“Lo que está en riesgo es el consenso, las dinámicas de acuerdos y la confianza en la política y el sistema democrático”

La política de gestión de riesgo plantea salidas y algunas certezas para reducir el impacto de una crisis global. Política de Riesgo, el nuevo libro de Mario Riorda, Silvia Fontana y Sofía Conrero, indaga sobre la necesidad de los gobiernos para anticiparse a los desastres. Por Juan Pablo Carranza

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La Real Academia Española define al riesgo como una ?contingencia o proximidad de un daño?. Lo sencillo de la explicación del diccionario contrasta con lo complejo y abarcativo en que puede transformarse si se la introduce en un contexto y se le agrega un adjetivo ambiental, o sanitario, como el que atraviesa la humanidad desde hace más de dos años con la pandemia.

La Política de Riesgo, el nuevo libro de Mario Riorda, Silvia Fontana y Sofía Conrero indaga sobre cómo hacer frente a esos eventos extraordinarios -los desastres-, que cada vez se dan más seguido. Cómo se gestionan desde los Estados las situaciones de incertidumbre, qué se debe y no hacer; cómo se puede estar preparado para lo que eventualmente puede o no ocurrir.

Redacción MAYO conversó con dos de sus autores para preguntarles de qué se trata la propuesta que describieron en su libro y profundizar sobre otros ?riesgos? que también acechan a la política.

-¿Que es la política de gestión de riesgos?

Silvia Fontana- Desde la política de gestión del riesgo de desastres se trabaja desde una mirada preventiva para reducir los riesgos que pueden ocurrir a partir de estos eventos. Nos referimos a amenazas naturales, socionaturales y antrópicas.

Silvia Fontana -¿Por qué los gobiernos tardan en asumir los desastres? ¿Qué costos tiene no aplicar políticas preventivas?

S.F.- A los gobiernos les cuesta trabajar con las incertidumbres. Si hay algo que conlleva un riesgo es precisamente la falta de certezas. Se trabaja con escenarios de riesgos hipotéticos y se aplican medidas que se asientan en tres perspectivas: una gestión reactiva, otra correctiva y una prospectiva. Los gobiernos no han incorporado este tipo de gestión en su agenda. Más allá de que las agendas internacionales ya la tienen entre sus prioridades, los gobiernos son reticentes a implementar este tipo de políticas porque el trabajar o plasmar un riesgo suele generar caos, por la posibilidad de trabajar en un futuro incierto. Trabajar con el enfoque de la gestión de riesgo-desastre es una manera de gobernar y abordar una gestión gubernamental desde la mirada de la resiliencia y la sustentabilidad.

-¿Cuáles son las claves para gestionar el riesgo?

S.F.-Hay un trabajo coordinado, articulado y participativo que no se puede entender sin la gobernanza y en donde todos somos parte del riesgo. Debe haber una decisión política de plantear el Gobierno desde este enfoque y también compromisos de todos los actores que conviven en una comunidad para trabajar en pos de esta situación.

-¿Cómo comunicar el riesgo en tiempo donde se evidencia cada vez más sesgos de confirmación?

Mario Riorda-Aprendiendo de ellos. El riesgo, como construcción social, como un fenómeno que puja con alguna modalidad de cambio cultural, requiere acuerdos, consensos. Cada sesgo es un filtro que frena la construcción social. Aprender de ellos es conocerlos y evitar actos que posibiliten que ellos aparezcan. Los sesgos son, básicamente, distorsiones. Aún así, siempre habrá porcentajes cercanos a un tercio o menos que se comportan, en situaciones de riesgo, desafiantes, egoístas o competitivos, por más buena gestión del riesgo que se tenga.

Mario Riorda -¿Cuál es el rol del periodismo frente a un escenario de riesgo?

S.F.- Los medios son un actor importantísimo porque transmiten noticias y construyen opinión pública. El trabajo de la comunicación desde la gestión del riesgo-desastre es algo que se va construyendo. Se hace en el momento en que el riesgo se hace presente. Es un trabajo transversal. Los medios tienen un rol fundamental como sensibilizadores, concientizadores y socializadores del riesgo, sobre todo en momentos donde este riesgo se materializa. Allí deben brindar la información totalmente relevante y que quienes están pasando por esa situación de crisis tengan esa información precisa y certeza para evitar la incertidumbre.

Dejando de lado la perspectiva de la mitad de la gestión del riesgo, el ejercicio de la política también genera incertidumbre. ¿Cuál sería entonces el riesgo propio que tiene la política en un escenario de desastre?

-En una sociedad donde surgen fenómenos mediáticos que empiezan y terminan en memes o en una campaña ¿cómo se construyen liderazgos genuinos que logren agrupar y no disociar?

M.R.-Cuando hay un rumbo marcado y políticas públicas que lo avalen. Aún así, el liderazgo, como factor central en la construcción de consenso, siempre genera disensos. La adversidad, la conflictividad son parte constitutiva del quehacer político. Todo consenso trae disenso. Lo que debe gestionarse es que el consenso sea lo más grande que se pueda o se necesite.

-¿Cuáles son los principales factores de riesgo que enfrenta la clase política ¿un mal tuit o la explosión de un problema de gestión?

M.R.-Los escándalos. La política con escándalos rompe la confianza rápidamente. La mala gestión lleva más tiempo en ser castigada. Igual, ambos elementos siempre horadan a cualquier gobierno si suceden.

-En una era hiperconectada, de inmediatez con discursos de odio a flor de piel ¿toda comunicación encierra un riesgo o se viven comunicando episodios riesgosos?

M.R.-No necesariamente es un riesgo lo digital, entendido como permanente, y la negatividad. De hecho, la negatividad discursiva siempre fue central en el ejercicio de la comunicación política. Sí sucede en estos tiempos que los discursos han dejado aflorar una aglutinación de tipo tribal y mucho de ese comportamiento prioriza la auto celebración de la tribu sin que importe el consenso social por fuera. En ese sentido, ya no existe la dinámica social que limita las posturas extremas sino que el discurso políticamente correcto compite con lo incorrecto, con posturas dogmáticas, prejuiciosas y violentas. Entonces, lo que está en riesgo es el consenso, las dinámicas de acuerdos y la propia confianza en la política y el sistema democrático. Sofía Conrero

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Redacción Mayo

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