ECONOMÍAS

"La salida está en el interior, pero el Frente de Todos se encerró en el conurbano”

Es una de las pocas voces críticas del Frente de Todos, al que describe como un partido regional del AMBA. Reclama que haya Paso y debate interno. Fue dos veces intendente de San Antonio de Areco y asegura que el peronismo cayó en la la trampa del “centralismo bobo”. Por Virginia Guevara
sábado, 7 de mayo de 2022 · 00:00

Francisco “Paco” Durañona es uno de los pocos dirigentes del Frente de Todos que no baja la voz para plantear críticas dentro de la coalición gobernante. Dos veces intendente del municipio bonaerense de San Antonio de Areco y actual senador de la provincia de Buenos Aires sostiene que la decadencia argentina es reversible si el Gobierno abandona el “centralismo bobo” y mira al interior del país, pero considera que viene haciendo justamente lo contrario. Pide discusión y primarias para el 2023, y sostiene que el Frente de Todos debe recuperar la aspiración de movimiento nacional del peronismo y dejar de ser el partido regional del conurbano. Líder del Movimiento Arraigo y defensor del municipalismo como forma más eficiente de organización del territorio, milita la desconcentración y la migración inversa hacia el interior del país. También reclama candidatos del interior.      

 

-¿Cómo interpreta la crisis en la cúpula del poder nacional? ¿Tiene el dramatismo que por momentos se percibe o es un proceso de discusión normal en una coalición?

-Hoy tiene una altísima dosis de dramatismo lo que está pasando, por la situación de la Argentina en el contexto internacional y por las consecuencias de lo que fueron los últimos seis años en el país.

Muchos teníamos una expectativa mucho mayor sobre esta gestión, pero de ninguna manera estamos en una situación de fracaso político irreversible. Los resultados no son buenos y creo que nos equivocamos en los modos, que la estética y la narrativa que se impone en el Frente de Todos genera una situación de más dramatismo.

Creo que son formatos y recetas viejas, que suponen una pérdida de frescura y de dinámica muy importante, y sobre todo pienso que hay una ausencia total de debates profundos y de claridad respecto al rumbo, un muy mal diseño electoral sin propuestas claras, lo que luego dificulta la toma de las decisiones. Entonces se terminan dando discusiones de muy baja monta respecto de enojos, de mensajes no respondidos…todo eso está muy lejos de lo que uno aspira como dirigente político de un país con un potencial inmenso. Es una política que no está a la altura de las circunstancias.

 

-Lo que se perciben son miradas muy diferentes de la realidad dentro del propio Gobierno. La negociación y el acuerdo con el FMI exteriorizaron esas posturas con claridad. ¿Cómo se avanza en un rumbo con tanta resistencia interna?

-Me resulta muy extraña esta circunstancia. En los últimos dos años yo no escuché voces dentro del Gobierno que dijeran que no había que acordar con el Fondo. Nadie quería entrar en default y no escuché ninguna propuesta superadora a la que finalmente se acordó. Mi opinión es que no es la letra chica del acuerdo la que pone en riesgo a la Argentina, ni el posible ajuste, ni supuestas reformas estructurales que no están en ese acuerdo.

La realidad es que la puerta al gran ajuste y a las reformas que pueden afectar seriamente al país se va a abrir si nuestro gobierno fracasa, si nos quedamos en las peleas de palacio y no generamos una competencia amplia sobre una agenda fuerte que amplíe nuestra base, que abra el Frente de Todos y devuelva la dinámica que el Gobierno perdió.

En definitiva, el riesgo que supone el ajuste depende de quién gobierne la Argentina a partir de 2023. ¿Qué mejor excusa para el ajuste que quiso hacer el macrismo y no pudo que tener ahora un acuerdo con el Fondo sobre la mesa? Esto es lo que está en juego. Pero la verdad es que a mí no me gusta ganar porque si no viene el cuco del macrismo. A mí me gustaría ganar porque tenemos un proyecto superador, que genera expectativa, es claro, es competente e incluye el interior en la conversación. Todo esto es lo que nos está faltando.

 

–La suya es una de las pocas voces del Frente de Todos que plantea con crudeza la hiperconcentración de la coalición en el AMBA. En zonas como Córdoba es testimonial esa presencia política. ¿Cómo hace el Frente de Todos para volver a expandirse más allá del AMBA?

–Yo vivo en el interior de la provincia de Buenos Aires, que es muy similar a Córdoba y a todo el centro del país. Compartimos características culturales muy similares, en cuanto a la forma de vida que tienen en los pueblos, la producción tradicional de la Argentina, la cultura tradicionalista. Eso es vivir en el interior y eso está muy lejos de sentirse representado por el Frente de Todos.

Insisto con la estética, es decir, las palabras, los discursos, las posiciones, las prácticas políticas concretas, es ahí donde nos alejamos del interior porque nuestro espacio político se encierra cada vez más. Parece un partido vecinalista del conurbano más que el movimiento nacional que ha sido el peronismo, que es la columna vertebral del Frente de Todos. Basta mirar los candidatos que se eligen a dedo para constatar esa condición, y eso obviamente tiene consecuencias. Si no hay una mesa nacional de Frente de Todos donde participan activamente los gobernadores, no digo para firmar convenios y sacarse fotos, sino para verdaderamente hacer una conversación profunda. 

Si no hay gestos como los del gobernador Jorge Capitanich con el gobernador Juan Schiaretti, si no se puede conversar más allá de las diferencias que sabemos que hay, no hay salida. A partir del 2023 para iniciar un nuevo ciclo en la Argentina hay que hacer un cambio sustancial en el sentido de nuestra fuerza política hacia el interior, abrazarlo y que incluso lo lideren dirigentes del interior. Ellos van a saber perfectamente cómo cambiar esta lógica.

No va a ser sencillo, pero que cambien los actores va a ser necesario para que sea creíble y sea un cambio de agenda real. 

 

–Su apuesta nacional es Jorge Capitanich. Está alentando una fórmula con Wado de Pedro como candidato a gobernador de Buenos Aires. ¿Cómo deben seleccionarse los candidatos? 

–A mí me gusta Capitanich porque lo conozco y es uno de los muy pocos dirigentes de nuestra fuerza que tiene claridad respecto del rumbo que hay que tomar, cuál es la posición de Argentina en el mundo, cuál es el desarrollo estratégico de inversión pública que hay que hacer para integrar a la Argentina desde el interior. Además, porque es un hombre que tiene una vasta experiencia en la gestión y tiene capacidad electoral. Tiene una manera de relacionarse con sus pares interesante, que apuesta al diálogo.

Debería sí o sí formar parte de la discusión, mostrar propuestas y competir en un marco de una PASO. Debe haber PASO, deben estar los gobernadores, por un lado, alguno de los miembros fundamentales del Frente de Todos, Sergio Massa debe participar de esa contienda, el propio Presidente dice que él quiere ir a la reelección y debe participar también. Yo también hablo de Wado De Pedro en la provincia de Buenos Aires porque es central generar una renovación profunda. Wado es renovación, es joven y está comprometido con la gestión en el interior. Le fue bien en Mercedes porque conoce la importancia del sector productivo.

 

–¿Qué le pasa al kirchnerismo con el campo? ¿Por qué tiene esa visión tan distorsionada de lo que representa la principal fuerza productiva que tiene el país?

–Hay mucho complejo dentro de nuestra fuerza política respecto de quienes conforman lo que se podría llamar “el campo”. Muchos prejuicios y, en algunos casos, falta de conocimiento. Pero no de conocimiento del sistema productivo, sino de cómo es la realidad actual en el interior, de la idiosincrasia.

Si bien tanto Néstor como Cristina vienen del interior profundo, la Patagonia es una zona núcleo productiva. Lo real es que terminó generándose este encierro metropolitano, conurbanesco y porteñocéntrico, con poco aporte de miradas que tengan que ver con la agenda del interior. El campo no es exclusivamente la Mesa de Enlace, del mismo modo que el interior del país no es el campo representado por la Mesa de Enlace.

El interior está compuesto por una enorme diversidad de actores que la Nación parece desconocer, entre ellos el sector cooperativo, actor central en el interior productivo que debería ser un socio estratégico para reconstruir la relación con la producción y con el territorio, porque las cooperativas son fuertes en la prestación de servicios públicos. Es un sector que ha tenido un avance impresionante, que crece con eficiencia y que es ninguneado.

Los gobiernos municipales son los otros grandes ninguneados de este modelo centralista de control de los recursos y de la toma de decisiones que ya está totalmente agotado. 

 

-¿Y cómo se cambia ese esquema?

-Hay que hacer un cambio muy fuerte en cuanto a la distribución automática de recursos a las provincias y a los gobiernos locales. Entender que la implementación de las políticas públicas y la solución de los grandes problemas cotidianos de las personas están en manos de los gobiernos provinciales y locales. No puede seguir sucediendo que los ministros de obras públicas de la Nación financien cordón cuneta o jardines maternales en los pueblos, eso es una barbaridad que no tiene ninguna explicación más que la del centralismo bobo que se practica en Argentina.

 

-¿Y a nivel de recursos cómo debería ser ese cambio?

-Hay un problema en la maraña de impuestos nacionales, provinciales y tasas municipales, es un desquicio. Muchos vienen de hace más de un siglo, es un esquema que ya no es apto para el siglo 21. Obviamente que al Estado hay que financiarlo, pero a la Argentina hay que ponerla en marcha en sintonía con este tiempo y es ahí donde hay que dar un gran debate. Viene una elección importante en 2023 y hay que debatir, no solo sobre quiénes son los candidatos, sino cómo vamos a cambiar desde el eje la Argentina en su matriz fiscal, en su matriz productiva, en su integración regional y en su rol geopolítico. Es otro tiempo, cambió todo y nosotros seguimos machacando con unas ideas y unas prácticas que fueron importantes y exitosas, pero que hoy representan más el final de un ciclo que el inicio de otro.

Lo que el peronismo debe plantearse es una renovación que protagonice y lidere este tiempo que efectivamente demanda reformas profundas: no podemos discutir por separado las tasas municipales, las retenciones, la transferencia de ingresos a las provincias. Es un combo completo, una propuesta integral, debemos ponerla sobre la mesa y si es elegida, ejecutarla. Así es la vida democrática. El problema es que hoy no tenemos propuesta clara y si seguimos ocultando las discusiones, eligiendo los candidatos a dedo, manteniendo el encierro porteñocéntrico y no dando ningún debate interno, cuando las papas queman no hay consenso. Eso es lo que pasa hoy.

 

-Suele reiterar que Argentina es el país con mayor concentración poblacional del mundo y es muy impactante ese dato. Lidera el movimiento Arraigo, ¿la salida está en el interior?

-El tema de la concentración de la población argentina es alarmante. El 90 por ciento de la gente vive en grandes núcleos urbanos, que además son menos de 4. Sólo un 10 por ciento vive en zonas rurales. Tenemos 2.300 municipios en el país, de los cuales el 98 por ciento tiene menos de 100 mil habitantes. El dos por ciento de los municipios concentra al 65 por ciento de la población. Es una desorganización territorial fenomenal, en un país que además tiene gran diversidad climática, gran diversidad productiva, nulos conflictos religiosos o étnicos.

Tenemos esquemas que nos permiten posibilidades de comunicación eficientes, como las vías navegables o la posibilidad de reactivar las vías férreas que conectaban a la Argentina de punta a punta. Esta decadencia es reversible y es esperanzador para los argentinos mirar al interior: la calidad de vida es mucho mejor en el interior y en especial en las localidades más chicas.

Es urgente comenzar un proceso de migración inversa en la Argentina. Para eso hay que generar las condiciones, por supuesto, en transporte, conectividad, vivienda urbana y recrear el modelo de producción local de alimentos, que hoy debe ser de producción agroecológica. Todo esto está en agenda en el interior muy tímidamente y es un proceso en el que deben involucrarse de lleno los gobiernos locales. Es un proyecto que genera consenso y que supera la grieta que tanto se pregona pero que ya no enamora a nadie.

Yo creo en la Argentina de la migración inversa, que promueva el arraigo, que suponga una alta dosis de inversión pública para modernizar el país y facilitar el proceso. Podemos discutir el formato, por supuesto, pero el camino es ese. Ese es el eje del nuevo ciclo de Argentina.

 

-¿Dividir la provincia de Buenos Aires ayudaría en ese proceso? Es una idea recurrente…

-No, no, no. Por supuesto que dentro de todos los desafíos del siglo 21 está el hecho de revisar una organización que es de la época de la colonia. Esto es real: definitivamente tenemos que hacer una profunda reforma institucional y jurídico-política y territorial del país. Si la provincia de Córdoba, que para mí es un modelo excepcional de municipalismo, tiene el triple de municipios que Buenos Aires en la mitad de la superficie, evidentemente hay territorios que se han quedado en el tiempo y eso niega valor al rol de las comunidades, al hecho de poder gobernarse en las funciones propias de la vida comunitaria, de darles autonomía y descentralizar los recursos necesarios para que puedan desenvolverse. Bueno, esta es la discusión, es interesantísima y es mucho más que pensar en dividir Buenos Aires por motivos electorales. Eso puede llegar a ser parte de la discusión, pero en el marco de una voluntad profunda de reconfigurar institucional y territorialmente el país. Creo, sí, en el efecto positivo que tendría el traslado de la capital de la Nación y también de la capital de la provincia de Buenos Aires. Eso sería muy sano. Y creo que es urgente replantear el funcionamiento de una institución que tiene un altísimo nivel de rechazo, como es la Justicia.

 

-La Justicia tiene altísimo nivel de rechazo ciudadano, pero el poder político se enfrasca en una batalla por el Consejo de la Magistratura. ¿Cambia algo en la Justicia esta discusión?

-Es un tema que no entiende la gente y que no le interesa a casi nadie que no esté en el poder. Lo que el ciudadano de a pie cuestiona es que no tiene garantizado el acceso a la Justicia. En el interior de la provincia de Buenos Aires, en la inmensa mayoría de las localidades, no hay fiscales presentes, no hay defensores oficiales, y el único tribunal disponible es el Juzgado de Paz, una institución anterior a la época de Rosas. Tienen mínimas herramientas para las demandas de las comunidades.

Hay que federalizar el acceso a la Justicia, es básico. Eso es central y no tiene ninguna presencia en la agenda: no hay paridad de género en la Justicia, no se atienden las demandas de la comunidad, siguen existiendo cargos vitalicios. Todo es desquiciado. Volvemos a un Consejo de la Magistratura de 20 miembros y pero seguimos con una Corte de cinco miembros, que hoy son cuatro, y sin representación de las provincias. Es un disparate esa discusión. 

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