CAJA DE RESONANCIA

Del espanto de la esclavitud a los sones americanos

Así como América fue para los africanos secuestrados el territorio donde fueron tratados como animales de trabajo, también pudieron dejar aquí una enorme herencia musical.
lunes, 24 de mayo de 2021 · 06:30

Fotos Sub Cooperativa de fotógrafos

"Es difícil de creer que lo que hoy sería un crimen contra la humanidad era legal en esa época”. Fue en 2006 que el entonces primer ministro británico, Tony Blair, ensayó una especie de disculpa por la participación de su país en la afrenta contra la humanidad que representó la esclavitud y el terrible negocio montado a su alrededor.

Lo dijo cuando se estaban a punto de cumplir 200 años desde que los británicos se prohibieron a sí mismos traficar con esclavos. Y no fueron los únicos: españoles y portugueses, entre otros, salían a cazar africanos por el continente donde nació la humanidad

“Creo que el bicentenario nos ofrece una oportunidad no sólo para decir cuan profundamente vergonzoso fue el comercio de esclavos, cómo condenamos absolutamente su existencia y elogiamos a aquellos que lucharon por su abolición, pero también para expresar nuestra profunda pena porque alguna vez haya sucedido y de regocijarnos por los tiempos diferentes y mejores en los que vivimos hoy”, dijo entonces, acaso demasiado tarde.

De todas las razas que han padecido la condición humana por obra de sus pares, la negra tiene una de las memorias más devastadas. Hijos del continente donde nacieron los seres humanos, sobre sus hijos, los negros, se desataría uno de los crímenes más aberrantes y calamitosos: la esclavitud, que les arrebató su naturaleza humana para convertirlos en animales de trabajo. 

La globalización sucede desde hace 500 años y pico, cuando los viajes de Colón nos encontraron a todos como parte de un globo. Para gran parte de África, como para otras partes del mundo, comenzó entonces una especie de enorme cataclismo, acaso el más arrasador de todos: la voracidad de los poderosos.

Se estima que hasta 60 millones de africanos fueron víctimas de la esclavitud y una inmensa parte de ellos murieron en los barcos, en las plantaciones, bajo el azote del látigo de los amos.

Pese a los arrepentimientos y las disculpas, la mirada de los poderosos, o desde las sociedades de los poderosos, no ha cambiado lo suficiente. Por ejemplo: ¿cuánto valen 50, 100 mil vidas perdidas, de las cuales la mitad son de niños, si sucede en la región del mundo llamada Cuerno de África, como ha pasado hace unos años? ¿Cuánto se refleja la pobreza, la enfermedad y la desesperación en África? Está claro que muy poco cuando se ve con la escasa relevancia con que la reflejan los medios de comunicación y las preocupaciones que al respecto asume la comunidad internacional.

Mientras tanto, de aquella condena de ser secuestrados en sus lugares originales para ser traídos a las colonias en este continente, acaso el único consuelo que queda es que América se convirtió en la caja de resonancia de África

La riqueza rítmica y sonora de los africanos, esclavos pero capaces de tener a mano un tambor, se desplegó a lo largo de todo el continente americano, de norte a sur, de Estados Unidos hasta Argentina, y dejó una huella tan inquietante que desde entonces no ha parado de hacer bailar.

Blues, jazz, salsa, cumbia, candombe, merengue, samba, lambada, reggae y tantos otros géneros musicales atraviesan el latido sonoro de América como herencia negra. En Argentina se pueden sumar, aunque quede mucho por debatir al respecto de su origen, algunos ritmos como la chacarera, acaso el gato, las milongas camperas y urbanas, e incluso el tango.

América, entre tantas cosas que la definen como el mundo nuevo, el mundo de la mixtura, ha asumido el pulso musical africano como parte de su propio pulso.

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