Perú en la encrucijada: debilidad institucional, desigualdad y descontento social

Lejos de acortar la brecha económica y política, el primer año de Pedro Castillo en el poder encuentra al país sumido en una grave crisis, potenciada por la pandemia y la guerra. Por Marcelo Taborda

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Marcelo Taborda Marcelo Taborda 27-07-2022

“El Perú es desde este momento libre e independiente por la voluntad general de los pueblos y por la justicia de su causa que Dios defiende. ¡Viva la libertad! ¡Viva la independencia!”, proclamó ante unos 16 mil vecinos reunidos en la Plaza de Armas de Lima un general y estratega nacido en Argentina que además de bregar por la emancipación de su patria venía de liberar a Chile.

Era el 28 de julio de 1821 y, 201 años más tarde, las palabras pronunciadas por José de San Martín alcanzan dimensión continental que interpela no sólo al Perú y aquellas naciones a las que ayudó a liberar del dominio español, sino también a otras de la región, a las que la inconmensurable riqueza no termina de sacar a su gente de desigualdades y urgencias que ya son endémicas.

A dos siglos de aquella solemne declaración, al cumplirse un año en la presidencia de Pedro Castillo, un maestro rural que levantaba las banderas del Perú profundo e interior, ninguneado siempre por las elites del poder enquistadas en Lima, la brecha política, social y económica está lejos de haberse cerrado, tras una pandemia que castigó con especial virulencia a este país.

Danza de presidentes

Un fugaz repaso por la suerte corrida por los mandatarios que gobernaron Perú desde 1985 en adelante indica que todos ellos han afrontado o pueden tener aún imputaciones y/o condenas por hechos penales de gravedad. Así, Alberto Fujimori, quien gobernó una década entre 1990 y 2000 y propició un autogolpe contra el Congreso del que en abril pasado se cumplieron 30 años, fue condenado y enviado a prisión por crímenes de lesa humanidad y corrupción.

Alan García, quien le precedió en el poder y regresó a la presidencia en 2006, se suicidó de un disparo cuando agentes fueron a detenerlo por orden de la fiscalía peruana que investiga la trama de sobornos de la empresa Odebrecht, para quedarse con licitaciones y grandes obras en el país. Por la misma trama está imputado y con demorada extradición desde Estados Unidos el ex presidente Alejandro Toledo (2001-2006) y también se dictaron órdenes de prisión preventiva contra el nacionalista Ollanta Humala (2011-2016) y su esposa y ex primera dama, Nadine Heredia, y contra el empresario Pedro Pablo Kuczynski, cuyo mandato se inició en 2016 y concluyó abruptamente en 2018. La renuncia de PPK, presentada en medio de los escándalos que preanunciaban su destitución abrió un período de gobernantes fugaces, destituidos o vacados y dimitidos. Pasaron Martín Vizcarra (2018-2020); Manuel Merino (renunció a los seis días de asumir) y Francisco Sagasti (2020-2021).

Inestabilidad permanente

“Perú se encuentra en una encrucijada donde la debilidad de sus instituciones, la falta de partidos políticos sólidos y el descontento social lo sumergen en una crisis política y económica que cada vez se hace más profunda y que repercutirá en las futuras generaciones. A pesar de que los peruanos percibimos una falta de liderazgo, que la corrupción está en su máxima expresión, que la ineficiencia y mediocridad son requisitos para altos cargos en el Ejecutivo, existe una especie de adormecimiento social, desgano por un cambio y tolerancia a la corrupción”, dijo desde Lima a Redacción Mayo la periodista y productora de televisión Nurik Valenzuela.

“La situación que atraviesa Perú, creo que sigue una estructura que se arrastra desde hace décadas. No cambió con Pedro Castillo y los escándalos continúan; las denuncias de corrupción dentro del aparato del Estado siguen. En estos momentos se está investigando a la cuñada del presidente e incluso a la primera dama, citada como testigo en una causa por un presunto ofrecimiento de obras que hizo la cuñada del jefe de Estado en comunidades de Cajamarca, la tierra de Castillo”, indicó a Redacción Mayo el periodista Javier Romero, jefe del área de Internacionales de Exitosa Radio y TV - Perú.

“El Congreso de la República ha tenido en sus manos la posibilidad de vacar (destituir) al actual presidente en dos oportunidades pero no logró los votos necesarios y ahora se tiene, en puerta, una tercera intención de vacarlo aunque no lograría los votos necesarios. Todo ello en menos de un año de gestión”, señala Nurik Valenzuela, quien además opina que en su país “los intereses políticos prevalecen a los intereses de la ciudadanía, que según la última encuesta de la consultora Ipsos le da a Castillo un 74% de desaprobación”.

Castillo tiene en este momento cuatro investigaciones fiscales abiertas. Según la Constitución peruana sólo la fiscal de la Nación puede abrir una investigación al presidente, pero no puede procesarlo hasta que termine su mandato. También afronta graves imputaciones por corrupción la reincidente candidata presidencial Keiko Fujimori, hija del ex gobernante preso y derrotada por Castillo por apenas 40 mil votos de diferencia en el balotaje de 2021.

“El clima político es muy grave, crítico. Continúan las confrontaciones entre el Ejecutivo y el Legislativo. La supuesta buena relación de la que se habló al inicio de la nueva gestión tanto del gobierno como del Congreso no fue nada más que puras palabras y siguen las fricciones entre ambos poderes del Estado”, puntualiza Romero.

Economías en guerra

Valenzuela resalta que el sector empresarial ha pedido la renuncia del actual mandatario y otras asociaciones o actores civiles y políticos reclamaron un adelanto de elecciones que, para el cargo de presidente deberían realizarse en 2026. “Muchos perciben un retroceso que estaría regresando a la pobreza a aquellos que salieron de ella y llevando a la informalidad a una gran parte de la población. El Perú en los '80 fue considerado un paria internacional, con hiperinflación y terrorismo; la reforma de los '90 logró que en tres décadas se hablara del `milagro peruano' por desempeño económico y reducción de pobreza”, dice Nurik.

En la mirada de Romero, en tanto, hay una referencia al contexto internacional de pospandemia y de guerra en Ucrania, que impacta en el convulsionado presente de su país y la región. “En la crisis actual también tienen que ver el alza de los combustibles, la falta de fertilizantes para iniciar el año agrícola en el país, que empieza en agosto; los agricultores han realizado paros, bloqueos de carreteras. Los transportistas también protestan en las rutas por el tema de los combustibles… Las promesas de una segunda reforma agraria que ofreció Castillo no han avanzado más que en palabras, documentos, pero nunca se concretaron hasta ahora. Y en lo social, los servicios básicos siguen siendo precarios. No ha habido cierre de brechas en el tema de la salud o la educación”, sostiene Javier.

Expectativas divididas

En su crítica visión del desempeño del actual mandatario, Nurik le endilga a Castillo “desunir a los peruanos” y “espantar a los inversionistas”.

“El presidente menciona en sus discursos que este es un gobierno del pueblo, pero debe recordar que al pueblo lo conforman los 33 millones de peruanos, no el porcentaje que votó por él, que en su mayoría lo hizo por antifujimorismo. En este año de gobierno se ha paralizado la inversión pública y privada”, alega Valenzuela, al tiempo que recuerda que el resultado oficial de la segunda vuelta le dio 50,125% de los votos a Castillo, frente al 49,875% de Keiko, una diferencia mínima.

Por su lado, Romero interpreta la desazón de quienes reclaman un giro real a la izquierda desde hace un año. “No hubo ese cambio que se esperaba con la llegada de Castillo, alguien que no tenía nada que ver con los grupos de poder político pero que finalmente termina siendo lo mismo”, argumentó el periodista.

Para Javier, es evidente que la crisis es una herencia de décadas, pero que se agravó aún más con la pandemia y la paralización de las actividades económicas. “El tema de los combustibles ha generado el alza de los precios de productos de primera necesidad: los alimentos, el transporte para abastecer a los mercados y, con el alza del petróleo, también el costo de la canasta básica familiar. Esto genera una depreciación del salario mínimo. Además sigue habiendo mucha informalidad laboral y eso afecta también económicamente al país”.

Ollas de empatía

“Ahora acá en Perú –relata Javier- se ha extendido el tema de las 'ollas comunes', preparadas por familias de zonas muy pobres de la capital, que se reúnen y juntan todo tipo de alimentos para poder elaborar almuerzos destinados a ellos mismos y a familias que no tienen dinero para un plato de comida. Las ollas comunes se han convertido en un salvavidas para miles de familias en situación de vulnerabilidad y eso es a raíz de que muchos se han quedado sin empleo por la pandemia y no cuentan con un recurso económico para poder alimentar a la familia”.

Según Romero, la crisis económica no fue disimulada por la crisis política y, mientras los dirigentes más se pelean, menos ven los temas de coyuntura, que deberían ser tomados como prioridad y debatirse para lograr soluciones. “Se debería tratar de dejar de intentar vacar a uno, como de ya no hablar de disolver el Congreso, cuando lo que se necesita en este momento es ver acciones concretas y en conjunto entre ambos poderes, para buscar alternativas que puedan reactivar la economía y recuperar la confianza de las inversiones extranjeras para repotenciar el país”, enfatiza Javier.

Dualidades compartidas

Para Valenzuela, las pujas políticas no se han traducido en una crisis económica mayor debido a que las fortalezas macroeconómicas del Perú han permitido reaccionar. “Y esto es en parte por la independencia que desde hace años tiene el Banco Central de Reserva, liderado por Julio Velarde, cuyas funciones han sido renovadas en este gobierno”, acota Nurik.

La periodista y productora de TV también resaltó que la pandemia puso en evidencia la fragilidad del sistema de salud pública y todas las brechas peruanas preexistentes, tanto sociales, como educativas y de infraestructura. En ello coincide a grandes trazos con lo que evocó su colega Romero en un diálogo con Redacción Mayo que es parte de este informe (ver aquí).

“En pleno siglo 21 existen zonas en el Perú profundo sin los servicios básicos. Esto se debe a la falta de capacidad de gestión de las autoridades. Sin un cambio de mentalidad, sin gente idónea en puestos claves, el Perú seguirá este camino de retroceso y de incertidumbre para los jóvenes”, advierte Valenzuela.

A poco más de dos siglos de que se proclamara su independencia, un año después de la llegada de Castillo a la presidencia y tras décadas de postergación o invisibilidad de vastos sectores de población a los que nunca les llegaron los beneficios del “milagro” macroeconómico, emergen historias de prosperidades y miserias; riquezas extremas y marginalidades dolorosas que coexisten no sólo en Perú, pero que allí hallan un espejo donde otros vecinos pueden mirarse.

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Redacción Mayo

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