a la situación.

Su ejemplo es Etiopía: “El saludo era el choque de hombros que ha sido substituido inicialmente por el choque de codos y ahora por llevarse la mano al corazón. Con esto quiero destacar la responsabilidad social en adaptarse, respetar y seguir las nuevas recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS)”.

Ansiedad por vacunas

Pero la misma OMS, desde hace unos días, viene alertando sobre el notable aumento de contagios en el continente, sobre todo a raíz de las dificultades de provisión de vacunas: su principal proveedor, India, se ha ocupado últimamente en atender su propio espiral de contagios. 

Además, entre febrero y mayo se aguardaban 66 millones de dosis de Covax (fondo de acceso global a las vacunas contra el covid 19), pero hasta la fecha de esta publicación sólo se habían recibido 18,2 millones de dosis, según la OMS. 

La distribución y el usufructo de las vacunas ha dejado al desnudo otra vez la mano de los poderosos del planeta.

Como acotación, vale refrescar que en marzo pasado murió el presidente de Tanzania, John Magufuli, contagiado de coronavirus. Era un ferviente negacionista del covid y es hasta el momento el único jefe de estado caído a causa de la pandemia.

Hace unos días, en París, una cumbre de países e instituciones financieras convocadas por el presidente francés Emmanuel Macron resolvió movilizar 100.000 millones de dólares hacia África, para afrontar el desastre sanitario y económico.

Sudáfrica ha sido en el continente el país más complicado por la pandemia, tanto que de esa proliferación de contagios surgió una nueva cepa que se posiciona como una de las más peligrosas.

Ese ejemplo estremece y asusta a los países centrales, sobre todo porque si África queda al margen de las estrategias de vacunación, pueden aparecer otras cepas. Y, se sabe: ninguna nación, por más poderosa que sea y por más vacunas que haya acumulado, puede dormir tranquilo ante semejante amenaza.

Mientras tanto, África, el continente saqueado y silenciado, clama por ponerse de pie y marchar otra vez, como cuando fue la cuna de la humanidad.

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