JUEGO ABIERTO

La izquierda: entre la tensión social y los desencantados del modelo

El periodista y analista Fernando Rosso describe el escenario que tiene por delante la izquierda tradicional tras el resultado electoral de las últimas legislativas y de cara al 2023. Por Juan Pablo Carranza

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Ilustración Chelo Candía

En las elecciones del 2021 el Frente de Izquierda Unidad obtuvo el 5,9 % de los votos en todo el país. El resultado lo posicionó como la tercera fuerza a nivel nacional. Y conformó un bloque con cuatro diputados en la Cámara Baja, el más numeroso logrado hasta ahora.  

¿Cuáles son los desafíos que tiene por delante este espacio? ¿Cómo y dónde disputa poder y construye capital político en una arena atravesada por la grieta? ¿Cómo se relaciona con los principales actores de la escena Argentina?

Para Fernando Rosso, editor del portal Izquierda Diario y dirigente del PTS, el volumen electoral de la izquierda se explica por un crecimiento genuino de su caudal electoral. “Crecimos en votos y en el voto histórico en todo el país”, apunta en primer lugar el dirigente.

A diferencia de lo que plantean otros analistas, entiende que la grieta benefició al Frente de Izquierda en las últimas legislativas. “Las alternativas a las principales coaliciones llegaron por la polarización y no por el centro como se esperaba en un principio, como por ejemplo con un (Roberto) Lavagna o un (Florencio) Randazzo. En este escenario, la izquierda hizo una de sus mejores elecciones y consolidó volumen electoral”, apuntó.

La conflictividad y la calle 

“La izquierda tiene un anclaje electoral que va desde los movimientos de desocupados hasta los sindicatos, desde el movimiento estudiantil al movimiento de mujeres. Son luchas orgánicas que se reflejan en disputas parlamentarias, pero se combinan con la movilización extraparlamentaria, que es donde obtienen su fuerza”, describe. 

En este  diálogo entre “lo político y lo social” que propone la izquierda trotskista la calle es -según Rosso- el escenario central de la disputa política. Pero  en casi dos años de pandemia, con restricciones sanitarias alternadas con brotes de contagios y una agenda casi usufructuada por el Covid-19, todas las manifestaciones se vieron limitadas, reconoce. 

“En estos dos años la situación epidemiológica le puso un paréntesis a la disputa. Desde diciembre de 2017, cuando ocurrió la movilización contra la reforma previsional del gobierno de (Mauricio) Macri no hubo otra acción colectiva cualitativa. Cuando se vea el ajuste y las consecuencias -malas o muy malas- del acuerdo con el Fondo Monetario Internacional (FMI) va a decantar la conflictividad social”, advierte Rosso.

Las redes, la otra batalla

Las redes sociales pueden servir de termómetro social para medir esta tensión. Pero a diferencia de las nuevas expresiones de la derecha alternativa, que ponen especial atención en la disputa que se da en ese plano, especialmente en Twitter, Rosso le quita centralidad a los debates virtuales en la agenda de la izquierda. 

“Hay dirigentes que tienen un esgrima muy aceitada como Myriam Bregman y contamos con una batería de herramientas para llegar a nuestro electorado. Pero siempre es más complejo explicar una política de izquierda de manera sintética en redes, mientras desde otros espacios se tiran frases que repiten el sentido común y solo buscan un título para viralizar en Instagram”, apunta.

Y agrega: “No hay que esperar de las redes más de lo que redes pueden dar.  Una persona con una ética de izquierda no puede recurrir a ataques personales como hacen dirigentes de otros espacios. En este sentido la derecha está más sobrerrepresentada en los medios que lo que es en la realidad”, dice. 

Liderazgos

La historia reciente de la izquierda tiene una serie de hits electorales que la ayudaron a consolidarse como expresión en el tablero nacional. Esta trayectoria lo distingue del armado que ocurre en el otro extremo de la grieta con las derechas alternativas, que está en una etapa germinal. 

El punto de partida de la historia reciente fue en 2011  con un “Milagro para Altamira”. Aquella campaña presidencial que encabezó el histórico dirigente Jorge Altamira llevó al Frente de Izquierda y los Trabajadores (FIT) a superar las PASO. 

Cuatro años después, el triunfo de Nicolás del Caño sobre Altamira en las primarias presidenciales de 2015 consolidó la marca del espacio en varios puntos del país e introdujo una renovación en los liderazgos.  A esto hay que sumar la modalidad de rotación de bancas.

“Logramos un fenómeno más nacional. Obtuvimos 25% de los votos en Jujuy, 10% de los votos en Neuquén, cerca del 10% en Chubut, un importante caudal de votos en  el Gran Buenos Aires y un buen resultado en La Matanza”, describe Rosso. 

Precisamente esta expansión territorial llevó a tener una representación parlamentaria diversificada. Una diputada por la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (Caba), Bergman; dos por la provincia de Buenos Aires, Del Caño y Romina Del Plá y uno por Jujuy, Alejandro Vilca.

¿Donde crecer?

“La polarización está puesta en cuestión. Es cierto que cerca del 80% del electorado se inclina por las principales opciones, pero hay dos elementos: en primer lugar hay un voto en contra de uno, más que una adhesión clara y por otro lado, la elección demostró quE se tendió a romper hacia los extremos”, analiza Rosso.

En este escenario ¿dónde se puede crecer? ¿a dónde ir a buscar más votos? Los sectores más de izquierda del Frente de Todos (FdT), desencantados con la gestión del Gobierno nacional, pueden ser tierra fértil para la izquierda.

Rosso señala que la tensión interna irá creciendo en el oficialismo. “El acuerdo con el Fondo va a generar mucho más descontento dentro del oficialismo. Esos sectores no se van a ir a Macri o Cambiemos. Depende mucho de lo que pase extraparlamentariamente”, apunta.

Hay una actor que puede ser clave en este corrimiento. Hace 20 años, tras el estallido del 2001 surgió en la Argentina la denominada “nueva izquierda”, referenciada en los movimientos sociales y de desocupados. Una parte importante de ese  sector se fue sumando al actual oficialismo con los años. Es el kirchnerismo no peronista. ¿La izquierda los podrá absorber, o sumar a un plano electoral?

“Si es para una alianza en una resistencia, sí. Y electoralmente hay que ver cómo se configura el escenario. Mucha gente se mantiene dentro de ese espacio porque espera que Cristina (Fernández) tenga en 2023 un candidato más de izquierda y lo presente a una PASO. Pero si tiene que votar nuevamente por Alberto Fernández o Sergio Massa no se cuánto tiempo más se sostiene”, cierra Rosso.

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Redacción Mayo

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